En el tesoro de las horas

Amigos míos, en nuestras reuniones del Espiritismo Evangélico, no nos olvidemos de la buena voluntad y de la cooperación.

Quince minutos de amparo fraternal, a través de la conversación educativa, representa un valioso tiempo en la construcción del bien.

Los orientadores de la Vida Mayor no se expresan junto a nosotros exclusivamente a través de la máquina mediúmnica, especializada en sus funciones técnicas. Más que eso, se aproximan a nuestra expresión verbal y toman la palabra por hilo de transmisión de enseñanzas preciosas, o por vehículo de medicación eficiente a los que nos acompañan, deteniendo problemas más asfixiantes que los nuestros.

Una frase amiga…

Un fragmento de lectura edificante…

Un apunte consolador…

Un relato de una experiencia constructiva…

Todo eso es un recurso en el levantamiento del Reino de Dios que luchamos para alcanzar.

Abstengámonos de convertir nuestras reuniones en congresos de fatiga y expectación inoperante. Es posible materializar en nuestros grupos de oración el más seguro aprendizaje con el Divino Maestro, a través de la palabra bien conducida.

Un cuarto de hora es inestimable para Dios. Es preciso no perderlo en divagaciones inútiles, en suspiros de cansancio, en aflicción injusta o en ociosidad incompatible con nuestra fe.

Todos podemos dar. Esta es la primordial revelación del amor que nos rige los destinos.

Comencemos la concretización de la caridad, dando al prójimo algo de nuestra esperanza, de nuestro trabajo o de nuestra cultura, en forma de noticias de nuestro mundo interior, aun en proceso de adaptación al Evangelio.

Cada asamblea Espirita-Cristiana es acompañada de oraciones sedientas de consolación y de luz.

Desencarnados y encarnados, en obstáculos oscuros en la propia vida, esperan de nosotros el socorro providencial que una simple frase, muchas veces, puede realmente establecer.

Recordemos, de esta forma, el tesoro de los minutos y aprovechémoslo.

Nosotros siempre somos tan pródigos en los comentarios puramente humanos, en torno de la ignorancia y de la penuria que nos rodean, podemos modificar el impulso de nuestra fertilidad mental en el rumbo del bien, movilizando la palabra para la edificación de todos.

Rogando, así al Señor, fuerzas para valorizar nuestra riqueza de las horas, somos, como siempre, vuestro hermano y siervo humilde.

Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Del libro Bendiciones de amor
Espíritus Diversos
Traducido R Bertolinni

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