Vida y Valores (En torno al aborto)

La sociedad terrestre, de vez en cuando, es sacudida por movimientos variados en torno a ideas, de ideologías, de concepciones. Concepciones esas que nacen en el campo de la política, de las creencias religiosas, de los deportes, de la vida social de manera general. Ciertamente que, en estos tiempos que estamos viviendo en el mundo, hay una pelea que varios países ya enfrentaron. Algunos consiguieron abolir, otros consiguieron incrementar, que es la cuestión del aborto. Ahora estamos también, en nuestro país, con esa cuestión del aborto. Hay personas en contra, hay personas a favor. Pero lo importante es saber que, en ningún momento, nosotros seremos felices por practicar el aborto o abortamiento, ya que el aborto es el producto del abortamiento, es lo que se quita a la mujer después de la muerte cruel en el acto del abortamiento. Ahora, cada vez que pensamos en la tesis levantada por partidos políticos, por lideranzas sociales, por individuos, por asociaciones, parece que nosotros estamos lidiando en un mundo de raíces eminentemente materialistas. Y, algunas veces, un materialismo cruel, un materialismo salvaje.

Algunos imaginan que se tiene que hacer el aborto porque la mujer tiene el derecho de hacerlo. Otros dicen que se tiene que hacer el aborto para evitarse esa natalidad descontrolada que se encuentra por el mundo. Otros aseguran que el aborto vendría a resolver problemas serios en la relación íntima de la pareja. Otros imaginan que el aborto podría ser un arma bastante poderosa en los combates económicos, en las luchas económicas de una sociedad. Cada cual tiene una argumentación para ratificar el aborto, en cuanto que aquellos que levantan las banderas en contra de esas tesis abortistas, se sienten cada día más chocados, agredidos, violentados con esa concepción materialista de que se tiene que matar para que alguien sea feliz. Ahora, los argumentos levantados para matar a los bebés, a los embriones, a los fetos en la intimidad de la madre, son algunos de ellos ponderables. Pero, muchos de ellos absurdos.

Obviamente, cuando se piensa en abortar, se está imaginando que, dentro del vientre de una mujer, no hay sino algunos gramos de tejido orgánico, de carne, de grasas, de lípidos, y nada más. Lo que pasa, es que, cuando ocurre la fecundación en la madre, ahí se une un ser espiritual. Nosotros estamos delante de una cuestión espiritual porque el aborto caracteriza un homicidio. A partir del momento en que el espermatozoide penetró el ovulo, surgió el zigoto, ya el ser espiritual pasa a dirigir ese cosmos orgánico que comienza de esa célula madre, macroscópica y que va a ser multiplicado poco a poco, a través de los campos electromagnéticos que ese ser espiritual lleva consigo. Esas células se van multiplicando, a través de sus procesos de mitosis, de meiosis, vamos viendo un cuerpecito formándose poco a poco y aparecen las instrumentaciones intimas que van a generar los huesos, los músculos, todos los tipos de tejidos van siendo definidos desde el embrión. Y, a partir de ahí, llevamos a esa mujer, grávida, embarazada, a un aparato para que pueda ser observada, ya identificamos a ese ser espiritual que vive en su intimidad, que canta las bellezas de la vida en su intimidad. Ya le oímos el corazón latiendo descompasadamente, varias veces, para la emoción de quien escucha, desde el médico a los padres. Entonces no se justifica que con un mes, dos meses, tres meses, cuatro meses, seis, siete meses, se pueda perpetrar el aborto. Estaremos incurriendo en gravámenes muy serios delante de la conciencia, cuando optamos por esa salida aparentemente más fácil, pero es muy compleja porque, aunque la mujer no se dé cuenta de eso, ella quedará envuelta en ese proceso durante el resto de su vida. Por más que trabaje, por más que realice, esa conciencia de que un día fue llevada a matar a su propio hijo, o deseó matar a su propio hijo, hará con que ella cargue esa llaga en el corazón, que no siempre conseguirá convertirse en cicatriz.

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Todos los argumentos que, hasta ahora, hayan sido utilizado para justificar o intentar justificar el acto del aborto, son argumentos vacíos en si propio. Cuando oímos la voz de los Espíritus del Señor que hablaron en el Libro de los Espíritus y otras voces del Señor que han hablado en diversas iglesias, en diversas filosofías, por la boca de varias personas de buen sentido, nosotros encontramos el hecho de que, delante de las Leyes de Dios, el aborto es un crimen, cualquiera que sea el periodo de gestación. No existe esa cuestión de que tiene pocas semanas, tiene pocos meses. Desde que el Espíritu se unió al cuerpo se va desarrollando, retirar de dentro del ser humano ese cuerpo, se configura en un crimen de homicidio. Y con un agravante, la criatura no tiene como defenderse. El embrión, el feto están a disposición de aquellas personas en quien más debían de confiar, sus madres. Entonces, no se puede justificar algo de ese quilate, de ese sentido.

