Crisis sin dolor

Es fácil reconocer las crisis abiertas.

Prueba exteriorizada, dificultad a la vista. Surgen, comúnmente, en la forma de molestias, desencantos, accidentes o suplicios del corazón, atrayendo el concurso espontaneo de los circunstantes que se anclan a las víctimas, venciendo con serenidad y valor, tormentosos días de angustias, como quien atraviesa, sin mayores riesgos, largos túneles de aflicción.

Tenemos, sin embargo, calamitosas crisis sin dolor, las que se esconden bajo la seguridad de la superficie.

-Cuando nos acomodamos en la inercia, a pretexto de haber trabajado demasiado…

-En las ocasiones en que exigimos se nos haga el próximo arrimo indebido en el juego de la usura o en el ataque de ambición…

-Cualquiera que sea el momento en que volvamos a admitir nuestra pretendida superioridad sobre los demás…

-Siempre que nos juzgamos infalibles, aun mismo disfrutando las más elevadas posiciones en las trillas de la Humanidad…

-Toda vez que nos creemos tan supuestamente sabios y virtuosos que no necesitamos más de avisos y correcciones, en los encargos que nos son propios…

Sean cuales sean los lances de la existencia en que nos apartemos deliberadamente de los imperativos de la autoeducación o del auxilio a los semejantes, estamos en la coyuntura peligrosa en la vida espiritual, con la obligación de esforzarnos intensamente, para no caer en más bajo nivel de sentimiento y de conducta. Liberémonos de los complejos de avaricia y vanidad, intransigencia y pereza que nos incentivan la insensibilidad, hasta el punto de no registrarnos la menor manifestación de sufrimiento, mientras que, de modo habitual, es a través de ellos que se operan, en nosotros y en torno a nosotros, los peores desastres del espíritu, sea por la fuga al deber o por la caída en la obsesión.

Por el Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier y Waldo Vieira
Extraído del libro «Estudie y viva»

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