Vida y valores (La bendición del cuerpo)

San Francisco de Asís acostumbraba decir que su cuerpo era un dulce burrito. Y explicaba que aquel burrito lo llevaba por todas partes. Obediente, tranquilo, exigiéndole muy poco, con muy pocas necesidades. Cuando pensamos en esa imagen creada por Francisco, de que nuestro cuerpo sería nuestro burrito imaginamos que él es nuestro instrumento de trabajo en la Tierra. Es gracias a nuestro cuerpo que nosotros, seres espirituales, aprendemos en el camino de la evolución. Del mismo modo que, para desplazarnos en el mundo, necesitamos de vehículos que nos lleven de aquí para allí, para venir del mundo de los Espíritus para la Tierra, todos precisamos de ese instrumento corporal, de ese vehículo que llamamos cuerpo físico.

Parece, sin embargo, que poca gente da importancia al cuerpo físico como debería darse. Lo trata con una cierta dejadez, con cierta indiferencia, con ciertos descuidos. El cuerpo físico es, de hecho, esa oficina notable de bendiciones, ese burrito maravilloso que nos lleva para todo lugar. Pero tiene necesidades propias.

Aunque San Francisco tuviese un cuerpo que expresase menos esas necesidades por la disciplina que le era impuesta por su dueño, todos nosotros cargamos, en nuestros cuerpos, necesidades formidables. Es importante notar como este cuerpo nos sirve. Cuando estamos en el mundo de los Espíritus sin él, entrevemos todo, sentimos todo, oímos todo con nuestra integridad.

Dios es tan misericordioso que, cuando llegamos a la Tierra, en la bendición del renacimiento, ese canal de audición está localizado a través de nuestros oídos. Imaginémonos en un cuerpo y oyendo por el cuerpo entero, percibiendo por el cuerpo entero. Para los cotillas sería maravilloso, para los intrigantes sería importante, pero notaríamos profundamente perturbaciones por el cuerpo entero, oír por el cuerpo entero. Entonces, tenemos los canales establecidos, oímos solamente por los oídos. Y esos canales tienen uniones cerebrales. Percibiremos solamente por los ojos y nuestros ojos tienen uniones cerebrales. Percibimos el olfato apenas por la nariz, pero ese olfato tiene raíces en nuestro cerebro. Hablamos por la boca. Sentimos el tacto por el cuerpo entero: la única cosa que queda esparcida por el cuerpo entero, porque nuestro cuerpo entero necesita percibir el ambiente donde estamos, porque caminaremos, nos sentaremos, nos acostamos, tocaremos objetos, sentiremos el clima. Entonces, necesitamos tener, en esas células sensibles, el notar todo nuestro alrededor, de todo el mundo que nos rodea, de todo el environnement. Es por causa de eso que nuestro cuerpo físico representa una bendición para nosotros, y él aún tiene un elemento formidable a enriquecernos de bendiciones. Es que cuando estamos en el mundo de los Espíritus, antes de venir para la Tierra, cargamos las marcas profundas de nuestros conflictos, de nuestros miedos, cargamos las estructuras de nuestros remordimientos, de los complejos de culpa. Y el cuerpo físico, cuando nos sumergimos en él, sirve como una cubierta. Es como una pantalla de una lámpara que atenúa la intensidad de la luminosidad, quedamos cubiertos en nuestro cuerpo físico, relativamente a todas las potencialidades que tenemos. También nos olvidamos de todos los tormentos que nos aguijonean, en caso contrario, sería imposible para nosotros caminar por la Tierra y darnos cuenta de los compromisos que tenemos.

Es por eso que vemos, en la bendición de nuestro cuerpo físico, esa excelente oportunidad que la Divinidad nos concede de estar aquí resguardados, aplomados con nuestro cuerpo, con nuestro dulce jumento. Vale la pena pensar en ese cuerpo físico, dándole lo que necesita, las oportunidades que él necesita tener: la buena alimentación, una buena nutrición, el trabajo para que se mueva, el reposo que es parte de las Leyes de Dios. El cuerpo necesita de todo la dosificación correcta. Cuando desviamos de una forma o de otra, sacrificándolo y, ciertamente, él acabará nuestra existencia terrestre más temprano, porque maltratándolo, morimos antes.

