El poder del pensamiento y de la oración

La neurociencia continua su camino, tratando de desentrañar los secretos moleculares, genéticos y neuronales del cerebro. Buscando crear un mapa completo con todas las neuronas y sus rutas (conectomas), y confiriendo al cerebro la capacidad de ser el generador de nuestros pensamientos. Pero, ¿estarán buscando el origen del pensamiento en el lugar adecuado?

Se han registrado algunos casos, de personas que han llevado una vida completamente normal, sin ninguna disfunción cognitiva, sin disponer sin embargo de masa encefálica, sin disponer de cerebro. Algunos como el curioso caso de un alumno de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido. Acudió a un médico y profesor de la Universidad, el doctor John Lorber porque le dolía la cabeza. Al ver que era algo más grande de lo normal, el doctor, quiso averiguar la razón y le hizo un escáner. Lo que el doctor no esperaba encontrar, fue una cabeza prácticamente llena de líquido cefalorraquídeo. Este alumno, con un cociente intelectual en la frontera de la genialidad, mostraba un cuadro crónico de hidrocefalia que le había borrado casi por completo el cerebro.

Sin embargo se licenció con notas brillantes en Matemáticas. Es un caso de 1980, a día de hoy, se sigue analizado. Al igual que este, encontramos documentados varios casos más. En circunstancias excepcionales, la inteligencia puede permanecer intacta a pesar de la destrucción total o parcial del cerebro. En otros términos, todo concurre a demostrar la existencia de un “cerebro espiritual” inmanente en el cerebro físico. El cerebro del periespíritu. Mi hijo Nicolás, que tiene ocho años, lo ha bautizado con una lógica maravillosa como: el pericerebro.

El cerebro físico no es pues el emisor del pensamiento, sino tan solo un receptor, un computador que procesa y ejecuta destacando entre todas las glándulas: la glándula pineal, definida por André Luiz como la glándula física de la vida mental. Para estudiar el recorrido del pensamiento desde su generación, encontramos al espíritu, de naturaleza divina: es el foco de la conciencia y la personalidad. Del espíritu parte el impulso, el origen del pensamiento. En el cuerpo mental, la sede de la mente, es de donde parten inicialmente los impulsos del espíritu transformados en fluido mental, en corrientes de pensamiento. El cuerpo mental, preside la formación del periespíritu o cuerpo espiritual: el Modelo Organizador Biológico de la estructura física, que dirige todos los procesos del mismo. El periespíritu refleja el pensamiento creado en la mente, por lo que el espíritu, no puede disfrazar las cualidades de su fluido. Entre el periespíritu y el cuerpo físico existe un espacio donde circula la corriente de fluido vital, llamado: doble etérico, que es el responsable de la vitalización magnética del cuerpo físico, del funcionamiento de sus órganos. Por último el cuerpo físico, de vibración más densa. En este maravilloso instrumento, se drenan las toxinas que el periespíritu pueda tener, que son fruto de desequilibrios que siempre parten de la mente. Como dice el mentor Alejandro en el libro “Misioneros de la luz”: “cada célula física es instrumento de determinada vibración mental”.

El pensamiento, recorrerá a gran velocidad un largo camino vibratorio, por las distintas estaciones, desde el espíritu que lo genera, hasta nuestro cerebro físico. Este proceso se realiza con el auxilio de los centros vitales, conocidos popularmente como centros de fuerza o “chakras”, que están íntimamente ligados a nuestro sistema nervioso y endocrino. Inmersos en el fluido cósmico universal, que sirve de vehículo al pensamiento, emitimos fluidos, fuerzas vivas capaces de comunicar, capaces de conectarnos e influir profundamente en nosotros, capaces de formar y transformar, siendo modelados por nuestra gran fuerza: la fuerza de la voluntad. Para los espíritus, el pensamiento y la voluntad son lo mismo que la mano para el hombre. Por el pensamiento, imprimen a esos fluidos tal o cual dirección, los aglomeran, combinan o dispersan y organizan con ellos conjuntos que presentan una apariencia y color determinados. Ideas elaboradas con fuerza generan formas dotadas de movimiento, sonido y color en el fluido cósmico que nos rodea: las llamadas ideoplastías, perfectamente perceptibles por todos aquellos que se encuentran sintonizados con la onda que las expresan. Algunas veces, esas transformaciones provienen de una intención, otras son producto de un pensamiento inconsciente. Basta que el espíritu, encarnado o desencarnado, piense una cosa para que esta se produzca. Estas ideoplastías que producimos pensando, pueden quedarse impregnando lugares y pueden afectar asimismo a nuestro equilibrio.

