La visión espirita de la pedofilia

Asunto delicado y grave. Veamos algunos aspectos iniciales:

¿Cómo el espiritismo ve la cuestión de la pedofilia?

Como un grave desequilibrio mental y espiritual, necesitando severo tratamiento multidisciplinario, esto envuelve diversos profesionales más allá del tratamiento espiritual complementario.

¿Cuál es la razón de que existan pedófilos?

La misma razón de que exista cualquier otro desequilibrio psíquico. Son actitudes enfermas que se estructuran a lo largo de una o más existencias o sea reencarnaciones. Nadie fue creado pedófilo.

¿Qué es lo que pasa en sus mentes?

Cada uno de ellos tiene una historia. No hay como colocar todos en un mismo rótulo. Pero se puede decir que tiene un impulso sexual enfermo y destituido de ética.

¿Cuáles son los traumas que ellos tienen?

Diversos, y varían conforme a cada caso. Pueden haber sufrido: violencia infantil, abandono, desprecio, vivido de muy pequeño, sexo entre los padres, en fin otras distorsiones de educación o de vivencia.

¿Cómo se explica tal comportamiento?

La respuesta es tan difícil como explicar cualquier otra grave alteración de comportamiento. Son espíritus que por su atraso, inmadurez, ignorancia y sobre todo por el libre albedrío se desviaron de la línea normal de conducta.

¿Y las víctimas, porque eso?

En diversas oportunidades, cuando hicimos conferencias sobre reencarnación, nos preguntaron posteriormente sobre la dolorosa y delicada circunstancia de la pedofilia. Principalmente, al propiciarse preguntas que nos eran dirigidas por escrito surgían estas cuestiones. Aunque el tema sea potencialmente polémico y desagradable, no hay como ignorarlo en el contexto de nuestra situación planetaria. Nuestro enfoque será por el ángulo transcendental y reencarnacionista considerando que son dos espíritus, en lo minino, envueltos en la tragedia en cuestión. Nos cumple esclarecer que el libre albedrío es el mayor patrimonio que nosotros, espíritus humanos, hemos alcanzado al conseguir la franja evolutiva pensante. Libre albedrío no legítima actitudes, pero da oportunidades a las criaturas a decidir y a responsabilizarse por las consecuencias de sus actos posteriores.

Otra premisa que deberemos establecer es aquella de la mayor o menor repercusión de los actos ante la Ley Universal, en función del nivel de esclarecimiento que poseemos. Importante también destacar que no hay actos perversos que hayan sido planeados por la espiritualidad superior. Sería de una miopía intelectual sin límites, la idea de que alguien debe reencarnar a fin de ser violentado o sufrir pedofilia. La concepción de Dios punitivo y vengativo ya no cabe más en el diccionario de los esclarecidos sobre la vida espiritual. Dios es la fuente inagotable de amor. Es la ley mayor que todo preside, una ley de amor que coordina las leyes de la naturaleza.

¿Entonces, como entender la violencia física? ¿Cómo encuadrar la omnipresencia divina en situaciones y sufrimientos que observamos? ¿Dios estaría ausente en estas circunstancias? ¿O estaría presente?  Para muchos individuos si estuviese presente ya sería motivo para no creer en su existencia o en su infinita bondad y omnisciencia. Otra cuestión importante: ¿Quién es la “victima”? Analicemos. Cada uno de nosotros al reencarnar trae todo su pasado impreso indeleblemente en sí mismo, son los núcleos energéticos que traemos en nuestro inconsciente construidos en el pasado. Espíritus que somos y por los innúmeros viajes que recorrimos, representadas por las innúmeras vidas, poseemos en nuestro “pasaporte” innúmeros “matasellos” de los lugares donde practicamos en vidas anteriores. Hoy, la suma de esas experiencias se traduce en manantial energético que irradia constantemente de nuestro interior para la superficie de esta vida. Así, es también la “victima”.

El niño, que hoy se presenta de forma diferente, puede traer de su pasado profundas marcas de actitudes perjudiciales a hermanos suyos. Actitudes de desequilibrio que son grabadas en sí mismo. Algunos de esos, hoy niños, participaron intelectualmente de verdaderas emboscadas mirando alcanzar de manera dolorosa la intimidad sexual de criaturas; otras fueron ejecutadores directos, por la autoridad que eran investidas, de crímenes en esta área. En fin, son múltiples las situaciones generadoras de desarmonía energética que ahora pulsa constantemente en los archivos vibratorios de pequeños, nuestro personaje en este drama.

Por la Ley Universal de la sintonía de vibraciones, podrá ocurrir, en un dado momento, una sorpresa desagradable. El espíritu, niño ahora, podrá atraer y sintonizar con el agresor, o sea, el pedófilo, y ser agredido. Identificados los dos de los protagonistas (agresor y niño), tenemos también que considerar el frecuente proceso obsesivo que se viene desarrollando. Otra entidad puede estar fija periféricamente o hasta profundamente a la trama periespiritual de uno o de los dos envueltos en el proceso. Recordemos, nuevamente, no fue en hipótesis alguna programada la violencia o la violación, ni él en cualquier circunstancia tendrá justificativa. Sin embargo, existiendo el crimen, es necesario comprender en una visión más amplia lo que está pasando.

La espiritualidad siempre hará lo máximo para evitar el “mal” no siendo posible evitarlo, apoyará a los que sufren. El espíritu sometido a la violencia de la pedofilia sufre intensamente el proceso, conforme su grado de madurez espiritual. No hubo programación, pero la tendencia que traía era fuerte y había el riesgo de pasar por algo semejante, que la espiritualidad no consiguió evitar. La violencia de la pedofilia genera, muchas veces, profundos traumas en todos los involucrados, exacerbados a la dolorosa situación Karmica de la constelación familiar. Hay, también, espíritus afines y benefactores que miran amparar a los involucrados en este dolor. Amigos del extrafísico llenos de ternura en su corazón, con proyectos de dedicación y amparo, siempre se hacen presentes. El tiempo se encargara de cicatrizar las heridas del alma.

Escrito por Dr. Ricardo Di Bernardi

Artículo publicado en la Revista Cristã de Espiritismo, edición 76. Traducido por Jacob.

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