Reuniones y sociedades espíritas

Así titula Allan Kardec el capítulo XXIX del libro de los médiums, cuya amplia comprensión nos atañe a todos los que, de una manera o de otra, queremos formar parte en la construcción de la Gran Familia Espírita. Un capítulo que nos introduce en la realización de reuniones espíritas responsables y la constitución de sociedades unidas y armonizadas en la correcta vía de la renovación del pensamiento humano. El codificador expone este tema en la última parte del libro explicando claramente la importancia que adquieren las instrucciones que le han precedido.

Siendo cada reunión un todo colectivo, le incumben las consecuencias naturales de unas enseñanzas que debemos de conocer muy bien, así como aplicar la disciplina y la vigilancia que ellas mismas recomiendan. Comienza destacando las ventajas que presentan las reuniones espíritas, acreditando que las personas que participan de ellas se esclarecen mediante el intercambio de ideas, preguntas y observaciones, siendo estas, una riqueza para el crecimiento individual y colectivo.

Aportando cada miembro experiencias y conocimientos; representando importante camino hacia la tolerancia y la aceptación. Facilitando el descubrimiento de vías integradas de trabajo y cooperación. Estas reuniones requieren una serie de condiciones especiales, pues no pueden ser comparadas con ningún otro tipo de reunión. Es a los hombres y a las mujeres que nos reunimos a los que nos compete aportar a la revelación espírita lo mejor de nosotros, nuestra inteligencia, razón y juicio, nuestro saber hacer y nuestro compromiso y, además, hacerlo con plena convicción. Es por ello, que el estudio profundo de la Codificación y obras subsidiarias se hace imprescindible en torno a las reuniones espíritas, tanto doctrinarias como mediúmnicas, mostrando coherencia con ello, para ser mensajeros con nuestro propio actuar. No cabe reunión sin esta coherencia, sin estudio y, mucho menos, sin dirección moral.

Es dentro de estas reuniones, que se crean y estrechan verdaderos lazos de fraternidad, de unión entre ambos mundos y preciosas labores en una siembra, que con el tiempo deseamos dé buenos frutos, extendiendo cada vez más el mensaje reformador. Mas siempre desde la moderación y la responsabilidad que hemos adquirido con la doctrina del amor. Explica Kardec que las reuniones espíritas presentan diferentes características según sea el objetivo con que se realicen. Esto nos invita, antes de nada, a meditar sobre dónde tenemos puesto nosotros, los espíritas de hoy, el foco, el objetivo y recordar siempre que “las reuniones espíritas de cualquier naturaleza deben revestirse del carácter de la serenidad”, tal como nos recuerda Manoel Philomeno de Miranda en su libro, En los Bastiones de la Obsesión. Así, se considerarán reuniones frívolas aquellas que busquen el entretenimiento de los presentes. Estas reuniones se alejan mucho de perseguir un fin serio, y bien se nos alerta, de aquellos que solo ven el aspecto divertido de las manifestaciones, entreteniéndose con las bromas de Espíritus ligeros. Nada más lejos de lo que el Espiritismo propone para el desarrollo de las buenas relaciones espirituales. En estos casos no hay intención de adecuado aprendizaje, pues no podemos calificar como seria, la búsqueda de la buenaventura, predicciones, revelación de secretos… en fin, solo nos queda hacer un llamado al estudio responsable del Espiritismo para darnos cuenta de que este tipo de prácticas no tendrán cabida ya en la era de la regeneración. Se deduce fácilmente, que a estas reuniones acudirán Espíritus que se recrean en la oportunidad que se les da de exhibirse. Lo mismo podemos decir al respecto de las reuniones en donde se permiten las comunicaciones groseras que vienen de espíritus inferiores muy apegados a los asuntos materiales y a las sensaciones que chocan con el decoro, resultando, desagradables a cualquier persona respetuosa y educada en los valores ético morales.

Kardec habla de las reuniones experimentales, teniendo estas por objeto, principalmente, la producción de manifestaciones físicas. Para muchas personas se trató, en su momento, como algo que llamaba la atención a modo de espectáculo, sin embargo, aquel que estudió concienzudamente, llegó a comprender, con la observación adecuada, los mecanismos de las manifestaciones que se producían. Esto tuvo su tiempo, necesario para el periodo inicial del Espiritismo. Ya sabemos que por sí solas no pueden esclarecer a una persona en la ciencia espírita cuya dimensión requiere de profundo estudio, necesitando ser dirigida con método y prudencia. No obstante, debemos de reconocer en la práctica de estas reuniones el hecho que condujo al descubrimiento de las leyes que rigen el mundo invisible, así como lo que se tornó un poderoso medio de convicción. Son llamadas por Kardec reuniones instructivas, aquellas en las cuales se obtiene la verdadera enseñanza y cuya primera condición será la seriedad en su más amplio significado. Advirtamos tal como lo hace el codificador que lo sublime no puede aliarse a lo trivial, ni el bien con el mal, y comprendamos entonces que para obtener buenos resultados hay que dirigirse a los Espíritus buenos.

