Mentores y tareas

«491. ¿Cuál es la misión del Espíritu protector?

– La de un padre para con sus hijos: conducir a su protegido por la buena senda, ayudarle con sus consejos, consolarlo en sus aflicciones, sostener su valor en las pruebas de la vida.”

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

El proceso de transferencia de responsabilidad vigente entre los encarnados, lentamente está siendo aplicado en la Siembra Espirita por la falta de vigilancia de los compañeros residentes en la organización física.

Considerando a los Instructores Espirituales amigos dedicados e incondicionales como realmente lo son, para estos pretenden relegar, por ignorancia doctrinaria, las tareas y realizaciones que les conciernen, justificando tal conducta con las referencias de amor.

Amor para aquellos que así piensan y obran significa servidumbre; y justicia, para ellos, pasa a ser connivencia con sus errores.

Convidados a la felicidad a los postulados de fe que afirman abrazar, mediante el testimonio por el sufrimiento, gritan por los Amigos Espirituales, rogando liberación de los dolores. Delante de problemas que la serenidad y el discernimiento pueden solucionar, piden a los Benefactores Desencarnados, a fin de que aparten el fardo.

Incomprendidos en las actividades a que se dicen afervorados y fieles, claman por los Espíritus Amorosos exigiendo que sea comprobada su inocencia. Enfrentando dificultades en el hogar, solicitan a los Inspiradores Espirituales que atiendan a la familia, amenizando sus pruebas domésticas.

Empleo, mejorar la “suerte”, afectos, posiciones destacadas son partes esenciales de sus requerimientos a los Espíritus Superiores, en el sentido de recibir en el Mundo Mayor tales concesiones, sin ningún esfuerzo apreciables. Y cuando enfrentan el portal de la vida verdadera, después de la desencarnación, exigen la presencia de los Espíritus Felices para conducirlos a las Excelsas Mercedes…

Hay diversos de esos explotadores espirituales que se dicen beneficiarios continuos de los Espíritus Nobles, continuando, sin embargo, aseveran, “muy necesitados de socorro y orientación”.

Se olvidan de que los Instructores Sublimes orientan y socorren, pero no realizan las obligaciones que no son suyas, incluso cuando son fuertes vínculos del amor estrechados en múltiples reencarnaciones, los unen a los solicitantes.

Saben que evolución es tarea individual intransferible y que las Divinas Leyes no registran artículos de proteccionismo especial, o de condescendencia criminosa a beneficio de unos y en detrimento de otros.

No ejecutan los Benefactores Espirituales los compromisos de sus pupilos, por conocer que el espíritu asciende en la jornada evolutiva, señalado por las condecoraciones propias, esto es, las cicatrices y los sudores de la experiencia. Sufrimiento, dificultades, limitación, enfermedad son expresiones de aprendizaje para el uso correcto de los recursos malbaratados ayer a escasez de hoy. Ama, de ese modo, a tus Protectores Espirituales y respétalos. Haz tu parte conscientemente.

Apóyate en la dignidad del deber y realiza cuanto te sea posible. Encargados por los Excelsos Representantes de Jesús Cristo, tus Mentores Espirituales conocen el programa de tus compromisos y confían en tu esfuerzo, realizando la parte que les cabe desenvolver.

Respétalos, Mentores Venerables que son, situados encima de las cuestiones que engendras y solo a ti pertenecen, orando al Señor en los instantes difíciles para que la inspiración del trabajo que debes ejecutar fluya generosa de ellos a ti, en intercambio reparador del cual retornes con confianza y renovado.  

Jan Huss convidado al doloroso testimonio, traicionado y malsinado, oró al Padre y se dio a la Verdad sin restricciones, en una hoguera, después lo que, sus cenizas fueron tiradas sobre las aguas del Reno…

Juana de Arco, acosada y perseguida, confió en las Voces y sin solicitaciones inconcusas ni débiles, se entregó al Socorro Divino, orando, mientras las llamas le devoraban las carnes…

Lucílio Vanini, confiando en la Protección Superior, fue acosado y quemado vivo, por ateísmo, habiendo sufrido, antes de la muerte, la extirpación de la lengua por tenazas poderosas…

Y Allan Kardec, luchando contra adversarios impiedosos en ambos planos de la vida, para hacer el legado del Mensaje Espirita a la posteridad, aunque dirigido por el Espíritu de Verdad no transfirió el deber asumido antes de la cuna, entregándose puro e incansable a la labor hasta la desencarnación, como informando que los Mentores Espirituales ayudan, inspiran y socorren, pero, la tarea, cada uno lo debe realizar.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Del libro Espíritu y Vida
Traducido por R. Bertolinni

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.