Simplicidad y grandeza del Espiritismo

La Doctrina Espírita, por sus fundamentos y desdoblamientos propios de su contenido doctrinario, es grandiosa por varias razones. Entre ellas, se destacan los beneficios directos del esclarecimiento a la mente humana, basados en la más perfecta lógica y buen sentido, además del alivio al corazón por el consuelo propio del mensaje totalmente estructurado en el Evangelio de Jesús. Sus respuestas a las extensas cuestiones humanas, todas construidas en las bases de la ciencia, de la filosofía y de la religión, además de su triple aspecto de sus fundamentos, atienden a todos los estadios del intelecto humano, cuando la persona se libere de preconceptos y acepte estudiar para conocer al menos, aunque a título cultural, pues la Doctrina Espírita desea sólo ser conocida, nunca impuesta.

Sus bases inspiran el amor al prójimo, en el amplio sentido de la caridad, dispensan cualquier formalismo o rituales, invitan a la fe racional y estimulan el autoperfeccionamiento y el trabajo en el bien como herramientas de conquista del mérito de la felicidad accesible a cualquier persona. Por eso, están distantes de la práctica espírita las manifestaciones de la vanidad, de la autopromoción, de la imposición de ideas, de los abusos de cualquier especie, de la explotación de la fe e incluso la obtención de cualquier ventaja. Y como ahora la idea espírita ya encuentra una amplia aceptación en el medio popular, surgen los peligros de la infiltración de ideas y posicionamientos extraños a la simplicidad y grandeza del mensaje espírita.

Es donde surge el exhibicionismo o la publicación de obras extrañas, con ideologías conflictivas con la pureza de los principios espíritas, comprometiendo la lógica y el buen sentido tan bien expresados en la genuina literatura espírita. Es donde surge el uso de términos exóticos, de difícil comprensión para el gran público, complicando la simplicidad de las enseñanzas. Eventos o promociones inaccesibles a la gran masa popular, distanciando el pensamiento confortador de Jesús de las angustias del pueblo… Y más los festivales de vanidad que humillan o exigencias impropias, totalmente incoherentes con la simplicidad de las enseñanzas del amor traídos por el Maestro de la Humanidad. Pero es en la literatura y en la tribuna, tal vez, sin contar los alfilerazos propios de la difícil relación humana, que nos estamos comprometiendo más. Es cuando no simplificamos las enseñanzas y deseamos dar demostraciones intelectuales en vez de preocuparnos con la claridad propia del Espiritismo. Tenemos que “masticar” las enseñanzas para la mente popular, tenemos que hacer llegar la grandeza del Espiritismo en el día a día de las dificultades que la persona está enfrentando para que pueda superar sus dramas y angustias. Nadie niega, aun, que hay eventos, estudios y literaturas específicas que exigen más cualificación y dirección específica. Pero complicar algo tan simple y al mismo tiempo grandioso, inventar teorías, preocuparse con opiniones personales, desear proyectarse a través de teorías esdrújulas, extrañas e incoherentes, ya es otra cosa que se sitúa muy distante de las propuestas de renovación y perfeccionamiento traídas por el Espiritismo.

Que podamos despertar de ese letargo de una concurrencia que intenta sobreponerse al propio Espiritismo para volcar la atención debida y merecida a la tarea que mutuamente asumimos de honrar el conocimiento liberador de la extraordinaria Doctrina Espírita. ¿Libros o teorías extrañas al Espiritismo, que intentan imponer ideas esdrújulas? Basta seguir el consejo de Erasto en El Libro de los Médiums*: “(…) Desde que una opinión nueva se presenta, por poco que nos parezca dudosa, pasadla por la criba de la razón y de la lógica; lo que la razón y el buen sentido reprueban, rechaza osadamente; vale más rechazar diez verdades que admitir una sola mentira (…)” Los que tienen el don de la palabra, hablen, hagan charlas públicas, conferencias; los que tienen el de escribir escriban; y los que no pueden coordinar ideas, copien escritos doctrinarios incluidos en las obras espíritas y lean por ocasión de las reuniones, que deben ser en días determinados y con las puertas abiertas, con entrada gratuita.

Cairbar Schutel
Mensaje traducido por Isabel Porras-España.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.