Médium confundido

Como dijo Allan Kardec, el insigne Codificador del espiritismo, sin duda alguna, el mayor adversario de la mediúmnidad es la obsesión, y sus antídotos eficaces son, como lo dijimos anteriormente, el conocimiento y la práctica sana de la doctrina incorporada al quehacer diario. Sin embargo, sólo ocurre la obsesión, porque el adversario espiritual encuentra en quien persigue, las conexiones necesarias para poder establecerse de una manera nociva, éstas son procedentes de experiencias anteriores o en la actualidad son producto de una conducta incorrecta.

Referente a las vicisitudes originadas en el pasado, el hombre dispone en la actualidad, de una formación corpórea para redimirse, para fortalecer la existencia con valores positivos que le permitan adquirir bendiciones, para disciplinarse y para producir con valentía los elevados objetivos de la vida. Cuando el hombre toma conciencia del significado de su reencarnación, invierte todos los recursos morales e intelectuales con la finalidad de mejorar, limando las asperezas que representan los vicios y defectos que contribuyeron a su caída en la desdicha.

Se da cuenta que cada momento bien utilizado, puede eliminar obstáculos que permanecen dificultando su caminar y al mismo tiempo ayuda a las personas que están a su alrededor, éstas pueden ser los que lo llenan de aflicciones, como aquellos que lo impelen al fracaso, o también los que cooperan fraternalmente a favor de su reequilibrio, ofreciéndoles a todos la luz de la fe liberadora y el calor de la amistad pura. Es en este sentido, el de la ascensión, en que la mediúmnidad se le presenta como un excelente instrumento de elevación por los beneficios que puede proporcionar, ya que tiene como objetivo la demostración de la sobrevivencia del alma, consecuentemente teniéndose en cuenta el gran número de sufridores que pululan en todas partes, es una puerta de acción para la caridad. Éste es el punto en donde reside la alta responsabilidad mediúmnica, la cual refleja la conducta del intermediario. Según sea ésta, aparecerá aquella.

La ley de las afinidades y de las semejanzas funciona automáticamente, atrayendo a la órbita de acción del medianero a los espíritus que le son equivalentes en propósitos y aspiraciones, comportamientos e intereses. Sin embargo, verdaderos fantasmas, rondan al médium en forma de compañía, que por culpa de su falta de vigilancia, terminan por dominarlo, llevando a la mediúmnidad a desaciertos muy lamentables.

La presunción, que se deriva del orgullo, es uno de los enemigos más fuertes, porque le sugiere al médium una cierta invulnerabilidad contra las fuerzas negativas, volviéndolo desde ese momento, víctima de la burla y de las mistificaciones de los espíritus ociosos y perversos. Además de esta imperfección, una reprochable conducta lo envuelve en vibraciones viles que lo intoxican, desarticulando los delicados mecanismos psíquicos encargados de los registros superiores, que estarán sintonizados con las franjas más groseras de la esfera inferior. El complejo mecanismo de la mediúmnidad exige un trato cuidadoso que el sensitivo debe administrar con un celo y cariño especial, de tal forma que pueda estar en constante armonía, porque la función mediúmnica es permanente y no está restringida a determinados momentos.

La vida mental enriquecida en imágenes optimistas y de repercusiones superiores, derivadas de la oración y de una vida saludable, funciona en la sensible y muy sofisticada herramienta paranormal, como un lubricante oportuno e indispensable. El ácido de la rebeldía cultivada, el óxido del constante mal humor, el salitre de la ambición y los venenos emanados por viles pasiones exorbitantes, se vuelven corrosivos en los implementos que conforman los nobles equipos, que están destinados para fines de liberación. Cuando se presentan los desarreglos mediúmnicos por uso indebido, ya sea por inducción obsesiva o por una indisciplina moral del intermediario, el camino en dirección al abismo es lamentable y casi siempre irreversible. Por ello, Médiums que viven situaciones psíquicas en altibajos en el ejercicio del ministerio para el que están preparados, malogran la facultad bendita a la que deberían dignificar, porque todos sin excepción la pidieron antes de renacer, porque sabían que su uso correcto les concedería la palma de la victoria con un regreso triunfal en paz hacia la Patria, cosa que no sucederá debido a la locura por la que se dejaron poseer, y por la que tendrán que pasar futuras experiencias en el cuerpo bajo dolores inconmensurables, los cuales hoy podrían ser evitados.

Vianna de Carvalho

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro «Médiums Y Mediumnidades»

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