Por ahora

Por ahora, es inútil que el hombre en el mundo labre escrituras y acuerdos sobre propiedades que no le pertenecen.

Usufructuario de la hacienda terrestre vive para decir adiós, cada día, aprendiendo, no es raro, con dificultades y rebeldías, el arte de despedirse. Por ahora, ciudades preciosas e imponentes son patrimonio móvil de las generaciones que se suceden, ininterrumpidamente…  

Casas solariegas son transmitidas de padres a hijos, cuando no descienden a las oscuras disputas envenenadas que rodean la sepultura de aquellos que las relegan a los descendientes…

Dinero, por más abundante que sea, inevitablemente, se le derrama de las manos, poderoso e inútil, siempre que la enfermedad incurable le roe el esqueleto…

Indumentaria pomposa termina en el túnel valioso de los museos, cuando no se reduce a la ceniza en cuevas de lodo y sombra…

Afectos, en el rasgo carnal, pasan apresados, confiándolo a dolorosas reflexiones…

Realizaciones de la inteligencia sufren el pasaje del tiempo con la modificación invariable de las informaciones provisionales de la ciencia, aunque respetable y digna…

El cuerpo amable, de que tanto se ufana, sufre la presión del guante irresistible de la muerte cuando menos lo espera…

Por ahora, entonces, la gloria de la criatura brilla en la oportunidad de hacer el bien y exaltarlo en cada instante de la vida…

Por ahora, el poder, la posesión, la autoridad, la aptitud y la salud son nuestros instrumentos sublimes de servicio, que podemos utilizar en nuestra propia sublimación.

Tengamos así, en mente, la importancia del minuto que recibimos del Señor por préstamo de su Infinita Misericordia, y procuremos realizar la inversión del verdadero progreso, perfeccionando nuestro espíritu para que estemos en condiciones de retratar sus designios.

Despertemos para semejante realidad, mientras es hoy, a la vez que, por ahora, la oportunidad de glorificar el bien con el Cristo, donde estemos, es la única bendición que poseemos, porque, en el planeta móvil todo se transforma y todo se eleva para lo mejor y aquello que creemos, en la Tierra, como siendo nuestra propiedad absoluta y positiva, puede cambiar de un momento al otro, en flagelo de desesperación sobre nuestra propia alma, más allá de convertirse simplemente en un puñado de cenizas en el cuerpo ciclópico del mundo en constante ascensión.

Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Del libro Bendiciones de amor
Espíritus Diversos
Traducido R Bertolinni

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