Sirve y confía

“784. Muy grande es la perversidad del hombre, y ¿no parece retroceder en vez de adelantar, al menos desde el punto de vista moral?

“- Te equivocas. Observa con atención el conjunto y advertirás que avanza, puesto que va comprendiendo mejor lo que está mal, cada día que pasa corrige sus abusos de ayer. Es menester un exceso del mal para que se comprenda la necesidad del bien y de las reformas.

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

¡Alma que sufre, mira la tierra encharcada y herida, cubierta de árboles quebrados y bañados por las aguas de los ríos desbordantes!

Aquí y allí la destrucción y el lodazal señalan el paisaje terrible de la tormenta desenfrenada.

Contempla el jardín despedazado por el granizo y el viento, dejando flores muertas en el suelo y raíces encima del suelo.

Mira las aguas lodosas de los ríos llenos conduciendo destrozos y muerte…

La devastación pasó abrazada a la ruina y la vida peligra alrededor. Sin embargo, en el día siguiente, brilla el sol generoso.

Abrazando todo, indistintamente, lleva a todas partes la bendición de la esperanza y del restablecimiento. Con confianza, el hombre resuelve cooperar con el mensaje de más alto. Abre zanjas, desvía los cursos del agua, revuelve la tierra, rectifica la vegetación destrozada y siembra en la gleba húmeda.

El tiempo se encarga de devolver a ese hombre resoluto la belleza del paisaje, la bendición del grano y el dulce aroma de las flores esparcido en el hogar… Y el sol compasivo sigue adelante.

Vas más allá, alma en sufrimiento, y mira la tierra reseca, el suelo herido por las flechas doradas del sol, los ríos en polvo, ni agua ni barro, la vegetación chamuscada y la vida a morir….

La sequía impiedosa todo destruye.

Sin embargo, súbitamente, carreadas por buenos vientos, nubes andantes vierten sus ánforas llenas, cubriendo de humedad y vida la tierra torturada.

El hombre animado por la ayuda inesperada, corre al suelo y lo acaricia con los instrumentos de cultivo, siendo felicitado, después, con el verde de los campos y el oro de las espigas, contemplando las fuentes cantantes la sombra de la arboleda…

Enjuga, entonces, tus lágrimas de ahora.

Si la tormenta hoy te inunda el corazón, deshaciendo el jardín de tus sueños o alagando con las lágrimas de la inquietud tu vergel de fantasías, aguarda el Sol generoso, donador de bendiciones, sirve y confía, sembrando la esperanza en el propio corazón.

Si la ingratitud quemó el frescor de tu alegría y la injusticia secó tu rio de confianza en la vida, sirve aun más y más confía en las bendecidas nubes portadoras de la abundancia de la felicidad. Cuando lleguen, renovarán tus graneros con los sanos granos de la serenidad y de la paz.

Calla todos los dolores para que la cortina líquida del llanto no oscurezca la visión azul de los cielos, que te mandarán el socorro en mensaje de luminoso aliento.

Hoy significa tu momento de sembrar, sean cuales sean las condiciones.

Deja al futuro aquello que el presente aun no puede resolver y, sin desfallecer, sirve y confía, observando que “el hombre se adelanta, pues que mejor comprende lo que es mal, y va día a día reprimiendo los abusos”, inspirado, ese hombre en crecimiento, que te observa la conducta espirita y cristiana, en tus saludables ejemplos de fe y trabajo.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.