Oración para los enfermos

PREFACIO: Las enfermedades son parte de las pruebas y de las vicisitudes terrestres; son inherentes a la imperfección de nuestra naturaleza material y a la inferioridad del mundo en que habitamos.

Las pasiones y los excesos de todas clases siembran en nosotros gérmenes malsanos, frecuentemente hereditarios. En mundos más avanzados física y moralmente, el organismo humano, más purificado y menos material, no está sujeto a las mismas enfermedades y el cuerpo no está minado sordamente por los estragos de las pasiones. (Cap. III, número 9).

Es menester, pues, resignarse a sufrir las consecuencias del centro en que nos coloca nuestra inferioridad, hasta que hayamos merecido cambiarlo. Entretanto consigamos el mérito, eso no nos debe impedir hacer lo que dependa de nosotros para mejorar nuestra posición actual; pero si a pesar de nuestros esfuerzos, no podemos llegar a ello, el Espiritismo nos enseña a soportar con resignación nuestros males pasajeros.

Si Dios no hubiese querido que los sufrimientos corporales fueran disipados o aliviados en ciertos casos, no habría puesto medios curativos a nuestra disposición. Su previsora solicitud, con respecto a esto, de acuerdo con el instinto de conservación, indica que está en nuestro deber buscarlos y aplicarlos. Al lado de la medicación ordinaria, elaborada por la Ciencia, el Magnetismo nos hizo conocer el poder de la acción fluídica; después el Espiritismo vino a revelarnos otra fuerza en la mediúmnidad curadora y la influencia de la oración. (Véase en el cap. XXVI, información sobre la mediúmnidad curativa).

ORACIÓN:

Dios mío, vuestros designios son impenetrables, y en vuestra sabiduría creísteis un deber afligir a N… con la enfermedad. Os suplico echéis una mirada de compasión sobre sus sufrimientos y os dignéis ponerles un término. Buenos Espíritus, ministros del Todopoderoso, os ruego que secundéis mi deseo de aliviarle; dirigid mi pensamiento, a fin de que vaya a derramar un bálsamo saludable en su cuerpo y el consuelo en su alma. Inspiradle la paciencia y la sumisión a la voluntad de Dios, dadle fuerza para sobrellevar sus dolores con resignación cristiana a fin de que no se pierda el fruto de esta prueba. (Véase la Oración número 57).

Extraído del libro “El Evangelio según el Espiritismo”

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