Sobre las sociedades espiritistas XXVIII

Los falsos profetas no están sólo entre los encarnados, están también y en mucho mayor número entre los espíritus orgullosos que bajo falsas apariencias de amor y caridad, siembran la desunión y retardan la obra emancipadora de la Humanidad, esparciendo sus sistemas absurdos que hacen aceptar por los médiums; y para fascinar mejor a los que quieren engañar, para dar más peso a sus teorías, toman sin escrúpulo los nombres que los hombres sólo pronuncian con respeto, los de los santos justamente venerados, de Jesús, de María y aun de Dios. Estos son los que siembran las levaduras de antagonismo entre los grupos, que les conducen a aislarse los unos de los otros y mirarse con mal ojo. Esto sólo bastaría para descubrirles, porque obrando de este modo, ello mismos dan el más formal mentís a lo que pretenden ser. Ciegos, pues, son los hombres que se dejan coger en una red tan grosera. Pero hay muchos otros medios de reconocerles.

Los Espíritus del orden al cual dicen ellos que pertenecen, deber ser solamente muy buenos, sino que además eminentemente lógicos y racionales. Pues bien, pasad sus sistemas por el tamiz de la razón y del buen sentido y veréis lo que quedará.

Convenid, pues, conmigo que todas las veces que un Espíritu indica, como remedio a los males de la Humanidad o como medio de llegar a su transformación, cosas utópicas e impracticables, medidas pueriles y ridículas; cuando formula un sistema contradicho por las más vulgares nociones de la ciencia, solo puede ser un Espíritu ignorante y mentiroso. Por otra parte, creed bien que si la verdad no es siempre apreciada por los individuos, los es siempre por el buen sentido de las masas, y también esto es un criterio. Si dos principios se contradicen tendréis la medida de su valor intrínseco, buscando aquel que tenga más eco y simpatía; sería ilógico en efecto, admitir que una doctrina que viese disminuir el número de sus partidarios fuese más verdadera que aquella que vea aumentar los suyos. Dios, queriendo que la verdad llegue a todos no la señala en un círculo estrecho y restringido, la hace brotar por diferentes puntos a fin de que en todas partes la luz esté al lado de las tinieblas.

Erasto.

Observación. — La mejor garantía para que un principio sea la expresión de la verdad, es cuando ha sido enseñado y revelado por diferentes Espíritus, por diferentes médiums extraños los unos a los otros y en diferentes lugares, y cuando además está confirmado por la razón y sancionado por la adhesión del mayor número. Sólo la verdad puede poner raíces a una doctrina; un sistema erróneo puede reclutar algunos adeptos, pero como le falta la primera condición de vitalidad, sólo tiene una existencia efímera; por esta razón no es necesario inquietarse; él mismo se mata por sus propios errores y caerá inevitablemente ante el arma poderosa de la lógica.

Allan Kardec

Extraído del libro «El libro de los médiums»

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