El artista y el magnate

En un templete bañado
por trasparente arroyuelo,
cojines de terciopelo
se ven allí colocar.

En los cojines reposa,
colocado muellemente
rico prócer, que indolente
se halla hastiado de gozar..

Penetró en la bella estancia
con ademán arrogante
un joven de buen talante
que con desdén saludó.

El discípulo de Fidias
del noble tomó la mano,
y por su talento ufano
sin cumplido se sentó.

Pasó a poco una aldeana
que ambos jóvenes miraron,
y al par los dos exclamaron:
“¡Es muy bella esa mujer!”

Por su amor, dijo el magnate
le diera rico tesoro
que poco me importa el oro
cuando anhelo algún placer…

No quiero, dijo el artista,
de esa mujer la ternura,
solo copiar su figura
porque es bella y gentil.

Por feliz yo me tendría
si sus formas modelara
o en el mármol de Carrara
o en el pálido marfil.

¿Y no abrigáis más deseo
por una mujer tan bella?
del amor no queda huella,
solo un sueño el placer es.

Mas las obras de mi mano,
si son brillantes creaciones,
futuras generaciones
sabrán admirar después.

Si un colegial aturdido
en sus juegos infantiles
no parte en pedazos miles
vuestra brillante creación.

La gloria sí que es un sueño,
una ambición, un delirio,
que tan solo da el martirio
y ansiedad en el corazón…

También mis ensueños tuve
allá en mis primeros años,
mas los tristes desengaños
hoy me han hecho despertar.

¿Qué es el mundo? Una mentira,
nada vuelve y todo pasa;
así pues, placer sin tasa,
la vida estriba en gozar…

Vos habitáis en un mundo
que los hombres lo han formado
y el cincel de que han usado
ha sido la corrupción.

Región donde todo muere,
donde el ídolo es el oro,
donde no hay virtud, decoro,
ni tiene fe el corazón.

Allí el desorden, la orgía,
y las livianas mujeres…
brindan con falsos placeres
en constante bacanal.

Mas llega un día en que el hombre
se reconcentra en sí mismo
y maldice ese cinismo,
ese crápula infernal.

¿Pues cómo ha de ser eterno
el placer de una existencia,
donde el oro es la creencia,
y el impúdico placer…

Donde se ven deshojadas
la inocencia y la virtud
y solo la ingratitud
tiene condición de ser?

Mas el mundo del artista
es la región elevada,
donde se encuentra elevada
la imagen del puro amor..

Mundo que Dios ha formado
para mostrar su ternura
a su más perfecta hechura,
que es el talento creador;
porque el artista copiando
a la gran naturaleza
a sus obras da belleza
a la vez que vida da,
y al ver el talento humano
que imita aunque débilmente
esa creación esplendente
a quién dio formas Jehová,
el rey de cielos y abismos
con su infinita clemencia
dio premio a la inteligencia.

Elevándola hasta Sí;
y dice: será la materia
sucio pasto del gusano,
más las obras de tu mano,
vivan siempre en pos de ti.

Una necia carcajada
por respuesta el prócer dio…
el artista le miró…
¡Cuánto dijo en su mirada!

Entrambos se levantaron
y del templete salieron,
con frialdad se despidieron
y al punto se separaron.

¡Todo fantasmas, visiones,
el magnate murmuraba!…
mientras el otro exclamaba:
¡Qué mundo, qué corazones!

Amalia Domingo. 5 de marzo de 1858

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