En una reunión espírita tenemos que contemplar la unidad, el sentir de todos en una misma dirección y conocer las leyes que rigen las relaciones entre ambos mundos. Tener en cuenta la afinidad de fluidos. El Espiritismo nos enseña que los más leves y secretos movimientos del alma van a repercutir en el envoltorio fluídico; Con esto, es imprescindible tener presente que el deber de los miembros que forman parte de las reuniones, es unirse por la afinidad simpática de los fluidos impregnados de buenas intenciones, acciones y pensamientos, avanzando en una misma dirección, estudiando, compartiendo, vivenciando la doctrina en una continua experiencia reformadora. Consiguiendo que el trabajo conjunto sea una acompasada melodía al servicio del bien. Otro aspecto a destacar es la comunión de pensamientos. Precisamos, tal como nos recuerda Emmanuel en Derrotero, ampliar la comprensión sobre los pensamientos, saber que son fuerzas, imágenes, objetos, creaciones visibles y tangibles en el campo espiritual.

Los Espíritus leen en nosotros con una impresionante precisión. Se hace primordial meditar sobre las relaciones y compañías espirituales de las que nos rodeamos, afines a nuestros pensamientos. Vigilemos pues estas creaciones tanto en nuestra vida cotidiana, en nuestra intimidad, como en las reuniones a las que asistimos. Podemos engañar a los demás, incluso a nosotros mismos, pero no escaparemos a las leyes naturales que ponen de manifiesto lo que realmente somos como seres pensantes. Otro aspecto a observar es la voluntad, en una reunión espírita el acuerdo de voluntades es fundamental. Si los miembros del grupo se unen por el amor al trabajo, por la convicción de poder hacer las cosas, superando juntos obstáculos y se mantienen en adecuada sintonía, siendo sus voluntades una sola con respecto al servicio que realizan en las reuniones, llegarán a realizaciones muy productivas, marcando así el buen rumbo que la complejidad de la práctica espírita pide. La observación y el cuidado de estos tres aspectos nos ayudará a verificar la seriedad de una reunión, apartando distracciones y cualquier tipo de actuación que no corresponda a fines elevados encaminados al crecimiento integral.

Todo esto que hemos expuesto hace parte también en lo concerniente a las sociedades espíritas. Sociedades que pretendemos sean ejemplo de unión. Pero no podemos mirar hacia otro lado, necesitamos estar atentos a nuestras propias acciones como miembros integrantes de estos grupos. Necesitamos estar atentos al mensaje de solidez que nos ofrece Kardec en este capítulo: “Una sociedad que logre que sus sentimientos elevados prevalezcan, donde se valore al máximo el aprendizaje y las enseñanzas de los Espíritus, donde la unión y la seriedad prevalezcan, sería una sociedad indisoluble. Si analizamos esto veremos cómo tal circunstancia representaría un fuerte cimiento en la construcción espírita.”

Hoy nosotros somos los que operamos desde este lado de la vida, es nuestro el compromiso con la doctrina del amor, es nuestro el deber de estudiar, de divulgar, de continuar con la máxima seriedad la labor del codificador, es nuestra la responsabilidad de seguir los pasos del Maestro Jesús que cumpliendo su promesa envió el mayor de los consuelos. Somos nosotros los que hoy debemos abrir esos caminos de luz para la fundamental cooperación de ambos mundos en la tarea de la regeneración y es desde los centros espíritas, en las reuniones y dentro de las sociedades, que haremos parte del gran cambio. No dejándonos llevar por distracciones ni aspiraciones lejanas al crecimiento moral. El Espiritismo pide a los espíritas que se unan, las voces de nuestros predecesores espíritas, que tanto lucharon, nos piden que perseveremos, que seamos fieles a lo que nos fue legado.

“Sigamos creciendo y construyendo juntos bajo la Égida de la Luz. Resplandeciente que nos guía.”

Escrito por Rosa Pérez. Centro Espírita León Denis de Madrid. Revista FEE

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