Obsesados

«972. ¿Cómo actúan los malos Espíritus para tentar a los otros Espíritus, puesto que no cuentan con el concurso de las pasiones corporales?

– Si no existen las pasiones materialmente, siguen aún en vigencia en el pensamiento de los Espíritus atrasados. Los malos fomentan esos pensamientos y empujan a sus víctimas a lugares donde presencian el espectáculo que tales pasiones proporcionan, así como de todo aquello capaz de excitarlas.”

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Pasean bajo dramas angustiantes que viven mentalmente.

El pensamiento dirigido por recuerdos vigorosos del pasado, no consigue romper los lazos que lo vincula a la rememoración continuada.

Atormentados en siniestros dédalos íntimos, deshacen la máscara de la apariencia bajo cualquier impacto emocional.

Irritados, viven desgobernados.

Traumatizados, son sonámbulos en plena inconsciencia de la realidad.

Tránsfugas, no consiguen huir de los escenarios de sombras donde residen psíquicamente.

Reflejan en las actitudes el propio desgobierno y sufren aflicciones que procuran ocultar, amedrentados.

La mayoría esconde el pavor por detrás de la aspereza en que se enclaustra.

Unos divisan a los adversarios del mundo íntimo en todo lo que los rodean.

Otros oyen en todas las expresiones verbales el sarcasmo de que son víctimas incesantes.

Transitan, aturdidos, monologando o entablando diálogos de vil hostilidad.

En las escenas de tu mente muchas otras mentes buscan refugio, obligándote retroceder. Hablan contigo, procurando recordarte…

Se presentan a la hora del parcial desprendimiento por el sueño, intentando imprimir en los centros sensibles sus espectros en cuyas facilidades el dolor y la rebeldía se reflejan.

Te atropellan, inmiscuyéndose en tus tareas e interfiriendo incluso en cuestiones insignificantes del día a día.

Te inspiran sombrías maquinaciones.

Transmiten sugestiones malévolas.

Ridiculizan tu resistencia.

Asedian tu casa psíquica.

También ellos, los otros compañeros del envoltorio carnal, igualmente sufren la compresión de esos desencarnados en estado pestilencial del odio.

Como tú, también luchan tenazmente.

Algunos ya se rindieron, dejándose arrastrar sumisos.

Diversos están recorriendo a los estupefacientes a fin de huir, cayendo, después, indefensos, en las emboscadas bien urdidas en que se demoran hipnotizados.

Muchos buscan la acción de los electrochoques y de la insulina y reposan apagados sin recobrar, más pronto, la paz, volviendo a las evocaciones rápidamente cesan los efectos psicoterapéuticos de uno o de otro. Y hay los que procuran en vano, en la infancia, las causas de sus aflicciones, dejándose analizar…

Ignoran, todos ellos, las causas transcendentes de los sufrimientos, la anterioridad de las obsesiones. Con todo el respeto que nos merecen los métodos de la Ciencia y las modernas doctrinas psicológicas, asocia la oración y el pase a las demás terapias de que te sirves.

Haz de la oración un lenitivo constante y del pase un medicamento restaurador.

Renueva la mente con el recurso valioso de la caridad fraternal.

Sal de la celda personal y visita otros encarcelados, trabajando por ellos, socorriéndolos, si estuvieran en situación más grave y dañina.

Graba en el pensamiento las alas de la esperanza y alza la mente a las Regiones de la luz, asimilando el hálito divino esparciendo en todas partes.

Sentirás estímulo para luchar y ayudarás, a través de las actitudes de renovación, los propios perseguidores desencarnados.

Ora por ellos, tus sicarios.

Sírvete del pase evangélico y procura asimilar las energías que te serán transmitidas. Pero, sobre todo, haz el bien, ayuda sin cesar, armonízate y ten paciencia.

El tiempo es un benefactor anónimo.

Delante de obsesores y obsesos el Excelso Psicólogo mantuvo siempre la misma actitud; amor por el enfermo en la carne y piedad por el enfermo desencarnado, liberando uno y otro con el beneplácito de su misericordia y aclamándolos a realizar la tarea de renovación por el trabajo, en incesante culto al perdón por el amor, en cuyas páginas se inscribe la paz y la felicidad sin mancha.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.