La psicología de la oración

Se convenció a lo largo del tiempo, que la oración es un recurso emocional y psíquico para rogar y recibir beneficios de la Divinidad, transformándola en instrumentos de ambición personal realmente distante de su alto significado psicológico. La oración es un precioso recurso que permite la adquisición de la autoconsciencia, de la reflexión, del examen de los valores emocionales y espirituales respecto a la criatura humana. Siendo dedicado campo de vibraciones especiales, facilita la sintonía con las fuerzas vivas del universo, constituyéndose vehículo de excelente calidad para la vinculación de la criatura con su Creador.

Todos los seres transitan vibratoriamente en franjas especiales que corresponden a su nivel evolutivo, a la etapa intelecto-moral, a las aspiraciones y actos, en los cuales se alimentan y construyen la existencia. La oración es el mecanismo sublime que permite el cambio de onda para campos más sensibles y elevados del cosmos.

Orar es ascender en la escala vibratoria de la sinfonía cósmica. En fase de este mecanismo, es indispensable que se comprenda el significado de la oración, su finalidad y la manera más eficaz, a través de la cual se puede alcanzar el objetivo deseado.

Inicialmente, orar es abrirse al amor, ampliar el círculo de pensamientos y de emociones, liberándose de los habituales y viciosos, a fin de crearse nuevos campos de armonía interior, de forma que todo el ser se beneficie de las energías adsorbidas durante el momento especial. La mejor manera de alcanzar ese parámetro es racionalmente alabar a la Divinidad, considerando la grandeza de la Creación, permitiéndose vibrar en su conjunto, como su hijo, asimilando las incomparables concesiones que forman la existencia.

Considerarse miembro de la familia universal, teniendo en vista la magnanimidad del Padre y su inefable misericordia, proporciona a aquel que ora el bienestar que propicia la captación de las energías saludables de la vida. Después, ampliar el campo del raciocinio en torno de los propios límites y necesidades inmensas, predisponiéndose a aceptar todos los acontecimientos al respecto de su progreso evolutivo, pero rogando compasión y ayuda, a fin de errar menos, acertar más y de manera edificante el paso con el bien. En ese clima emocional, evitar la queja enferma, la morbidez de los conflictos y exterioridades ante la magnitud de las bendiciones que son agotadas, presentándose desnudado de las apariencias y circunloquios de la personalidad ahora en el cosmos, desde la sinfonía interminable de los astros en su órbita, manteniendo la armonía de las galaxias, hasta los seres infinitesimales en el mecanismo automático de reproducción, siendo parte del conjunto y de las órdenes establecidas.

En todas partes vibra la vida en los aspectos más complejos y simples, variados e uniformes. Sin cualquier esfuerzo de las consciencias, circula la sangre por más de 150 mil kilómetros de venas, vasos, arterias, en ritmo propio para la manutención del organismo humano, igual que todos los animales. Otras funciones, mantenidas por el sistema nervioso autónomo, obedecen en actividad armónica. Las estaciones del tiempo se alternan, produciendo las variadas manifestaciones de los organismos vivos, dentro de delicadas ondas de luz y de calor que les proporcionan la existencia, la manifestación, el florecer, el adormecimiento, la espera….

El ser humano, enriquecido por la facultad de pensar y dotado del libre albedrío, que le proporciona escoger, atado a las herencias de lo primario en la escala animal ancestral por donde transitó, experimenta más las sensaciones de la belleza, de la armonía, de la paz, de la salud integral. Reconoce el valor incalculable del equilibrio, sin embargo, estigmatizado por la herencia del placer hedonista, se entrega a la exorbitancia hasta el agotamiento, o permitiéndose sucumbir por la revuelta en los trastornos de conducta como forma de imposición grotesca. Al descubrir la oración, se permite exaltar falsas o reales necesidades, deseando respuestas inmediatas, soluciones mágicas, para atenderlas, distantes del esfuerzo personal de crecimiento y de rehabilitación. Es claro que no alcanza las metas propuestas, aquel que así procede, pues aun no puede percibirlas, por faltar en él los requisitos básicos para el establecimiento de la armonía interior.

La oración es campo donde se expande la consciencia y el Espíritu se eleva a los páramos de la luz inmarcesible del amor inefable. Quien ora, se ilumina de dentro para fuera, tornándose una onda de superior vibración en perfecta consonancia con el orden universal. El egoísmo, los sentimientos perversos no encuentran lugar en la partitura de la oración. Es necesario deshacerse de esos acordes perturbadores, para que haya sincronización del pensamiento con las dulces notas de la musicalidad divina. La psicología de la oración es el vasto campo de los sentimientos que se engrandecen al compás de las aspiraciones significantes, que dan sentido y significado a la existencia en la Tierra.

Inútilmente, gritará el alma en desespero, rogando soluciones para los problemas que le compete analizar, incluso que atrayendo los Numes tutelares siempre compadecidos de la pequeñez humana. Si no ocurre sintonía entre aquel que ora y la fuente exuberante de vida, las respuestas, incluso cuando ofrecidas, no son captadas por el trastorno de la mente exacerbada.

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Cuando desees orar, tranquiliza el corazón y sus nacientes, asumiendo una actitud de humildad y de aceptación, a fin de que puedas hablar a aquel que es el Padre de misericordia, que siempre ofrece todos los recursos necesarios para que el hombre conquiste su plenitud. Convidado a enseñar a sus discípulos la mejor manera de expresar la oración, Jesús fue taxativo y gentil, proponiendo al elevar al Padre, en primer lugar, y, en seguida, las rogativas y la gratitud, diciendo:

-Padre nuestro, que estas en el cielo…

Entrégate, pues, a Dios y nada te faltará, por lo menos, todo aquello que sea importante para la conquista de la armonía, mediante la adquisición de la salud integral.

Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereria Franco

Psicografiado el día 29 de octubre del 2012, en Sídney, Australia. Revista Reformador julio 2013. Traducido por Jacob

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