Consideraciones importantes

“Los Buenos Espíritus no imponen ninguna violencia…” (Segunda Parte, cap. XXIII, ítem 237)

Los Espíritus esclarecidos en cuanto a la realidad de la Vida, igualmente conscientes de sus limitaciones, no imponen ninguna especie de violencia a las personas, no efectúan cualquier cobro en el sentido moral en sus actitudes. Los espíritus moralistas, los que apuntan con el dedo en ristre las llagas de los semejantes, estén en el cuerpo o no, están muy lejos de la verdadera moralidad.

El Cristo, Modelo de Perfección para la Humanidad, conviviendo todo el tiempo con pecadores confesos, jamás los dejó violentados ni siquiera a través de una sola palabra; si se indignaba contra los “sepulcros vestidos de blanco por fuera, pero llenos de podredumbre por dentro”, se compadecía de las mujeres adulteras y de los hombres que se habían sumergido en el lodazal de la propia fragilidad espiritual…

Los espíritus que trabajaban junto a los médiums bien intencionados no les trazan reglas de comportamientos, condicionándoles la asistencia en su rígido cumplimiento. Comprendiéndoles las luchas que ya hicieran en el mundo, procuran fortalecerlos para que, poco a poco, consigan naturalmente superarlas. Apenas los espíritus revestidos de falsa moral se muestran intolerantes con los médiums que aún no se despojaron de sus malas inclinaciones, llegando, incluso, a denunciarlos públicamente, como si ya hubiesen alcanzado la condición de angelitud…Conforme la experiencia nos enseña, los que más exigen son casi siempre los que menos cumplen sus exigencias.

Hablando a las conciencias de los doctores de la ley, Jesús exhortó a tirar la primera piedra a quien, de entre ellos, se considerara libre de pecado… No hubo nadie que osase hacerlo. Todos se retiraron, por cuanto remetidos por el Verbo Divino a una profunda introspección, concluyeron, de inmediato, acerca de la superficialidad de las virtudes que ostentaban. Los Buenos Espíritus, al contrario de lo que se imagina, nunca dejan al médium en una situación embarazosa, ni son capaces de “empujarles”, exponiéndolo al ridículo, premeditadamente… Si obrasen así, antes de comprometer al médium, comprometerían la idea espírita que, de una forma o de otra, el médium está representando.

Cuando el médium llega a complicarse en una actuación de carácter público, es porque hace mucho tiempo ocurrió entre ellos, y los espíritus que asistían a la desvinculación psíquica que no supo preservar. Entonces, los adversarios desencarnados de la Doctrina se movilizan, ofrecen retaguardia espiritual al médium, desdoblándose en cuidados y gentilezas, para, en el instante oportuno, dejarlo entregarse a sí mismo… El objetivo no es alcanzar al médium, es escarnecer a la Doctrina, cuya imagen intentan perjudicar a toda costa. Apenas, hemos acompañado el esfuerzo de equipos espirituales enteros en el asesoramiento a este o aquel médium, obrando en nombre del Espiritismo, por su vanidad y personalismo, cuya reputación colocan en riesgo. Está claro que tal asesoramiento no ocurre por méritos personales del médium. Por lo expuesto, observamos que muchos médiums dan, en la mediúmnidad, un trabajo inmenso a los espíritus, porque son como adolescentes deslumbrados con un automóvil que, sin habilidad, conducen ligeramente por las calles de la ciudad. Tenemos aun que considerar que, si el médium cuenta con la tutela fraternal de los espíritus que le comprenden las flaquezas, no debe, por otro lado, obligarlos a su comodismo, abusando de su paciencia y confianza. Que les demuestre a ellos su buena voluntad en renovarse, manteniendo perseverantes esfuerzos en su renovación personal. ¡No es porque los Espíritus Superiores nos aceptan como somos que debemos continuar siendo lo que somos! ¡Sepamos, de una vez por todas: nosotros somos los que debemos cobrar de nosotros mismos coherencia!

Apenas a los Espíritus Amigos asistir al triste espectáculo de nuestras imperfecciones, a pretexto de ser más esclarecidos, es contra sentido de los mayores, no obstante es lo que muchos de nosotros habitualmente hacemos sin la menor ceremonia. ¿Cuánto no se sentirá apenado el padre delante del hijo que no le respeta la autoridad, como si el padre, por su más amplia visión de la vida, tuviese la obligación de aceptarlo siempre en la condición de niño que se niega a crecer? Dicen las Escrituras Sagradas que “el amor de Dios nos obliga”, pero tal obligación no nos humilla ni violenta nuestra conciencia.

¡Si los espíritus obsesores empujan a los médiums por la violencia, los Buenos Espíritus los “empujan a través del corazón”!

Extraído del libro “Mediúmnidad y obsesión”
Espíritu Odilon Fernández
Médium Carlos A. Bacelli

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