Trasplantes

El avance de la Medicina en técnicas quirúrgicas y el descubrimiento de medicamentos que eliminan o reducen sustancialmente los problemas de rechazo, abren horizontes muy amplios para el trasplante de órganos. Son habituales, actualmente, en los grandes centros médicos, los de córnea, huesos, piel, cartílagos y vasos; se multiplican los de corazón, riñones e hígados, considerados imposibles hace algunas décadas. Así como los bancos de sangre, surgen los que se especializan en ojos, huesos, piel…

Considerando el hecho de que el Espíritu no se desprende inmediatamente después de la muerte, surgen algunas dudas: ¿Sentirá dolores? ¿Experimentará repercusiones en el periespíritu? ¿Quién dona sus ojos no sufrirá problemas de visión en la Espiritualidad?

Normalmente el acto quirúrgico no implica dolor para el desencarnante. Como ya comentamos, la agonía impone una especia de anestesia general al moribundo, con reflejos en el Espíritu, que tiende a dormir en los momentos cruciales de la gran transición. Aunque conserve la consciencia, el cuerpo en colapso generalmente no transmite sensaciones de dolor. No hay, también, reflejos traumatizantes o inhibidores en el cuerpo espiritual, en contrapartida a la mutilación del cuerpo físico.

El donante de ojos no se volverá ciego en el Más Allá. Si así fuese, ¿qué sería de aquellos que tienen el cuerpo consumido por el fuego o desintegrado en una explosión?

La integridad del periespíritu está íntimamente relacionada con la vida que llevamos y no al tiempo de muerte que sufrimos o a la destinación de nuestros despojos carnales. En ese aspecto, importante destacar siempre, la mayor violencia que nos afecta periespiritualmente, sumergiéndonos en infernos de angustia y dolor, es el suicidio. No obstante, en relación con los trasplantes hay un problema para ser resuelto: tratándose de órganos vitales como el corazón y el hígado, la cirugía debe tener inicio tan pronto ocurra la muerte cerebral (cuando el cerebro deja de funcionar), antes que se consuma la muerte clínica, determinada por la parada cardiaca. Esa práctica equivale, a nuestro ver, a la eutanasia, ya que no siempre la muerte clínica ocurre inmediatamente después de la muerte cerebral.

Generalmente en esos trasplantes son utilizados los órganos de personas que sufrieron accidentes, inclusive vasculares. No hay posibilidades de aprovechar personas que fallecen por vejez o victimadas por molestias de largo curso.

Ahora, en beneficio del accidentado, es importante que, habiendo ocurrido la muerte cerebral, se permita que la Naturaleza siga su curso y que la muerte clínica venga de manera natural. Algunas horas, días o semanas en esa situación, aunque representen perturbación y angustia para los familiares, ofrecerán un desencarne menos traumatizante al Espíritu. En el futuro la Medicina desarrollará, ciertamente, técnicas que permitan la retirada de esos órganos vitales para la donación después de consumarse la muerte, sin medidas drásticas pasibles de complicar el proceso desencarnatorio.

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.