Algunos afirman que las mujeres tienen derecho a su cuerpo y gritan eso en altas voces. Jamás nadie de buen sentido negaría a las mujeres el derecho a su cuerpo. Todas las mujeres tienen derecho a su cuerpo. Pero hay algo que, muchas veces, no se para a pensar. Cuando alguien perpetra el aborto, no es el cuerpo de la mujer que es lesionado y asesinado, es el de su hijo. Es el cuerpo de su hijo no es el de ella, se está nutriendo en ella, esta resguardado por ella, pero es el cuerpo de su hijo. Obviamente, matar a alguien que depende de nosotros, matar a alguien que nos está pidiendo amparo, no es justicia. Otros dicen que, cuando la mujer sufre estupro, violencia sexuales y de eso se lleva a un embarazo, tiene derecho a retirar el hijo indeseado. Podríamos discutir eso, y llevarla a pensar en lo siguiente: ella es agredida, violentada, traumatizada, porque alguien le agredió íntimamente, el deseo íntimo, la privacidad sexual. ¿Sin embargo, ella pretende ensuciar sus manos de sangre, sangre de su propio hijo?

Ahora, alguien que tenga valor de despedazar a su propio hijo, sea por el argumento que sea, se va a comportar mucho peor de lo que fue el violador, de lo que el violento que la haya seducido, forzada, fecundada. Es importante que nosotros, en el deseo de ganar una batalla, una pelea, una argumentación, no quedemos tomando expresiones y posiciones infantilizadas, que ciertamente solo tendrán nutrientes, solo tendrán respaldo si estamos tratando dentro de un enfoque eminentemente materialista o nihilista, que no contemple la realidad del Espíritu. Es injustificable que, en una sociedad que se afirma cristiana, en una sociedad que afirma amar a Dios y a creer en Jesús Cristo y en Sus lecciones, aun hayan espacios para que se piense en el aborto. No podemos alimentar cualquier ilusión de que los poderes económicos, los poderes políticos, aquellos que están deseosos, sea por el motivo que sea, de perpetrar el aborto o las prácticas abortivas, pasen a conseguirlo. En este mundo de desvalores espirituales, en este mundo de tantas dificultades de orden moral, no es difícil creer que el aborto puede tener el aplauso de nuestras autoridades, de muchas comunidades de clase, de una población muy grande en el planeta y en nuestro país. Pero no olvidemos de que nosotros vamos a tener que dar cuenta, más tarde o más temprano. Retornaremos para explicar a nosotros mismos, para dar cuanta a nuestra conciencia de ese crimen que cometimos.

Los Espíritus del Señor aceptan solamente un tipo de aborto: aquel aborto terapéutico, cuando el médico decide hacerlo en virtud de salvar la vida de la madre. No es la madre que decide: yo quiero hacer el aborto porque sufro del corazón. No es el padre del niño que decide: yo quiero que mi mujer aborte porque no puedo cuidarlo. No. Es el médico que, al verificar el riesgo inminente que corre la vida de la madre, analiza, bajo la influencia de los Buenos Espíritus, entre una vida que ya está, y otra que aun viene…. Y sacrifica esa que aun viene a favor de la que está, para que continúe. El aborto es manchar las manos con la sangre de un inocente. En una sociedad cristiana, deberíamos tener fe y conciencia, y ayudar a las mujeres a tener sus hijos y dirigirlos a otras manos, en caso que ellas no los quisiesen.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 113, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 27.07.2008. Em 29.09.2008. Traducido por Jacob.

2 comentarios en “Vida y Valores (En torno al aborto)”

  1. Comparto totalmente que el aborto es un crimen, mas me gustaría saber qué ocurre si sabemos que una mujer abortará de todas maneras a riesgo de morir, y no hacemos nada al respecto. No estaríamos desentendiéndonos? O es responsabilidad total de ella si no puede/quiere comprender estos argumentos y se encamina a un potencial suicidio involuntario? Gracias por la respuesta 🙂

    • Hola, si ella quiere abortar a pesar que de puede morir y es un riesgo, esa decisión es de ella. Lo bueno es convencerla para que no aborte, por el riesgo que ello conlleva, sin embargo, si ella aun sabiendo el riesgo quiere hacerlo de todas las maneras, entonces no se puede hacer nada, porque es su voluntad. Si muriera por causa del aborto, en ese caso, podría ser un suicidio inconsciente, pero tenemos que saber, que la espiritualidad puede hacer muchas cosas o incluso intervenir. En esos casos es dejar que ella decida lo que quiere, explicándole el riego y confiemos en Dios. Oremos por ella.

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