Pereza

“682. Siendo una necesidad el descanso después del trabajo, ¿no es una ley natural?

– Sin lugar a dudas, el reposo sirve para reparar las energías del cuerpo, y es asimismo necesario para conceder un poco más de libertad a la inteligencia, a fin de que ésta se eleve por encima de la materia.

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

En su primera Epístola a la Iglesia de Corintio, en el capítulo once, versículo treinta, el Apóstol Pablo informa: “… hay entre vosotros muchos débiles y enfermos, y muchos que duermen”.

En su cuidado incomparable para con el Espíritu, el Misionario de las Gentes se refiere a aquellos que no saben portarse ante la llamada de la Cena del Señor… Sin embargo, en nosotros reportando a los que “duermen”, sugerimos algunos comentarios oportunos, considerando las luchas en que nos encontramos empeñados, teniendo en vista nuestra redención espiritual.

El hombre inteligente, que descubre a través del Espiritismo los objetivos esenciales de la reencarnación, fácilmente se libera de las superficialidades, profundizando el interés personal en las cuestiones transcendentales, en que se renueva y se hace feliz.

Aprovecha al máximo los tesoros, tiempo y oportunidad, valorizando el conocimiento por su bien dirigida aplicación. No se deja sumergir por las seducciones que lo reducen ni atesoran pasiones que lo degradan.

Perfecciona los sentimientos y cultiva la mente, así mismo permitiendo solamente los valores ponderables y expresivos para la autorrealización. Procura vivir con respeto por la vida, ejercitando equilibrio y sensatez.

Sabe que una jornada larga, en la carne, es una honra y como aprovecharla sabiamente es tarea que le compete. Por análisis y deducción comprende que la desencarnación temprana, raras excepciones, es castigo que se aplican a antiguos suicidas, cuyos fluidos decadentes gastan la armonía de las células, produciendo desajustes incontrolables que los perturban en el más allá del túmulo, por los choques psíquicos que vienen del renacer y luego desencarnar…

En verdad, en la Tierra, se duerme en demasía.

Se duerme por necesidad de recuperación orgánica, se duerme por no “saber lo que hacer”, se duerme por dormir…

Una expresiva mayoría de los hombres llamados civilizados, en la caza de emociones brutalizantes, cambiando noches por días e insensibilizados, duermen. Otros duermen bajo hipnosis vigorosas de mentes que intercambian con sus mentes, imposibilitándoles el estudio, la atención, el trabajo…

Duermen en el hogar, duermen en reuniones de cualquier naturaleza, cuando edificantes y útiles, duermen en el transporte, duermen en el trabajo… Hibernan por la obligación obsesiva e, incluso desencarnados permanecen en estado de sueño con los centros de la consciencia dañada.

¡Enfermedades se desarrollan fácilmente cuando la inactividad mental les da la ocasión!

Males se agravan en aquellos que, lentos, no ofrecen resistencia a las aflicciones que los visitan.

Suicidios inconscientes se desarrollan ignorados, en los que mantienen la casa mental vacía de objetos superiores. Flojos, se dejan arrastrar por la pereza, y esta trabaja la indumentaria que mata, por constricción, el cuerpo de cualquier ideal en desarrollo y asfixia toda expresión de lucha.

El título universitario conferido sin merito es adorno ridículo.

El instrumento que reluce, sin utilidad, se torna incómodo.

El espíritu encarnado inoperante es perjuicio en la economía social.

Despierta para la vida.

Ejercita mente y miembros en la acción.

Lucha contra los vapores debilitantes que vencen tu lucidez mental. Actúa, diligente, donde estés. En todo lugar hay oportunidades para quien le gusta trabajar.

El problema que mucho se destaca en la actualidad es el de la pereza.

Nepotismo, facilidad, reposo, debilitamiento moral, placer, son condimentos que temperan la pereza funcionando como óxido destructor en los engranajes del espíritu, corroyendo al hombre. El cristiano decidido, a ejemplo de su Maestro, es actuante, adversario natural y espontáneo de ese corrosivo lleno de odio, sin embargo, muy requerido y bien aceptado.

Cuando sientas, sin motivos procedentes y verdaderos, blandura y avasalladora necesidad de reposo demorado, despierta y produce.

No duermas sino lo necesario.

Vigila y ora.

Jesús en el Huerto, a la hora del testimonio doloroso, más de una vez, se encontró a solas, a pesar de los compañeros a su lado…. durmiendo. Y como la desencarnación vendrá ahora o más tarde, prefiere partir cansado o extenuado produciendo para el bien, a partir radiante de salud y estuante de fuerza en los brazos debilitados de la pereza.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

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