El pensamiento, al crear imágenes fluídicas, se refleja en el periespíritu, como en un espejo y allí adquiere cuerpo y de alguna manera se fotografía. Para los espíritus somos como libros abiertos, pues pueden visualizar con perfecta nitidez el contenido de nuestros pensamientos, incluso los que puedan parecernos más ocultos y pueden por tanto unirse a nosotros, sintonizar con nuestra vibración. No podemos descuidar nuestra casa mental, pues los espíritus desencarnados, conviven con nosotros más de lo que nos podamos imaginar.

La mente, bajo el impulso del espíritu, conforma el periespíritu, que responde a sus órdenes por sus propiedades de plasticidad y porosidad. Para los espíritus desencarnados, una conducta mental desorganizada basada en monoideismos autohipnotizantes, como podría ser por ejemplo una nociva idea de venganza, puede conducirles a una deformación, una atrofia en su periespíritu, perdiendo temporalmente su forma humana: es el caso de los ovoides, descritos por André Luiz en algunas de sus obras, como “Liberación”. En ocasiones, estos hermanos son utilizados por mentes perversas, para provocar graves obsesiones, siendo conectados magnéticamente a sus víctimas, pasando a vivir en régimen de simbiosis nociva, absorbiendo sus fuerzas vitales y psíquicas en movimientos automáticos de succión, a semejanza de verdaderos seres parásitos. Sin embargo, las personas que producen y sintonizan con buenos pensamientos, crean una atmósfera clara de bienestar atrayendo ondas similares.

Si se toma conciencia de que el pensamiento se exterioriza y se proyecta formando imágenes y sugestiones que lanza sobre los objetivos que se propone alcanzar, nada más natural que se consiga armonía y felicidad, cuando la emisión mental sea equilibrada. Vigilemos nuestros pensamientos, tengamos una buena higiene mental, generemos hábitos mentales saludables, elevemos nuestra vibración a través de la oración…el máximo exponente de emisión mental. Orando emitimos una corriente fluídica, cuya frecuencia vibratoria, cuyo poder, será directamente proporcional al sentimiento y a la voluntad que imprimamos en ella. Con la oración podemos: loar, pedir o agradecer. No hay un lugar específico para su realización, podemos orar desde cualquier lugar y en cualquier momento, pues, como nos enseñan en “En el Evangelio según el espiritismo” : la forma no es nada, el pensamiento lo es todo. Es muy positivo cultivar el hábito de la oración antes de dormirnos, para emanciparnos protegidos, con una vibración más elevada.

Siguiendo el consejo de San Agustín en la pregunta 919 de “El libro de los Espíritus” : tener unos instantes para interrogar a nuestra conciencia, pasando revista a nuestros actos y pensamientos del día que concluye, con la finalidad de conocernos mejor, de poner atención en nuestros errores. De este modo, iremos mejorando, reconduciendo nuestra conducta. Igualmente, es recomendable la oración al despertarnos, elevar nuestro sentimiento a Dios, agradeciendo la oportunidad de un nuevo día de aprendizaje, de mejoramiento en la tierra, pues ese es el objetivo y esa es la propuesta y base de la doctrina espirita: nuestro mejoramiento moral… cómo nos esclarece Allan Kardec: “Se reconoce al verdadero espírita por su transformación moral y por los esfuerzos que hace para dominar sus malas inclinaciones”

Podemos leer en Marcos 11,24: “Todo lo que pidáis en la oración, creed que lo habéis recibido y lo tendréis”. Cuando oramos para que algo ocurra, estamos sintiendo que no existe en ese momento. Este pasaje de Jesús, nos invita a sentir el resultado de esa oración, como si ya hubiera sido concedida. Existen numerosos casos de curaciones espontáneas. Estos pacientes, en lugar de desear recobrar la salud, vivían como si estuviesen completamente recuperados. Visualizaban la cara de sorpresa de los médicos al verlos curados de una enfermedad incurable. Oraban agradeciendo el estar curados. Es el poder del pensamiento, el poder de la oración bien conducidos…

Nuestro maestro Jesús, nos enseñó que la oración debe constituir nuestro recurso permanente de comunión sin interrupción con Dios. Es necesario, cultivarla, para que ella se torne un elemento natural en nuestra vida, como la propia respiración… desde el corazón…siempre con AMOR.

Escrito por Alfredo Alonso de la Fuente

Centro Espírita Alborada Nueva de Torrejón de Ardoz (Madrid) Revista FEE

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