Desobsesión

El amigo menos feliz de la Espiritualidad, al cual tantas veces grabamos con el peyorativo de “obsesor”, es siempre un afecto que se transformó en la retaguardia, metamorfoseando amor en odio y simpatía en desacuerdo.

Es siempre la criatura que unimos al distrito espiritual de nuestros propios intereses y esperanzas.

No se transformará en definitiva por fuerza de palabras que podamos pronunciar, y ni se anestesiará al contacto con promesas que vayamos a formular.

Es siempre la criatura que nos observará, en cuanto a las ideas y planes de mejoría y elevación que anunciamos.

Posiblemente, en muchas ocurrencias, respetará la autoridad y la influencia de benefactores que nos representen a causa de liberación y paz, reajuste y seguridad, manteniéndose, pues, transitoriamente a distancia. Entretanto, incluso de lejos, los amigos categorizados en la condición que examinamos, prosiguen vigilándonos la vida y señalándonos los pasos. Por eso mismo, liberarse será, antes de todo, servir y servir, servir sin propósito de obtener cualquier retribución, servir por amor para demostrarnos el provecho de las lecciones de perfeccionamiento en que vamos evolucionando.

No nos olvidemos que los adversarios que levantamos contra nosotros mismos esperan por nosotros en la siembra del trabajo y de la bendición.

El sudor que derramamos en el deber a cumplir les será el certificado de nuestro perfeccionamiento y las lágrimas que vertamos, en la ayuda al prójimo, serán las chispas de luz que nos iluminarán el camino, del cual partirán todos ellos, tanto como nosotros mismos, transformados y reconducidos a las leyes de armonía que nos gobiernan.

Hijos, repitamos: Ayudar a los otros es la forma de ayudarnos; disculpar es exonerarnos del desequilibrio que quizá aun nos marque el corazón; soportando con paciencia, seremos tolerados con la grandeza de aquellos que nos supervisan la jornada; amar y olvidarnos es el proceso de ser recordados en los suplementos de la Vida Superior y siempre más amados para ser, un día, el Amor de Cristo que nos convidó a la felicidad suprema, aseverando convincente: “Amaos los unos a los otros como yo os amé”.

Bezerra de Menezes

Médium Francisco Cândido Xavier
Del libro Bendiciones de amor
Espíritus Diversos
Traducido R Bertolinni

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