Curiosa obsesión

Las tensiones y tristezas consecuencia del fallecimiento de un ser querido, cuando no son usados bendecidos recursos de la oración y de la aceptación, pueden generar problemas de salud.

Si recusamos buscar la normalidad, con el retorno a las rutinas del día a día, cultivando la vocación de vivir, fatalmente recogeremos complicados desajustes físicos y psíquicos. Por extraño que parezca, puede contribuir para tal situación la presencia del fallecido que, sin estar preparado para las realidades del más allá del túmulo y desconociendo su estado, retorna al hogar, tendiendo a asociarse mediúmnicamente a los componentes del grupo familiar. De ahí la razón por la cual hay personas que experimentan los mismos síntomas del mal que lo afligía. Si el fallecimiento fue una consecuencia de una grave crisis pulmonar, sienten en el pecho, opresión, falta de aire…

Es que, frente la unión establecida, el muerto les transmite impresiones no superadas, relacionadas con el final de su existencia, obrando como un sonámbulo que habla y escucha, perturbándose porque nadie le presta atención.

El tratamiento médico ayuda, pero no resuelve, ya que alcanza solo efectos, sin resolver las causas.

La Doctrina Espirita, que se presenta en una vanguardia en relación con el asunto, ofrece amplios recursos de ayuda a las dos partes: El reencarnado se beneficia en el Centro Espirita con el pase magnético, el agua fluidificada, la orientación del cómo encarar la muerte y la visión objetiva de la existencia humana.

El desencarnado que, imantado al enfermo, también comparece y recibe valiosa asistencia de los benefactores espirituales, destacándose la manifestación mediúmnica, cuando en contacto con las energías físicas del médium, se revigoriza y experimenta momentos de lucidez, como alguien que despertase de un largo sueño, habilitándose a ser esclarecido. Se deshace, así, el proceso obsesivo movido involuntariamente por el desencarnado, que solo buscaba socorro, amparo, atención…

Resáltese que, no es raro, él es mucho más obsediado que obsesor. Sin defensa y sin preparación para la vida espiritual, es atraído por los familiares, cuando estos se recusan a superar la angustia de la separación, entrando en un proceso de fijación mental que lo confunde y retiene, incluso cuando se disponga a seguir su camino en el Más Allá. Por eso, tan importante como esclarecer Espíritus que perturban a la familia es doctrinar a la familia para que no perturbe a los Espíritus.

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

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