La importancia de amar

La paz sea con vosotros, hermanos amados: He ahí que vengo con amor porque siento el amor. Acudo a vosotros al haber escuchado vuestra súplica, sé que necesitáis el alimento espiritual, no hay modo de que el espíritu se sienta harto de las verdades que necesita. ¡Que vibren y amen vuestros espíritus!, bien recordáis, que os hemos dicho repetidas veces, que el amor está por encima de todo.

Saber amar, es la más grande de las virtudes, el ser que ama es comprensivo, prudente, caritativo, abnegado, y busca todos los objetivos positivos que puedan desencadenar el amor. Si el espíritu no siente amor, se debate en medio de tinieblas, ignorancia y desesperación. El amor es el bálsamo que cura las enfermedades del alma y del cuerpo, por eso siempre insistiremos con este mensaje, una y otra vez, ¡mil veces si cabe!, para que vuestros espíritus orienten sus ansias hacía el amor, con el amor encontraréis el equilibrio y la paz, y con amor amaréis la justicia y seréis justos. Y he ahí, que una vez más, hermanos, os decimos: «No os digáis hermanos de vuestro prójimo, sedlo».

Si sois auténticos hermanos de vuestro prójimo, se derrumbarán todas las barreras, y dejarán de existir los prejuicios raciales. ¡Qué triste, hermanos! ¡Qué triste! Que el hombre haya levantado una frontera contra el hombre, que no sea capaz de amar y respetar las distintas razas, con su gran variedad de lenguas. Hermanos en la Eternidad hay una sola lengua: la comprensión.

Hay un solo lenguaje: el de la mente, con el pensamiento hablamos de espíritu a espíritu, de sentimiento a sentimiento, de ternura a ternura, de entendimiento a entendimiento. Ved que se os dijo: «Habrá un solo rebaño y un solo pastor». Traducid estas palabras, hermanos, por un solo Amor y un solo Sentimiento. Para que esto sea una realidad, tenéis que ir en pos de ese sentimiento.

Tenéis que recorrer los largos senderos de la evolución, sentiros pequeños dentro de vuestra propia humildad, para que podáis crecer un poco. Amaos los unos a los otros. Tendeos las manos, uníos progresivamente, y andad al unísono en pos de la paz.

Adiós, hermanos.

Igualada, 07-11-1992. María Dolors Figueras

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