El laboratorio del mundo invisible

Cómo ya ha sido demostrado, el fluido cósmico universal es la materia elemental primitiva y sus modificaciones y transformaciones constituyen la gran variedad de los cuerpos de la naturaleza. El principio elemental del Universo posee dos estados diferenciados: el de eterización, o imponderabilidad, es decir que no puede ser pesado o precisado, al que podemos considerar su estado normal y primitivo, y aquello otro que vemos y comprobamos llamados de materialización o ponderabilidad, que sería consecutivo del primero. Cada uno de estos dos estados produce fenómenos especiales: al segundo pertenecen los del mundo visible, al mundo físico y al primero los del Mundo Invisible, al fluídico. Unos, denominados fenómenos materiales, son del dominio específico de la ciencia, y los otros, llamados fenómenos espirituales o psíquicos, se relacionan en especial con la existencia de los Espíritus y están dentro del dominio del Espiritismo. Pero, como la vida espiritual y la vida corporal se hallan constantemente en contacto, los fenómenos de ambos órdenes se presentan a menudo de forma simultánea.

Nosotros los hombres encarnados sólo poseemos la percepción de los fenómenos psíquicos que se relacionan con la vida corporal; aquellos que son del dominio exclusivo de la vida espiritual escapan a nuestros sentidos materiales y solo podemos percibirlos en el estado de Espíritu. Pero todo es relativo, ya que esos fluidos poseen para los Espíritus, una apariencia tan material como los objetos tangibles para nosotros los encarnados. Ellos los elaboran y combinan para producir determinados efectos, tal cual hacemos los hombres con los materiales, aunque mediante procedimientos distintos. Pero allá como aquí, sólo los Espíritus más iluminados pueden comprender el papel de los elementos que constituyen, que forman su mundo. Los ignorantes, aquellos que desconocen el Mundo Invisible son tan incapaces de explicar el porqué de los fenómenos que presencian. Al igual que en la Tierra lo son igualmente para explicar los efectos de la luz o de la electricidad o el por qué vemos y oímos.

Las materializaciones, producto del laboratorio del mundo espiritual, y cuyas creaciones son suficientemente objetivadas para dejar huellas físicas de su existencia por impresiones y moldes, nos han demostrado que el periespíritu es el modelo ideal sobre el cual el cuerpo está construido. El punto de partida del fluido universal es el grado de pureza absoluto, difícil de concebir y comprender por nosotros; el extremo opuesto es su transformación en materia tangible, palpable. Entre ambos extremos existe una infinita cantidad de modificaciones, más próximas a uno u otro de ellos. Los fluidos más cercanos a la materialidad, es decir, los menos puros, constituyen lo que podemos denominar la atmósfera espiritual terrestre. En ese medio es también posible encontrar diversos grados de pureza: los espíritus encarnados o desencarnados de la Tierra extraen de él los elementos necesarios para el mantenimiento de su existencia. Esos fluidos, si bien sutiles e impalpables para nosotros, son de naturaleza grosera en comparación con los fluidos etéreos de las regiones superiores.

Recordemos que el fluido etéreo es para las necesidades del Espíritu lo que la atmósfera es para las necesidades del hombre encarnado, constituyendo el medio de donde extraen los elementos sobre los cuales operan; forman el ámbito en el que ocurren fenómenos especiales, perceptibles a la vista y al oído del Espíritu, pero que se escapan a los sentidos carnales impresionables sólo por la materia tangible. Los Espíritus actúan sobre los fluidos espirituales, pero no los manipulan como los hombres hacemos con los gases, sino con la ayuda del pensamiento y de la voluntad. El pensamiento y la voluntad son, para los Espíritus, lo que la mano es para el hombre. Mediante el pensamiento, imprimen a esos fluidos tal o cual dirección, los unen, combinan o dispersan; forman conjuntos con determinada apariencia, forma o color: cambian las propiedades de los mismos como el químico transforma las de un gas o de otros cuerpos, combinándolos de acuerdo con ciertas leyes. Constituyen el inmenso taller o laboratorio de la vida espiritual. Por ejemplo: un Espíritu se presenta a la vista de una persona dotada de vista psíquica, bajo la apariencia que tenía en la época en que éste lo conocía, aunque hubiese encarnado muchas veces desde entonces. Y lo hace con el traje y otros signos exteriores: enfermedades, cicatrices o miembros amputados que poseía anteriormente. Un decapitado se presentará sin cabeza. No es que haya conservado tal apariencia, puesto que como Espíritu no es cojo, ni manco, ni tuerto; pero su pensamiento, al regresar a la época en que así era, hace que su periespíritu tome instantáneamente tal figura, que abandona una vez que su pensamiento ya no se inmoviliza en aquella idea. Entonces, si una vez fue negro y otra blanco, se presentará con la apariencia que corresponda a la evocación, pensando en esa vida suya que recuerda.

