Relación e influencia del espíritu de verdad en el Espiritismo

La relación e influencia del Espíritu de Verdad con el Espiritismo ocurrió inicialmente por intermedio de Hippolyte Léon Denisard Rivail y los primeros médiums e investigadores de los fenómenos de la comunicación de los Espíritus con los encarnados. Esa relación e influencia es evidenciada en los registros de Allan Kardec en la totalidad de su obra y, más específicamente en Obras Póstumas y la Revista Espírita. En el tópico que trata sobre Mi Guía Espiritual, en Obras Póstumas, el codificador registró: La protección de ese Espíritu, cuya superioridad yo estaba lejos de imaginar en ese momento, nunca me faltó. Su solicitud y la de los Espíritus buenos que se hallan bajo sus órdenes, se manifestó en todas las circunstancias de mi vida…

Esa interacción, entre el entonces profesor Hippolyte Léon Denizad Rivail y su guía, empezó de forma espontánea cuando él escribía un texto y empezó a escuchar ruidos, golpes en la habitación sin que pudiera encontrar la causa, ni con el auxilio de Amelie Boudet, su esposa, que llegó más tarde y también escuchó los sonidos raros. El propio Espíritu le informa que hacia el barullo porque no le gustaba lo que estaba escribiendo y que tendría que corregir y perfeccionar el texto antes de su publicación. Se sorprende el profesor, pues no tenía intenciones iniciales de publicar nada.

Todo indica que Rivail tenía preocupación con esa cuestión de saber quién era su guía espiritual, pues volvía con frecuencia al asunto buscando identificar quien fuera él, a punto de ser severamente amonestado por el Espíritu, que se había identificado como La Verdad y le había prometido asistencia incluso en los aspectos más volcados para las cuestiones de la vida material. Después de recibir algunas instrucciones, el profesor insiste en saber si el Espíritu con el cual dialoga había “animado en la Tierra a algún personaje conocido”. La respuesta es firme y un tanto severa: “—Ya te dije que, para ti, soy la Verdad. Esto para ti quiere decir discreción. No sabrás nada más al respecto”. De ese y otros contactos se puede deducir la autoridad y la seguridad de ese Espíritu. Su firmeza y discreción habla de su elevada condición evolutiva, dejando claro que el nombre no es importante en aquel momento. Pero, Rivail no va a desistir y con el tiempo su propio guía espiritual le dejará entender quién es Él..

Un Espíritu que acompañaba de cerca a Allan Kardec era Hahnemann, pionero de las investigaciones con la Homeopatia y que se encargaba de cuidar la salud del codificador, además de, siempre que era posible, orientarle con relación a su trabajo y sus relaciones con el mundo espiritual. Otro, considerado uno de sus Espíritus familiares, era Zéfiro, que mucho contribuyó para la tarea de Kardec. En abril de 1856, por lo tanto, antes de la 1ª. Edición de El Libro de los Espíritus, el Espíritu Verdad le confirma lo que los demás le habían dicho en lo relativo a su misión, pero le advierte: No olvides que puedes triunfar o fracasar. En ese último caso, otro te reemplazará, porque los designios de Dios no dependen de la cabeza de ningún hombre. Nunca hables de tu misión; sería una forma de malograrla. Ella sólo puede justificarse mediante la obra terminada, y tu no has hecho nada todavía. Si cumples con tu misión, los hombres la reconocerán tarde o temprano, ya que por los frutos se reconoce la calidad del árbol. Nuestra asistencia no te faltará, pero será inútil si de tu parte no haces lo necesario. Puedes usar tu libre albedrío como te plazca. Ningún hombre está obligado a hacer nada.

¿La constatación de la identidad del Espíritu Verdad en 1864? De esa forma, por intermedio de diversos médiums, en distintas ocasiones entre los años 1854 y 1863, el codificador tuvo oportunidad de hablar con esos Espíritus amigos acerca de su Guía y con el propio que se había identificado como La Verdad, como hemos visto. Un hecho ocurrido en octubre de 1863 evidencia el papel y autoridad de ese Espíritu con relación al Espiritismo y su codificador. Ya habían surgido El Libro de los Espíritus y el Libro de los Médiums. El, ahora, Allan Kardec trabajaba en su nueva obra, sobre la cual no había revelado siquiera el nombre a nadie. La Srta. V…, natural de Lyon, dotada de notable segunda vista con capacidad de ver hechos ocurriendo a distancia, fue a visitar a Allan Kardec en su casa. Él estaba retirado en la Villa de Segur, siendo la visita recibida por su esposa Amelie Boudet que propuso a la médium que se trasladara adonde él estuviera para ver lo que hacía.

Amelie no tenía como saber en que trabajaba su esposo en aquel momento. La Srta. V…, después de pocos momentos deconcentración, empezó a describir el local e informó que Allan Kardec escribía un libro bajo la asistencia de varios Espíritus, habiendo uno superior a quien todos prestaban deferencia. Cuando su esposa le describió lo ocurrido, Kardec pudo constatar que la médium había acertado en todo lo que describió del ambiente y de lo que hacia él. Se puede observar que Kardec elaboró la Imitación del Evangelio, y, a partir de la segunda edición, El Evangelio según el Espiritismo, bajo la asistencia directa del Espíritu Verdad, así como ya había ocurrido con El Libro de los Espíritus y El Libro de los Médiums, y ocurría con las demás obras de la codificación espírita. Pero, al fin ¿quién es el Espíritu Verdad? Hay quienes afirman que sería el conjunto de los Espíritus buenos que trabajan por el bien de la Humanidad bajo el comando de Jesús. Otros afirman que es el propio Jesús. No encontramos afirmativa directa de Kardec ni para una, ni para otra opción.

