Vida y valores (Enfermos y enfermedades)

Indudablemente, somos un gran cuerpo eléctrico. El ser humano, el alma humana es un conjunto de energías pensantes. Sí, todos nosotros. Todo cuanto existe, en el Universo, es formado por esa energía cósmica. Somos parte de esa energía cósmica. Consonante a los principios que regulan la vida del Universo, después del gran Creador que es Dios, la materia, el Espíritu, somos parte de ese Ser Espiritual. Somos Espíritu y tenemos unión con la materia, ese otro principio, a fin de que, a través de esos contactos con la materia, podamos desarrollar nuestras habilidades, nuestro intelecto, nuestras más profundas capacidades. Naturalmente, cuando pensamos así, vale la pena considerar que, si somos un conjunto de energías, tenemos una determinada frecuencia de vibración. Vibramos dentro de un determinado cuadro, dentro de un determinado espectro, que hace con que esas energías pulsen, y esa pulsación de la energía que nos compone, decimos que es nuestra vibración.

Cada criatura tiene su vibración natural, el número de pulsaciones por segundo. También podemos decir que, cada cual de nosotros tiene su frecuencia vibratoria y, gracias a ese fenómeno de nuestra frecuencia vibratoria, se establecen las relaciones del ser espiritual que somos nosotros, con el cuerpo físico del cual nosotros utilizamos. Ahora, cuando pensamos así, vale la pena imaginar otro cuadro. Si tuviéramos una red eléctrica, por donde pasa una determinada corriente eléctrica y, en un dado momento, esa corriente sufre una tensión alta, su tensión seria ampliada en demasía, obtendríamos un fenómeno llamado de corto circuito. Toda la instalación se quemaría (entre comillas), se desarmaría y, de acuerdo con el caso, se incendiaria. Entonces, es importantísimo que verifiquemos que esas energías, de que somos compuestos, también sufren esos fenómenos de la mente, del ser espiritual en sí. Cuantas veces tenemos determinados hábitos psíquicos que hacen con que nuestra frecuencia vibratoria sea más alta. Una frecuencia más alta, más luminosa, una frecuencia más alta, pero en altos planos, una frecuencia más alta, mejores contactos psíquicos. Pero, hay situaciones en que nuestra frecuencia es más baja.

Al contrario de formar ondas cortas, ondas largas, ondas pastosas (entre comillas), es cuando llegamos a ese punto de desarrollar esas ondas densas, bajas, nuestro cuerpo no recibe más esa nutrición de los altos planos, esas energías espirituales de alto nivel. Pasamos a comulgar con los niveles bajos de la vida, las energías bajas de la vida, las mentes inferiores de la vida. Y, esa energía inferior que nos llega o que desarrollamos en nosotros, va bombardeando nuestras células, va bombardeando nuestro cuerpo físico. A partir de ahí, ese cuerpo físico estando bombardeado periódicamente o constantemente, estaremos físicamente enfermos. Veamos, la enfermedad no comenzó en el cuerpo, la dolencia comenzó en la mente, en el ser energético, en el individuo espiritual que somos.

Podemos apreciar como seria nuestra relación mental con el cuerpo del cual nosotros utilizamos. Somos nosotros que, de manera consciente o no, enfermamos nuestro cuerpo. Somos nosotros que, de un modo o de otro, actuamos sobre nuestra carcasa física y por causa de eso, valdrá la pena situarnos en ese capítulo de la salud. Para nosotros situarnos ahí será necesario volvernos personas saludables. ¿Y cómo podemos volvernos unas personas saludables? Hay diversos modos, a través de los cuales, podremos desarrollar la salud que buscamos o que queremos mantener.

