Auto-donación

893. ¿Cuál es la más meritoria de todas las virtudes?

– Todas las virtudes poseen su mérito, porque todas son indicios de progreso en la senda del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a las solicitaciones de las malas tendencias. Pero lo sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin abrigar segundas intenciones. La más meritoria de ellas es la que se basa en la más desinteresada caridad.

LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Aprende a donarte, si deseas alcanzar la práctica legítima del Evangelio.

Predicador que se alza a la tribuna dorada, derramando conceptos brillantes, pero no se gasta en las labores que propone, es solo máquina de hablar, inconsciente e inconsecuente.

El verdadero aprendiz de la Buena Nueva está siempre preparado.

Si es convidado a dar algo, abre el bolso humilde y, recordándose de la parábola de la viuda pobre, ofrece su aportación sin obligación.

Si es llamado a darse, se empeña en el trabajo, gastándose en amor, consumiendo las energías, recordando al Maestro en la carpintería noble.

Hay mucha gente en las filas del Cristianismo que enseña con facilidad, utilizando un lenguaje correcto, hablando o escribiendo, pero luego que es convocado a dar o donarse retrocede rápidamente herida en el amor propio. Prefiere las posiciones superiores de mando, distante de las honrosas situaciones del servicio. Puede ser comparada a parásitos en alta posición en el árbol de que se nutren, inútiles.

En los comienzos, encontrarás, en lo cotidiano, el ayudar-gastándose.

La piedra que afila el metal, se consume en el trabajo.

El grafito que escribe, desaparece mientras registra.

El jabón que higieniza se disuelve, atendiendo al objetivo.

Debido a eso, no temas sufrir en las tareas a que te propones. 

Son los malos que te necesitan. Los enfermos te aguardan y los infelices confían en ti.

Pide a ti mismo, algo por él, y aunque tu verbo no tenga calor ni tu pena sea portadora de fraseología retumbante, habrá siempre mucha belleza en tus actos y mucha bondad en tus gestos cuando dirigidos a aquellos para quien, al final, la Buena Nueva está en el mundo, recordando que Jesús, después de cada predicación sublime, se daba a si mismo para la felicidad general.

A estos ofrecía la palabra de aliento y paz.

A aquellos daba, compasivo, lecciones de vida y gestos de amor.

A unos abría los ojos cerrados o los oídos sordos.

A otros lavaba los males en forma de pústulas o recuperaba la paz, apartando los Espíritus infelices.

Y a todos se donaba, sin cesar, cantando la Buena Nueva y viviéndola entre los sufridores hasta la Cruz, que transformó en puente de luz en la dirección de la Vida Imperecedera.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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