Vida y Valores (Hijos adoptivos)

Vale la pena parar a pensar en el significado de los hijos en nuestra vida. Cuando un matrimonio se une y de esa unión viene un hijo, ese hijo es el coronamiento de una relación que se admite importante. Un hijo es símbolo de la rigidez de una unión que fue establecida en bases de un bien querer, en bases de afecto, de amor. El hijo, en fin, es ese lazo que acostumbra unir dos partes humanas: el padre y la madre, el matrimonio para que, a partir de ahí, se establezca la familia.

Cuando pensamos en hijos biológicos es eso lo que se da. Pero ¿y cuando la cuestión envuelve a los hijos adoptivos? Como el nombre lo dice, son nuestros hijos porque los adoptamos como tales. No son nuestros hijos biológicos, no nacerán de nuestras entrañas, de nuestras células, pero nacerán de nuestros sentimientos.

Los hijos adoptivos son aquellos que vienen a satisfacer una necesidad que tenemos de amar y no a satisfacer un espacio vacío dentro de casa, como alguien que consigue un animalito de estimación porque está viviendo muy solo y necesita de compañía. Un hijo adoptivo jamás lo debe ser para esa razón.

Cuando adoptamos a un hijo, en cualquier edad que tenga, es por el deseo que el adoptante tiene de amar a ese niño, de dar a ese niño mejores condiciones de vida, mejores posibilidades. La adopción debe ser un acto de amor legitimo para con el ser adoptado. Nadie que esté viviendo la depresión de la soledad va a adoptar a alguien apenas para verse libre de la depresión de la soledad. Aunque, durante la depresión solitaria, nos sucede esa llama del amor y adoptamos a alguien para darle bien querer, para ayudarle al crecimiento, sin duda nuestra depresión comenzará a retirarse. Es muy difícil una depresión que soporte a un pequeño travieso. Cualquier madre depresiva, que tenga críos traviesos, tiene dos salidas, aunque, una solo entre dos posibilidades: o abandonar a los pequeños o abandonar la depresión.

Es muy importante pensar que un hijo adoptivo viene a sumar nuestra familia, viene a colocar un tempero en nuestra familia. Muchas veces hay matrimonios que desearían tener más hijos. Por razones diversas de orden orgánico no pueden tener y apelan para el hijo que desean tener. Ya que no lo pueden tener biológicamente, tratan de buscar un hijo emocional, un hijo sentimental, un hijo del corazón. Es así que debemos decir a nuestros hijos adoptivos: Sois hijos de nuestro corazón, nacisteis de nuestra alma, sois hijos afectivos. En ese campo de entendimiento, nadie está obligado a adoptar niños. Aun siendo religiosos, los individuos no están obligados. ¡Ah!, yo soy católico romano, tengo que adoptar. Yo soy evangélico, tengo que adoptar. Yo soy espiritista, tengo que adoptar. No, nadie tiene que adoptar. Tenemos que aprender a amar. Es el amor que dice lo que debemos y podemos hacer. Muchas veces no tenemos condiciones de adoptar ni traerlo para dentro de nuestra casa, pero podemos ayudar a mantenerlo donde él está: en un hogar simple, en una casa pobre, en el hogar asistencial, en la institución que lo hospeda, ayudándolo a estudiar, a vestirlo, a tratarlo, visitándolo.

Hay diversas maneras de tener hijos adoptivos. No siempre los adoptivos viven con nosotros dentro de la misma casa. Los adoptivos pueden vivir con sus propios padres que sean pobres, que sean incapaces, que sean enfermos y, de donde estemos, vamos a lanzar nuestra red de amor en la dirección de ese niño y adoptarlo, como parte de nuestra vida.

