Confianza reciproca

Muchos compañeros en la Tierra se declaran indignos de trabajar en la mies del Bien, alegando que no merecen la confianza del Señor, cuando la lógica patenta otra cosa. Si el Señor no te observase la devoción afectiva, no te entregaría la formación de la familia, en cuya intimidad, criaturas diversas te aguardan cariño y cooperación; si no te apreciase el espíritu de responsabilidad, no te permitiría desenvolver tareas de inteligencia, a través de las cuales influyes un gran número de personas; si no creyese en tu nobleza de sentimientos, no te induciría a sublimar principios y actitudes, en la realización de las buenas obras, con las cuales aprendes a extenderle, en el mundo, el reino de amor; si no te reconociese el sentido de la elección, no te llevaría a examinar teorías del bien y del mal, para que abraces libremente el propio camino; si no te aceptase el discernimiento, no te facultaría la obtención de este o aquel título de competencia, con el cual consigues aliviar, mejorar, instruir o elevar la vida de los semejantes.

Si el Señor no confiase en ti, no te prestaría el hijo que educas, el afecto que bendices, el suelo que cultivas, y la moneda que das. «No cae una hoja de árbol sin que el Padre lo quiera», nos enseñó Jesús.

Toda posibilidad de la criatura, en la edificación del bien, es concesión del Creador. El crédito viene del Padre Supremo; la aplicación con las responsabilidades consecuentes dice respecto a nosotros. Siempre que te refieras a los problemas de la fe, no te fijes tan sólo en la fe que depositas en Dios. Recuerda que Dios, igualmente, confía en ti.

Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier

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