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Para mantener nuestra salud en buen estado o para adquirir salud, tenemos que adoptar ciertas disciplinas en la vida y, una gran disciplina comienza por la disciplina mental. ¿Qué es lo que vamos leyendo, conversando, pensando? ¿Qué es lo que pensamos en nuestra mente el mayor número de veces o durante más tiempo? Tenemos que tener esos cuidados porque, al final de cuentas, nuestras patologías, nuestras dolencias tienen marcas, ellas son personalizadas. Varias personas tienen cáncer, por ejemplo, pero cada una de ellas lo tiene por una razón propia. Varias personas tienen SIDA, pero cada una de ellas por una razón especifica. El hecho es que nuestro psiquismo alimenta o no determinados virus, determinadas bacterias. Es nuestra mente que faculta el caldo de cultivo para que determinados microorganismos se desarrollen o no, en nuestro cuerpo. Todos cargamos en el organismo el bacilo de la tuberculosis, por ejemplo, porque respiramos en medio de todo el mundo, en lugares cerrados, pero no quedemos tuberculosos con facilidad. A partir del momento que nos abandonemos, que abandonemos el cuerpo, que nos descuidemos, es bien posible que esos microorganismos se desarrollen y seamos personas tuberculosas.

Vemos tanta gente seropositiva, portadora del VIH, que vive normalmente, que trabaja, que se casa, que tiene hijos, etc. Pero, otros son tomados de determinados estados del alma que, en poco tiempo, el cuerpo entra en debacle y se acaba. ¿Por qué será si es el mismo virus? Porque, en cada individuo, ese virus va a encontrar un caldo de cultivo diferente. Hay aquellos que dicen; Esa enfermedad no me va a matar, esa enfermedad no me va a hacer mal la vida. Y hay otros que dicen: Yo estoy en el fin, yo ya no tengo remedio. Claro que si yo tengo una vida mental pesimista, negativa, voy a permitir que todos los microbios hagan fiesta en mi organismo. Si tengo una mente positiva, si tengo una mente activa, yo digo que no y trabajo, de tal manera, que no permito que esos microorganismos hagan fiesta en mi cuerpo. Es de ese modo que nuestras enfermedades son fabricadas por nosotros, son producidas por nosotros.

Los virus están ahí, bacterias están por ahí, los microorganismos los asimilamos en todos los lugares, sin embargo, cuando ellos alcanzan nuestro organismo, somos nosotros aquellos que les damos guarida o no, a través de nuestros procesos mentales. Jesús Cristo nos dice y el Evangelista Mateo anotó en el capítulo V de su Evangelio, vv.29 y 30, que si nuestro ojo fuera motivo de escándalo es mejor retirarlo que entrar en la vida con el ojo y perder el alma. Si nuestra mano fuese motivo de escándalo, será mejor cortarla, tirarla afuera, que entrar con la mano y perder el alma, perder nuestra paz. En esta simbología utilizada por el Maestro Nazareno, podemos imaginar todos los demás órganos de nuestro cuerpo físico, todos los demás recursos de nuestro cuerpo físico o de nuestra mente, cuando mal utilizados, generando problemas, potencializando enfermedades en nosotros. De ahí, el mal ojo, el individuo que entrevé, que mira, que ve, para forjar la maledicencia, para la intriga, para calumnias, ciertamente uso más su capacidad de ver. Si tu ojo es motivo de escándalo, no es el ojo físico, es el modo de ver, porque, en otro momento, el mismo Cristo nos enseña: Cuando tus ojos fuesen buenos, todo tu cuerpo tendrá luz.

Cuando nuestra manera de ver el mundo fuera positiva, mejor, nosotros estaremos creciendo. Eso será un indicio de nuestro progreso, de nuestra evolución y es por causa de esto, vale la pena estar siempre atentos a nuestra salud y a nuestras dolencias. Cuando el organismo enferma, podremos buscar donde estamos creando circuitos, de tal forma que el cuerpo está entrando en un corto circuito. ¿A dónde estamos buscando esas energías horribles? Cuando eso ocurre en los niños, en los recién nacidos, nosotros aprendemos en el Evangelio Según el Espiritismo que, si la causa no está en la actualidad de la vida, esa causa viene de las experiencias pasadas del alma, porque Dios es amor y por ser amor es absolutamente justo.

Nuestras enfermedades o nuestra salud dependen de nosotros.

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 128, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em janeiro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 07.09.2008. Em 08.01.2009. Traducido por Jacob.

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