Plegaria

Todo cuanto en la tierra yo he querido
huye de mí;
¿Qué pecado tan grande he cometido
para sufrir así?

Quise a mi padre con amor profundo
y su olvido sentí,
solo mi pobre madre en este mundo
tuvo piedad de mí.

Solo tú, madre tierna, me has amado
con ciego frenesí.
Te arrebató la muerte de mi lado
pues Dios lo quiso así.

Dulce afección acarició mi mente
y el placer entreví
mas mi dicha alivió tan solamente
yo que lluvia de abril.
Y en ella iré guardadita
hasta llegar a la gloria.

Yo miré con extrañeza
aquella risueña boca
que pronunciaba palabras
¡En tierna edad tan impropias!

¡Hablan de muerte unos labios
cuando aún en ellos rebosa
el alimento primero
qué vida nos proporciona!

¡Morir la flor en capullo
morir el árbol que sombra
no pudieron dar sus ramas
ni prestar nido sus hojas…!

No; tú no debes morir,vive,
vive, niña hermosa;
vive para ser amada,
que Dios te ofrece una copa
que guarda el néctar divino
por el cual los mundos brotan
y el hogar y la familia
te brindan felices horas.

Muera centenaria encina,
mas la azucena preciosa
viva para dar fragancia,
vive, si, blanca paloma
y extiende tus níveas alas…
Feliz quien viva a su sombra

Amalia Domingo y Soler

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