La dama de las flores

El amor en la vida
blanca paloma,
es el sol que en oriente
radiante asoma.
Cielo sin nubes,
sostenido en las alas
de los querubes.
¿Por qué te causa miedo?…

¡Si en él se alcanza
la realidad más bella
de la esperanza!
Porque Dios quiso
dejarnos un destello
del paraíso.
Tú que también le cantas
en tu poesía,
canto lleno de dulce
melancolía,
que tu alma pura,
comprende la grandeza
de esa ternura.

De ese afecto divino
que al alma eleva
y que hasta el ser supremo
rauda la lleva.
¿Te causa espanto?
¡No temas que tus ojos
derramen llanto!
Que a un alma cual la tuya
pura y serena,
el amor niña hermosa
no causa pena
por sus enojos
no lanzarán suspiros
tus labios rojos.

Entrégate a su halago
blanca paloma,
y de esa flor aspira
su dulce aroma.
Dulce fragancia,
pura como los sueños
de nuestra infancia
los seres que no tienen
Santa creencia,
del amor no comprenden
la omnipotencia.

Su oscurantismo
en la sombra le envuelve
del ateísmo.
Y de una flor de tintas
tan peregrinas
por su culpa recogen
tan solo espinas.
Castigo leve
para el que a profanarle
torpe se atreve.

Pero tú, bella niña,
de noble alma
que a los cielos te elevas
como la paloma.
Que en ruego ardiente
tu adoración le rindes
al ser potente.

No temas el halago
del niño ciego,
que él escucha amoroso
el dulce ruego,
de un alma pura
que no te pide oro
sino ternura.

Tú que también le cantas
en tu poesía,
tú que tienes de un ángel
la melodía.
Por sus enojos
no lanzaran suspiros
sus labios rojos.

Amalia Domingo y Soler

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