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Para que no muramos antes de tiempo, vale la pena tratar bien este cuerpo que Dios nos dio. No importa que sea gordo, delgado, alto, bajo, lesionado, con problemas. Es lo mejor que Dios tiene para darnos. Es la riqueza que cargamos en el mundo y que tenemos que valorizar. ¡Ah!, unos son orejones, otros tienen la nariz grande. Ningún problema, todo está dentro de lo que necesitamos para vivir bien en la Tierra, para estar bien en el mundo. Cuando comprendemos el procesamiento del cuerpo, no nos importa el exterior, importa la grandeza que él representa para nosotros. Imaginemos nuestro cerebro, esa cabina notable donde el gran comandante, que es el Espíritu, realiza su administración corporal. Es en el cerebro que están unidos todos los implementos de nuestro cuerpo. Es allí que esta la cabina de comando.

Una espetada en la punta del dedo del pie o un estirón del pelo, todo repercute en el centro neurológico de las sensaciones. Notamos un mosquito que camina sobre nuestra piel, una pulga que salta en nosotros, un insecto cualquiera, notamos el agua fría, el agua caliente, el clima frio, el clima caluroso. Notamos todo, gracias a nuestro tacto. Todas esas informaciones van para el cerebro. Las imágenes llegan a nuestros ojos invertidas y el cerebro trabaja para que se vea todo en el debido lugar. La audición, el martillo, la bigornia después de la vibración del tímpano, todo eso haciendo con que los mensajes auditivos, los mensajes sonoros nos alcancen el cerebro e identifiquemos si es el zumbido de un insecto, si es una moneda que cae, si es la voz de Fulano o de Beltrano. Identificamos con perfección.

Nuestro cerebro es un gran laboratorio de informática, una cabina de computadores donde todas las cosas son seleccionadas por sus clases, categorías. Sabemos las voces que nos son familiares y las que no nos son familiares, los sonidos que ya conocemos y aquellos que ignoramos. Pero, cuando partimos para el corazón, ¡Dios mío! Una bombita de nada, casi una mano de hombre cerrada que irriga todo el cuerpo, sea del tamaño que sea ese cuerpo. Esa bomba proyecta con su fuerza la sangre, que es oxigenado por los pulmones para todo el cuerpo. Las arterias, las venas, los vasos, en todas los lugares de nuestro cuerpo físico allá está la sangre llevando vida, llevando nutrientes, llevando progreso, como los ríos que cortan un territorio geográfico. Nuestro corazón que, tan pocas veces pensamos en él, se mueve gracias a impulsos de la electricidad. Si, es verdad.

Un importante investigador. Dr Hiss, descubrió que nuestro corazón, en su movimiento de sístole y de diástole, en sus latidos, es movido por electricidad. El haz de Hiss es un haz movido por electricidad, es un haz eléctrico que existe en nuestro musculo cardíaco, responsable por esa polarización: sístole, diástole. Cuando eso no ocurre, el corazón para y nosotros salimos del cuerpo. Morimos. Ese musculo tan pequeño, tan fuerte, tan preciso, tan capaz, durante mucho tiempo en el mundo fue visto como siendo el órgano de la inteligencia.

Se decía que aprendemos las cosas a través del corazón. Hasta hoy, hablamos de eso, aunque no creamos que sea a través del corazón, pero usamos tradicionalmente esas expresiones: Soy de corazón. Cuando yo sé muy bien las cosas, digo que lo sé de corazón, se de cor. Cor es de corazón. Cor, cordes, del latín. Entonces el corazón es ese órgano tan importante que los antiguos admitían que es a través de él que sabemos todas las cosas, guardamos todas las informaciones. Cuando nos gusta alguna cosa, lo guardamos en el corazón: personas, momentos, recuerdos.

Como es de importante nuestro cuerpo, que nos lleva para todos los lugares. Solo vemos su importancia, lamentablemente, cuando nos falla. En la hora en que nos duelo el pecho, y tenemos la sensación de que vamos a morir, ahí nos acordamos del cuerpo. Muchas veces, en esa hora, ya es tarde. Cuando somos jóvenes, maduros o en la vejez, tratemos bien el cuerpo, de nuestro dulce jumento, porque, como quiera que él sea, es para todos nosotros, los que vivimos aquí en el planeta, la gran bendición de Dios, la bendición de nuestro cuerpo.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 161, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em julho de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 25.10.2009. Em 06.01.2010. Traducido por Jacob.

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