Lo que encontramos es la publicación de un mensaje, firmado por Jesús de Nazaret, en el Capítulo XXXI, ítem IX, de El Libro de los Médiums, editado en 1861. Ese mensaje, tres años después, en 1864, con pequeñas alteraciones de redacción y, ahora, firmada por el Espíritu Verdad, es incluida por el codificador en la Imitación del Evangelio, pudiendo ser encontrada en el Capítulo VI, ítem 5, de El Evangelio según el Espiritismo. Las conclusiones quedan al albedrío de cada uno. Afirmamos solamente que es compatible considerar a Jesús como el Espíritu Verdad y los Espíritus superiores como el equipo que compone el Espíritu de Verdad, la esencia de la Ley Divina que nos es ofrecida en la revelación de Cristo y del Espiritismo. La relación e influencia del Espíritu Verdad con el Espiritismo en la actualidad.

Constatada la relación e influencia del Espíritu Verdad con el Espiritismo por intermedio de Kardec y sus colaboradores de la primera hora, compuesta por una gran cantidad de médiums y trabajadores espíritas que, en distintos sitios y centros espíritas, investigaban, estudiaban, recibían los mensajes que eran enviados al codificador, nos queda preguntar si y cómo el Espíritu Verdad seguirá influenciando el Espiritismo en la actualidad. Para comprender ese aspecto, el espírita necesita entender el significado de ser servidor de Cristo, considerando el Espiritismo en su tríple aspecto como ciencia y filosofía de consecuencia morales, siendo esa moral la de Cristo, conforme explicita el Codificador en el ítem 56 del Capítulo I de La Génesis, donde, en su ítem 41, registra que, para quienes estudian el Espiritismo “[…] el Cristo les parece mayor: ya no es simplemente un filósofo, es un Mesías divino”. Para no dejar dudas, en la Revista Espírita de enero de 1864, Kardec hace constar un mensaje de Hahnemann, recibido por el médium Sr. Albert, de la Sociedad Espírita de Paris, en el cual se refiere al grave problema de la obsesión, que podría ser aliviado cuando “[…] mediante el mejoramiento de la conducta, cada uno procure adquirir el derecho que el Espíritu Verdad, que dirige el globo, le otorgará si es merecedor del mismo”.

¿Qué quiso decir con eso? ¿No será una invitación para que el espiritista se convierta en trabajador en el campo del Señor? Pero eso sólo será posible si el espírita logra alinear su personalidad con la esencialidad que es, para que pueda poner la actual existencia a servicio de los intereses del Espíritu inmortal a punto de poder decir con Pablo de Tarso “ya no soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mí” (Gálatas 2:20). Para alcanzar esa condición es necesario mucho estudio, revisitando las páginas del Nuevo Testamento a la luz del Espiritismo, comprendiendo las palabras de Jesús con base en el conocimiento de la vida futura, como orienta Kardec en el Capítulo II de El Evangelio según el Espiritismo. Se hace necesaria también la práctica de la enseñanza, trasladándola para la vivencia diaria en las relaciones con los demás, haciéndose cada día mejor de lo que se fue anteriormente. En ese proceso necesitará ejercitar el conocimiento de sí mismo (El Libro de los Espíritus, pregunta 919; Mateo 4, 18:1-5 y 20:20-28; todo El Evangelio según el Espiritismo y…), el conocimiento de la Ley Natural (El Libro de los Espíritus, preguntas 614 a 919 y…), el entendimiento de la perfección moral hasta alcanzar la perfecta entrega de sí mismo a los propósitos de la creación divina (Marco 8:35; Mateo 13:12 y 25:14-30; Juan 21:15-17; Lucas 5:1-11 y…).

Camino largo, pero que empieza hoy para el que lo desee, o que continua ahora para aquel que ya empezó su trasformación moral y el esfuerzo de domar sus malas inclinaciones. No hay como huir de la realidad de que somos muy limitados y pequeños, pero la tarea es inmensa y, dentro de ella, Dios nos hizo “lo mínimo posible para que nosotros nos hiciéramos el máximo posible” (Huberto Rohden), o sea y como sabe todo espírita, fuimos creados simple e ignorantes y el Padre nos brinda las pruebas para que nos podamos desarrollar. Es en ese proceso que estamos invitados a ser instrumentos del Espíritu de Verdad para la difusión del amor entre todos por su aplicación en nuestra propia Vida.

El Espíritu Verdad y su inmenso equipo de buenos Espíritus mantuvo relación e influenció todo el proceso de la implantación del Espiritismo en la Tierra como el Consolador Prometido y seguirá en su obra por intermedio de todos los encarnados y desencarnados de buena voluntad que se entreguen a esa obra magnifica de construcción del bien adentro y fuera de cada uno.

Escrito por Carlos Campetti
Centro de Estudios Espíritas Sin Fronteras

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