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Cuando desenvolvemos un sentimiento por la adopción es porque nuestro corazón no está tranquilo, no está feliz viviendo de la manera que vive. Es preciso que nosotros demos alimento al corazón. El corazón vive de sentimientos, el corazón es sentimiento y, de esa forma, cuando pensamos en adoptar, no debemos ocultarle que él es nuestro hijo adoptivo, aunque lo adoptemos de bebe. Nada de esconderlo. La vida, de una manera o de otra, va a mostrarlo, va a afirmarlo y va a desenmascarar nuestro enredo, generando traumas, frustraciones, complejos, revueltas.

Cada Espíritu adoptado por alguna familia precisa atravesar esa experiencia de sentirse adoptado. En eso constituye su prueba, si podemos decirlo así. Ahí está su necesidad de prueba: Saber que no es biológico de aquella familia, saber que no es biológico de aquel grupo, pero, si, afectivo. De esa manera, no hay porque esconder, no hay porque inventar historias. “Tú eres mi hijo del corazón, tú no naciste del vientre de mamá, naciste del sentimiento de mamá. Mamá fue a buscarte. Fuimos a tu encuentro, mamá y papá” quiero decir, esa conversación es franca, es tranquila y el niño se ajusta muy bien a ella. Porque, muchas veces, una familia completamente diferente biológicamente del hijo adoptado no puede mentir para ese hijo: una familia negra, que adopte hijos blancos; una familia blanca, que adopte hijos negros, hijos asiáticos o viceversa, entonces no hay porque mentir. Lo más importante es el amor que se dedique a esos niños. Lo más importante es el trabajo que se hace con esos niños adoptados.

Cuantos matrimonios dan preferencia por adoptar enfermos, con síndrome de Down, con deficiencias mentales, lisiados. Comprobamos que es una experiencia de amor inusitada porque todos quieren un hijo perfecto. Algunas familias buscan hijos que se asemejen biológicamente a su propia familia: quieren con piel así, con ojos así, con cabello de esa forma, pero quien quiere amar, ama al niño que necesita ser amado, no importa de dónde el venga, no importa el color de su piel, no importa. Entonces es muy importante comprobar que la adopción es, de hecho, una extensión de nuestro sentimiento que busca otros sentimientos. Es alguien que desea amar delante de alguien que necesita ser amado.

En estos tiempos de nuestra sociedad, está de moda una cuestión muy seria, muy delicada, que es la adopción de niños por matrimonios gays, por matrimonios homosexuales, hombres o mujeres. De esta forma, surgen las discusiones sociales casi siempre vacías, casi siempre sin propósitos, porque el amor, nos enseñan los Buenos Espíritus, el amor no tiene sexo. El amor es el amor. ¿Cómo podremos imaginar que será mejor para un niño ser criado en la calle, al relente, sometido a todo tipo de execración a ser criado, nutrido, bendecido por un hogar de un matrimonio homosexual? Mucha gente asegura que los niños corren riesgos. ¿Pero cómo, si estamos acompañando a los niños corriendo riesgos en las casas de sus padre heterosexuales? Otros afirman que los niños criados con homosexuales podrían adoptar la misma postura, la misma orientación sexual, lo que también es falso.

La mayoría de homosexuales del mundo, vienen de hogares heterosexuales. Entonces tendríamos que concluir que son los heterosexuales que forman homosexuales. Luego, no tenemos que entrar en esa discusión, que es apenas tonterías y preconceptos. Aquel que tenga amor para dar que lo de y, de esa manera, estaremos colaborando con Dios en la obra de la Creación. No importa cuál sea nuestra orientación sexual, importa cuál es la orientación de nuestro sentimiento, de nuestro amor, de nuestro corazón. Hay tantos matrimonios hetero, duros, fríos, indiferentes. Nadie se preocupa de eso. En la medida en que las leyes lo permitan, adopten niños. En la medida que el corazón lo quiera, adopten niños y que seamos todos muy felices.

José Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 171, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 13.09.2009. Disponível no DVD Vida e Valores, v. 4, ed. Fep. Em 05.01.2010. Traducido por Jacob.

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