Consciencia del error

El conocimiento espirita ha evitado que muchas mujeres se comprometan en el aborto provocado, ese “asesinato intrauterino”, pero, constituye, también, un tormento para aquellas que lo practicaron. Miedo, remordimiento, angustia, depresión, son algunas de sus reacciones.

Naturalmente eso ocurre siempre que somos informados de lo que nos espera frente a un comportamiento desajustado. Sin embargo, equivocados están los que pretenden ver en la Doctrina Espirita la reedición de doctrinas escatológicas fustigantes y anatematizadoras.

Apoyándose en la lógica y en el raciocinio y exaltando la libertad de conciencia, el Espiritismo no condena, esclarece; no amenaza, concientiza. Y mucho más que revelar el mal que hay en el hombre, tiene por objetivo ayudarlo a encontrar el Bien. Espíritus inmaduros, comprometidos con liviandades e inconsecuencias, somos todos, o no estaríamos en la Tierra, planeta de expiación y pruebas.

Pesa sobre nuestros hombros el pasado delictuoso, imponiéndonos experiencias dolorosas. No por eso debemos atravesar la existencia cultivando complejos de culpa.

Lo que distingue a la mujer que practicó el aborto es solo una localización en el tiempo. Ella se comprometió hoy, tanto como todos nos comprometemos con males tal vez más graves, en vidas anteriores. Y si muchos están rescatando sus crímenes en las gradas del sufrimiento, con cobros rigurosos de la Justicia Divina, simplemente porque nada hicieron al respecto, hay que considerar la posibilidad de redimirnos con el ejercicio del Bien.

“Misericordia quiero y no sacrificio” dice Jesús, recordando al profeta Oseas (Mateo 9:13), demostrando que no necesitamos flagelarnos o esperar que la Ley Divina nos flagele para el rescate de débitos. 

El ejercicio de la misericordia, en el empeño del Bien, nos ofrece una opción más tranquila. La mujer que cometió el crimen del aborto puede perfectamente renovar su destino disponiéndose a trabajar en favor de la infancia desvalida, en iniciativas como adopción de hijos, socorro a niños carentes, trabajo voluntario en guarderías, orfanatos…

Su empeño en este sentido le proporcionará una preciosa iniciación en las bendiciones de la Caridad y del Amor, habilitándola a la renovación y al reajuste, sin traumas y sin tormentos.

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.