Cuando sufrieres

¡Cuando sufrieres, medita en el indefinible poder de renovación que se engendra en los vencidos!…

Los gritos burlones con que festejaban los triunfos los déspotas de la antigüedad, han desaparecido; ellos tomaron el camino piadoso de la muerte y el de las cenizas que apagaron su ingrata memoria; pero la justicia tomó las lágrimas de cuantos cayeron bajo sus carros de guerra sangrientos para esculpir con ellas las leyes que, ennoblecen a la humanidad.

Los sarcasmos de los que traficaban con la vida de sus semejantes fueron sepultados en la estrechez de los sepulcros; pero el llanto de los esclavos, provocado por el látigo implacable del cautiverio, clarificó la visión de las naciones conscientes para que pudieran contemplar la luz inextinguible de la libertad.

Cuando sufrieres por alguien o por alguna causa noble, reflexiona en Aquel que la Sabiduría Divina envió a la Tierra para el engrandecimiento de todos. La Eterna Bondad lo hizo nacer entre cánticos angélicos y al fulgor de una estrella y permitió también que le fuese negada una cuna entre los hombres.

Ubicó su divina embajada entre quienes poseían en el mundo las más elevadas nociones religiosas, lo cual no impidió que ignorasen su radiante presencia. Lo dotó de carismas sublimes para levantar a los paralíticos e iluminar a los ciegos, a la vez que le otorgó los caminos por albergue.

Le confirió la ciencia del Universo en su palabra sencilla, mas no le concedió ningún cenáculo de piedra para brindar sus enseñanzas, por cuanto había providenciado para que los desheredados y los enfermos, los cansados y los parias integrasen las asambleas de oyentes en la misma amplitud de los campos.

Revistió su influencia personal con todos los atributos del bien, dejando que el mal alcanzase al círculo de sus amigos más íntimos. Y cuando le cubrieron el camino con palmas de victoria, semejando a la entrega del máximo de autoridad, permitió que las tinieblas envolviesen a aquellos que más lo admiraban y, casi enfrente a la majestuosidad del Moria, en cuya cúspide se levantaba el templo de Salomón, uno de los monumentos más suntuosos de los que se hayan erigido en la Tierra para loar a un Dios único, no impidió que se le designase un monte desolado y un leño en cruz para que muriera entre malhechores, con el fin de que El formara junto a los millones de afligidos e incomprendidos de todos los tiempos!…

***

Cuando sufrieres por el reinado de la bondad y la verdad, la felicidad y la concordia, piensa en Cristo y comprenderás que nadie consigue realmente auxiliar a alguien sin amor y sin dolor.

Dictado por el espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Opinión Espírita”

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