El poeta

Es un destello sagrado
de un gran Ser Omnipotente,
y si ese mundo ha brillado
es porque luz le ha prestado
el esplendor de su frente.

Él como padre amoroso
olvida la ingratitud,
y siempre noble y grandioso
muestra al hombre vanidoso
el germen de la virtud.

Va aliviando el padecer
en su azarosa misión,
porque es el poeta un ser,
que al mundo le da placer
llorando su decepción.

Si ese genio no cantara…
¡Pobre mundo! ¿Qué serías?
¿Quién tus hechos consignara,
ni como el hombre admirara
la grandeza de otros días?

¡Es tan bella la creación
De su ardiente fantasía!
¡Hay en él tanta pasión!
¡Su noble imaginación
encierra tanta hidalguía!

La tierra es mezquino espacio
para su alma gigante
mas Dios le guarda un palacio
con pórticos de topacio
y columnas de diamante.

¿Qué importa que aquí su vida
deslice triste y precaria;
fuente en el valle escondida;
ave en el aire perdida.
Mustia y débil pasionaria?
¿Qué le importa? Si mañana,
ese tiempo que revela.

Le muestra a la especie humana
de su ciencia soberana
la luz ígnea de su estela.
Y le arranca del olvido
y de ese polvo inerte,
y ante su genio rendido
mira al Orbe conmovido,
que le disputa a la muerte.

Pero en cambio de esa gloria…
¡Cuántos tormentos y azares
en su vida transitoria!
Es su ventura ilusoria;
¡Son realidad sus pesares!…

¡Es tan triste vegetar
y verse el genio morir,
y en su impotencia luchar,
y en el combate alcanzar
la victoria de sufrir!…

Ni sus lágrimas de amor,
ni sonrisas de placer,
ni gemidos de dolor,
ese mundo engañador
puede nunca comprender.

Esta tierra maldiciendo
y el edén ambicionando,
va su vida destruyendo,
por su presente sufriendo;
por su pasado llorando.

Su vista siempre altanera
dirige a la inmensidad;
flor que el pesar fructífera
siempre solo en su carrera,
¡Su mundo es la Eternidad!

Amalia Domingo Soler
16 de julio de 1858

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