Por un efecto análogo, el pensamiento del Espíritu crea fluídicamente los objetos que utilizaba habitualmente: un avaro manipulará dinero u oro, un militar mostrará sus armas y uniformes, un fumador su tabaco o su pipa, un labriego su carreta y bueyes y una anciana su antigua rueca. El pensamiento y la voluntad son, para los Espíritus, lo que la mano es para el hombre. Mediante el pensamiento, imprimen a esos fluidos tal o cual dirección, los unen, combinan o dispersan; forman conjuntos con determinada apariencia, forma o color: cambian las propiedades de los mismos como el químico transforma las de un gas o de otros cuerpos, combinándolos de acuerdo con ciertas leyes. Constituyen el inmenso taller o laboratorio de la vida espiritual. Estos objetos pueden en ciertos casos tener a los ojos de las personas vivas, todas las apariencias de la realidad, es decir, ser momentáneamente visibles y hasta tangibles. Siendo estas representaciones fluídicas sumamente reales para el Espíritu, Ser fluídico él mismo, como los objetos materiales lo son para el hombre; pero, como son creaciones del pensamiento, su existencia es tan efímera como lo es la de un determinado pensamiento.

También conocemos que los Espíritus se presentan vestidos con túnicas, envueltos en amplios ropajes o incluso con la indumentaria que usaban en vida. Pero nos preguntamos ¿A dónde van a buscar la indumentaria que es en todo semejante a la que usaban cuando estaban vivos, y que incluyen la totalidad de los accesorios que le acompañan? ¿De dónde provienen, pues, todo aquello que los espíritus usan en el otro mundo? Este asunto siempre ha sido bastante intrigante.

El Espíritu de San Luis, en el Libro de los Médiums, Capítulo VIII, a las preguntas de Allan Kardec nos dice: «El Espíritu ejerce, sobre los elementos materiales que existen por doquier en el Espacio, en vuestra atmósfera, de un poder que estáis lejos de sospechar. Según su voluntad, es capaz de concentrar tales elementos y darles la forma y apariencia adecuadas a sus proyectos.» La teoría que se acaba de exponer podría resumirse en estos términos: el Espíritu obra sobre la materia. Extrae de la materia cósmica universal los elementos precisos para formar a voluntad los objetos que revistan la apariencia de los diversos cuerpos existentes en la Tierra.

El Espíritu puede, asimismo -por su voluntad- operar en la materia elemental una transformación íntima que le conceda determinadas propiedades. Esta facultad es inherente a la naturaleza del Espíritu, el cual la ejerce a menudo como un acto instintivo, cuando es necesario, y sin caer en la cuenta de ello. Podrá hacerlos y deshacerlos según le plazca. En ciertos casos, tales objetos exhiben, a los ojos de las personas vivientes, todas las apariencias de lo real, es decir, pueden tornarse momentáneamente visibles y aun tangibles. Hay allí formación, pero no creación, visto que el Espíritu no puede extraer nada de la nada.

Escrito por Juan Miguel Fernández. Asociación de Estudios Espíritas de Madrid. Revista FEE.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.