Tragedias Colectivas – ¿Por qué suceden?

Casos como de la imagen de arriba, donde desencarnaron casi 300 jóvenes, nos dejan profundamente tristes e inconformados. ¿Por qué Dios permite eso? Muchos preguntan en lágrimas. Para nosotros, simples mortales, es difícil entender una tragedia colectiva, pero, todo en la Ley de Dios, tiene un propósito mayor y, en el caso de los desencarnes colectivos, el nombre es Regeneración de la Humanidad.

Por lo que observamos, en cuanto vivimos, la evolución es siempre lenta, entonces, Dios, de vez en cuando acelera esa evolución, cambiando Espíritus de menor conocimiento por Espíritus más instruidos, y, así, vamos evolucionando hasta llegar al Plano Iluminado Mayor, donde habita Dios y no necesitamos reencarnar más, a no ser para cumplir misiones de ayuda humanitaria.

Para mejor entender la cuestión de las expiaciones colectivas, esclarece el Espíritu Clélia Duplantier, en Obras Póstumas, que es preciso ver el hombre bajo tres aspectos: el individuo, el miembro de la familia y, finalmente, el ciudadano. Bajo cada uno de esos aspectos, puede ser criminal o virtuoso. En razón de eso, existen las faltas del individuo, las de la familia y las de la nación. Cada una de esas faltas, cualquiera que sea el aspecto, puede ser reparada por la aplicación de la misma ley. La reparación de los errores practicados por una familia o por un cierto número de personas es también solidaria, esto es, los mismos espíritus que erraron juntos se reúnen para reparar sus faltas. La ley de acción y reacción, en ese caso, que actúa sobre el individuo, es la misma que actúa sobre la familia, la nación, las razas, en fin, el conjunto de habitantes de los mundos, los cuales forman individualidades colectivas. Tal reparación se da porque el alma, cuando retorna al Mundo Espiritual, consciente de la responsabilidad propia, hace el análisis de sus débitos pasados y, por eso mismo, ruega los medios precisos a fin de rescatarlos debidamente. Según Emmanuel, nosotros “creamos la culpa y nosotros mismos trazamos los procesos destinados a extinguir las consecuencias. Y la Sabiduría Divina se vale de nuestros esfuerzos y tareas de rescate y reajuste a fin de inducirnos a estudios y progresos siempre más amplios al respecto de nuestra propia seguridad. Es por este motivo que, de todas las calamidades terrestres, el Hombre se retira con más experiencia y más luz en el cerebro y en el corazón, para defenderse y valorizar las vida” Tales apuntes fueron hechos al final del capítulo titulado “Desencarnaciones Colectivas” en el libro Chico Xavier Pide Permiso, cuando el benefactor espiritual responde porque Dios permite la muerte aflictiva de tantas personas enclaustradas e indefensas, como en los casos de incendios.

Terremotos

Imaginemos guerreros del pasado que destruían ciudades, arrasaban hogares, matando mujeres y niños bajo los escombros de sus casas, haciendo millares de víctimas. Es lógico que los espíritus de esos guerreros, al reencarnar en la Tierra en nuevos cuerpos, atraídos por una fuerza magnética por los crímenes practicados colectivamente, se reúnan en determinadas circunstancias, y sufran, “en la piel” por medio de un terremoto u otra catástrofe semejante, el mismo mal que hicieron a sus víctimas indefensas de ayer.

Accidentes de Avión

El Espíritu André Luiz, en el capítulo 18 del libro Acción y Reacción, psicografiado por Chico Xavier, esclarece que piratas que hundieron y saquearon criminosamente embarcaciones indefensas en el mar, aniquilando innúmeras vidas, ahora encarnados en otros cuerpos, mueren colectivamente en accidentes de avión.

Tragedia del circo

En 17 de diciembre de 1961, en la ciudad de Niterói, en conmovedora tragedia en un circo, la justicia de la ley, a través de la reencarnación, reunió a los responsables en diversas posiciones de edad física, para la dolorosa expiación, conforme relata el Espíritu Humberto de Campos, por el médium Chico Xavier, en el libro Crónicas del Más Allá del Túmulo. Los que murieron en el siglo XX en el circo de Niterói fueron los mismos que, en el año de 177 de nuestra era, quemaron cerca de mil niños y mujeres cristianos en una arena de un circo en la Gália, región de Francia, en la época del Imperio Romano.

Otras causas

Aun en el mensaje “Desencarnaciones Colectivas”, el benefactor espiritual Emmanuel esclarece otros motivos para las muertes que se verifican colectivamente. Dice: “Invasores enredados por la propia ambición, que aniquilábamos colectividades en la voluptuosidad del saqueo, volvemos a la Tierra con encargos diferentes, pero en régimen de encuentros marcado para la desencarnación conjunta en accidentes públicos. Explotadores de la comunidad, cuando le agotábamos las fuerzas en provecho personal, pedimos la vuelta al cuerpo denso para estar al frente unidos al ápice de epidemias arrasadoras. Promotores de guerras conducidos para el asalto y la crueldad por la megalomanía del oro y del poder, en nosotros fortalecido para la regeneración, pleiteamos al Plano Físico a fin de sufrir la muerte de parte aparentemente inmerecida, en acontecimientos de sangre y lágrimas. Corsarios que provocábamos fuego a embarcaciones y ciudades en la conquista de presas fáciles, observando en nosotros, en el Más Allá, con los problemas de la culpa, solicitamos el retorno a la Tierra para la desencarnación colectiva en dolorosos incendios, inexplicables sin la reencarnación.”

Dice Allan Kardec, en los comentarios de la cuestión 738 de El libro de los Espíritus, que “Ya sea que la muerte llegue debido a una calamidad o por una causa ordinaria, nos es necesario morir cuando la hora de partir ha llegado. La única diferencia estriba en que en aquellos casos se marchan un gran número de personas al mismo tiempo”. Y finalmente, según esclarecen los Espíritus Superiores a Allan Kardec, en las respuesta a la cuestión 740 de El libro de los Espíritus. “las plagas son pruebas que ofrecen al ser humano ocasión de ejercer su inteligencia y poner de relieve su paciencia y resignación a la voluntad de Dios, colocándolo en situación de manifestar sus sentimientos de abnegación, desinterés y amor al prójimo, si no está él dominado por el egoísmo.”

En cuanto creamos que el tiempo nos pertenece, muchas veces, caemos presas de bejucales de sombra, pero, cuando comprendemos que el tiempo es de Dios, nuestro retorno a la paz se concretiza en bendecida recuperación de nosotros mismos para el amor que todo regenera y todo santifica.

Fuentes: Aparecida – Francisco Cândido Xavier; Livro: «Comandos do Amor», por Espíritos diversos, pelo Médium Francisco Cândido Xavier. Extraído de Rede Amigo Espirita. Traducido por Jacob

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.