¡No bebo!

¡No bebo!, ¡he dicho que no bebo!…

Si, es verdad, he bebido mucho… como el que más… Me habéis visto borracho muchas veces, ¿por qué voy a negarlo? Antes de casado y después de casado… a pesar de lo que yo quería aquella mujer… Bastante la hice padecer con esto… por ella y por no verla llorar y desesperarse, me contenía más de cuatro veces… y por ella, casi llegue a privarme de la bebida, mientras vivió…. Pero cuando la perdí de aquel mal en cuatro días, tan joven, tan llena de vida, cuando me vi sólo con ese hijo, una criatura de cinco años… ¡aquella mujer tan buena, tan trabajadora, tan sufrida!… ¡cómo no se ha conocido otra!.

Vosotros sabéis lo que era para mí, cuantas veces me habéis dicho.-”¡que suerte, Juan has tenido!” ¡Y perderla así para siempre!, ¡verme solo entre aquellas cuatro paredes que se me caían encima!…

Con mi hijo mal cuidado, mal vestido… ¡Andaba yo como un loco!… Y por no pensar en nada, o por pensar menos, volvía la bebida, era mi consuelo. Bebía hasta perder la cabeza… Y entonces me parecía verla, que estaba junto a mí que hablaba conmigo y yo con ella… Si, si me llevaba a casa el alcohol y cuanto más bebía, más verdad me parecía aquella ilusión, tanto, que mi hijo se abrazaba a mi asustado y me decía:

-Pero, ¿Dónde está mama?, ¿Dónde está?¿ es verdad que está aquí?

-¡Si, aquí esta! ¿No la ves?

-¡No!, ¡Yo no la veo! – me decía llorando muertecito de miedo el pobre chico.

Una tarde, volvía yo del trabajo, y al abrir la puerta, oigo gritar y reír a mi hijo… y… ¡no podéis figuraros! Me lo veo con los ojos extraviados la boquita torcida, con una convulsión… lloraba, reía, cantaba… todo a un tiempo…

-¿qué te pasa?, ¿ qué tienes?…

Sobre la mesa estaba un frasco de ron vació…. Lo comprendí todo y en un arranque de furia fui a pegarle, levante la mano.

-¿Que has hecho, malvado? ¡Te voy a matar!

Y mi hijo, entonces, con el espanto que me hizo volver a la razón, con voz de angustia que no olvidare nunca, me dijo:

-¡No me pegues, padre, no me pegues!, ¡ Fue por ver a mama como tú la ves cuando bebes!…

-¿Comprendéis ahora por qué no bebo ni volveré a beber en mi vida?…

Los amigotes de Juan apuraron en silencio el último sorbo; algunos con amargor de lágrimas, y fueron saliendo de la taberna, callados, pensativos, sin mirarse los unos a los otros, con sorpresa de cómplices y remordimientos de criminales.

Jacinto Benavente

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