Cremación

El miedo de ser enterrado vivo induce a mucha gente a pensar en la propia incineración. Se quema el cadáver evitando el problema. Pero hay una duda que inspira la pregunta más frecuente en las conferencias sobre la muerte:

– Si en el crematorio yo aún estoy preso al cuerpo, ¿qué ocurrirá?

En esas oportunidades, acostumbro a decir:

– Bien, en el interior del horno la temperatura alcanza mil cuatrocientos grados centígrados. Considerando que el agua hierbe a cien grados, podemos imaginar lo que es eso. Queda tan caliente que el propio cadáver entra en combustión. Entonces, en medio de las llamas, si el fallecido está lleno de concepciones teológicas medievales, imaginará, horrorizado:

“¡Dios mío! ¡Estoy en el Infierno!”

Se trata, evidentemente de una broma para demostrar a los presentes, ante un tema tan fúnebre.

Cualquier persona esclarecida, de cualquier religión, sabe que el Infierno de fuego, donde las almas arden, en tormentos eternos, sin consumirse, es una fantasía desarrollada en tiempos pasados, cuando los principios religiosos se imponían mucho más por el miedo que por la lógica. Sabemos hoy que Cielo o Infierno no son lugares geográficos. Existen en el interior de cada uno, resultado de nuestras acciones.

Objetivamente podríamos responder a la pregunta informando que, si el Espíritu esta unido al cuerpo no sufrirá dolores, porque el cadáver no transmite sensaciones al Espíritu, pero obviamente experimentará impresiones extremamente desagradables, más allá del trauma por causa del desligamiento violento y prematuro.

Oportuno destacar algunas consideraciones de Emmanuel, en el libro “El consolador”, psicografía de Francisco Cândido Xavier:

“En la cremación, se hace necesario ejercer la piedad con los cadáveres, postergando por más horas el acto de destrucción de las vísceras materiales, pues, de cierto modo, existen siempre muchos ecos de sensibilidad entre el Espíritu desencarnado y el cuerpo, donde se extinguió el tono vital, en las primeras horas siguientes al desenlace, en vista de los fluidos orgánicos que aun solicitan al alma para las sensaciones de existencia material”.

El propio Chico, en la entrevista en la extinta televisión Tupi, en 1971, transmite una nueva información de Emmanuel:

Se debe esperar por lo menos setenta y dos horas para la cremación, tiempo suficiente, por lo que parece, para el desprendimiento, salvo algunas excepciones incluyendo suicidas o personas muy presas a los vicios y a los intereses humanos. (3)

En los hornos crematorios de São Paulo se espera un plano legal de veinticuatro horas. Sin embargo, la regulación permite que el cadáver permanezca en cámara frigorífica por el tiempo que la familia desee. Espiritas acostumbran a pedir tres días. Hay quien pide siete días.

Importante reconocer, sin embargo, que mucho más importante que semejantes cuidados sería cultivar una existencia equilibrada, marcada por el esfuerzo de la autorrenovación y de la práctica del Bien, liberándonos prontamente, sin traumas, sin preocupaciones con el destino de nuestro cuerpo.

(3) Consta en el Libro “Chico Xavier. De los Hippies a los problemas del mundo”. Cap 18.

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

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