Resurrección

No aguardes el futuro para abrir los ojos a la propia resurrección.

El atajo del amor puro consigue reducir las sinuosidades de la senda que nos cabe andar para la comunión con el Señor.

Es posible nuestro renacimiento ahora. Para eso, pues, no guardes el corazón en la rígida armadura de las palabras, incapacitándole en movimiento en el infinito Bien.

El Evangelio no es un prontuario de fórmulas irrealizables.

No se reduce a museo de símbolos muertos, ni se resume a enseñanzas que los siglos hayan sentenciado al abandono.

Acuérdate de que Jesús no es un Maestro distante. Es el Amigo Divino y Eterno, en nuestras actividades de cada día, convocándonos a la asimilación de la Vida Superior.

Escuchemos su voz, en el fondo de la consciencia.

Huyamos de la intoxicación mental de la cultura mal conducida.

Apaguemos el fuego de la critica en el altar de nuestra vida de relación.

Evitemos la inmovilidad de la lección redentora en el lecho de las frases brillantes.

Indispensable reconstruir las causas para que los resultados se modifiquen.

Una renovación integral de nuestro modo de ser se nos reclama en los santuarios de la Nueva Revelación, a fin de que la vida se vuelva a levantar por nuestro intermedio.

Es imprescindible recordar que el Nombre de Jesús se encuentra empeñado en nuestras manos. Y, comprendiendo que el tiempo nos será siempre el juez sereno y justo, evitemos las largas curvas de las reencarnaciones expiatorias en nuestra marcha para lo Alto.

Hagamos lo mejor a nuestro alcance, reflexionando el Cristo en nuestra propia consciencia y, en esa directriz salvadora, estemos convencidos de que para nosotros la Divina Resurrección comenzará desde hoy.

Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Del libro Bendiciones de amor
Espíritus Diversos
Traducido R Bertolinni

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