Confía, sirve y sigue

¡El claro en las hileras!. ¡La salud en la marcha!…

En la jornada redentora de la fe, monte arriba, caminando hacia la meta vislumbrada por ideal, sufres la separación de los compañeros queridos, como si trajeses el corazón traumatizado por dolorosa cirugía.

Ansiarías seguir al frente, con todos aquellos que abrazaste en las horas primeras de confianza, cuando la renovación amanecía en los paisajes más íntimos de tu alma, mientras tanto, a medida que avanzas las agujas del reloj de la experiencia, marcan con más sufrimiento y más espanto, cuantos te dicen adiós, en el rumbo de otras realizaciones, a veces como si hubiesen perdido la brújula que les orientara en la existencia.

Continuas caminado hacia adelante, imaginando cargar aflictivas lesiones ocultas, mientras tanto, es forzoso que regeneres tus propios sentimientos en las fuentes de la comprensión, a fin de que te certifiques de que el amor no desapareció.

Recuérdate de que en los caminos de la evolución y de la vida, cada viajero transporta consigo necesidades y encargos diferentes, aun cuando se identifiquen todos en el mismo objetivo por alcanzar. Ese es inducido a recoger a alguien que permanece en la distancia; otro debe buscar determinada afección por la cual se responsabiliza; aquel otro precisa apartarse temporalmente del grupo para rescatar cierta deuda, a fin de proseguir más tarde, sin ningún conflicto de conciencia.

También están los que se fatigaron en el trabajo y exigieron la pausa del descanso los que adolecieron del punto de vista espiritual y requirieron hospitalización en la retaguardia; y otros que fueron llamados por orden del Plano Superior, al desempeño de tareas cuyas finalidades no nos es dado, de momento, percibir.

No mentalices decepciones, deserciones, desengaños y desencantos. Bendice a todos, a todos los compañeros del servicio y de la esperanza que asumen posiciones diferentes de la tuya, y entusiásmate cada vez más, en la ejecución de la tarea que se te reservó, reconociendo que la Divina Providencia a todos nos auxilia y acompaña sin desamparar a ninguno de nosotros. Y confía, sirve y sigue hacia adelante, ofreciendo a los otros los mejor de ti mismo y donando a la vida lo mejor que puedas, porque un día todos nosotros nos reuniremos, en el Hogar de la Perfecta Fraternidad, sin las lágrimas de la conciencia y sin las angustias de la muerte, en las eternas alegrías del Amor de Dios.

Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Atención”

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