Vida y valores (Inmortalidad y responsabilidad)

Todos nosotros somos seres inmortales. Usted ya debe haber oído hablar que todos nosotros somos seres inmortales. Todos los religiosos admiten que somos inmortales, dotados de esa característica que hace con que la muerte no tenga poder de aniquilarnos.

Cuando hablamos de la muerte, es la muerte del cuerpo, nunca la muerte del alma. El espíritu es plenamente inmortal. Podemos decir que heredamos de la Divinidad, que es eterna, esa característica de ser inmortales. Somos inmortales, porque una vez aparecidos en el plano Divino, una vez salidos en la tela cósmica del amor de Dios, nada nos podrá borrar. Somos pasibles de la eternidad, viviremos para siempre, porque Dios que nos creó, nos creó para que seamos prefectos, a lo largo de los milenios de evolución.

Nuestra inmortalidad nos da esa garantía de que todos saldremos de los cuerpos por los fenómenos de la muerte, del desprendimiento, pero nunca saldremos de la vida, esa estancia que es una herencia, que es una característica de los seres espirituales. Nunca morir. Esa expresión que utilizamos para decir que alguien murió, es una forma de expresión.

Morirse cuando se pierde el cuerpo físico. Un cuerpo que, por su condición de desgaste, por la lesión que haya sufrido, por la enfermedad de que haya pasado, no puede más servir al espíritu inmortal. Es como si tuviésemos un coche sin motor, es como si tuviésemos un vehículo sin ruedas y que, por esa razón, no lo pudiésemos utilizar más. Entonces, la muerte es una expresión que se volvió coloquial, que se volvió bastante común, exactamente para decir que nosotros salimos del cuerpo, pero de ninguna manera salimos de la vida.

Cuando morimos, algo sale del cuerpo para habitar esa inmensidad, algo se desprende de la vibración orgánica. La carne, el cuerpo físico, el soma, como lo llamaban los griegos, tiene el poder de tapar las potencias del alma, tiene la capacidad de disminuir las condiciones del alma. ¿De esa manera, pensamos como podremos extender nuestra visión y entrever lo que pasa en el otro lado de nuestro país, o en cualquier otro lugar del mundo, que no sea aquí a nuestro entorno? No podemos. Cuando salimos del cuerpo, podemos. Porque el ser espiritual tiene una visión más amplia, proyecta la mente y visualiza aquello que desea.

Jesús Cristo nos enseñó que, donde estuviera nuestro tesoro, ahí estará nuestro corazón. Como Espíritus fuera del cuerpo, si estuviéramos en cualquier lugar y proyectáramos el pensamiento a otro lugar, donde haya criaturas queridas o situaciones que tengan valor, serán esas cosas nuestros tesoros, y ahí estará nuestro sentimiento, ahí estará nuestro corazón. Corazón, cerne, intimidad. No se trata del musculo cardíaco. Ahí estará nuestro íntimo, en las palabras de Jesús. Ahora, nosotros salimos del cuerpo y continuamos viviendo. Si continuamos viviendo, continuamos entablando contacto con nuestros seres queridos.

En una tesis bien desarrollada, el notable profesor Rivail, que el mundo aprendió a llamar de Allan Kardec, discute la tesis – ¿Hay Espíritus? Y en esa tesis él comentó al abrir uno de sus libros llamado el Libro de los médiums. De una manera dialéctica, muy lúcida, el profesor Rivail va comentando esa cuestión, una después de la otra, una sedimentada a la otra, hasta llegar a la conclusión de que sí, hay Espíritus. Ahora, si hay espíritus ¿Por qué ellos al existir, no pueden comunicarse con nosotros? Y si se comunican con nosotros, ¿Por qué no nos pueden traer cosas buenas, noticias buenas o noticias drásticas? ¿Por qué no pueden entrar en esa relación más profunda con nosotros? Somos todos nosotros inmortales, continuaremos en contacto a lo largo de todos los tiempos y fuera de las dimensiones temporales. Salimos del cuerpo, pero eso no quiere decir que salgamos de la vida.

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Cuando constatamos que no salimos de la vida, descubrimos una cosa muy bonita para nosotros: nunca iremos a morir. Si nunca iremos a morir, nuestros entes queridos también no, y aquellos que ya se fueron no están muertos, ellos vibran en otra dimensión. Nuestras madres, nuestros padres, nuestros hermanos y amigos, se convertirán en estrellas. Son astros de luz o estrellas oscuras, vibrando por nosotros o aguardando nuestra oración por ellos. Es muy importante saber que somos inmortales. Esa convicción de que el hecho de la linealidad del electrocardiograma o del electroencefalograma ocurre, no significa que la muerte de corazón o la muerte cerebral, nos haya matado espiritualmente, nos haya destruido espiritualmente. Los seres espirituales que somos proseguimos obteniendo los valores que plantamos en la Tierra. Continuaremos recibiendo de vuelta los frutos, cuya siembra un día hicimos.

Fue Cristo que nos enseñó que a cada uno será dado conforme sus obras y que la siembra es libre, no obstante es obligatoria la cosecha. Entonces eso, si por un lado, es una maravilla para nuestra conciencia cristiana, por otro lado es motivo de mucha responsabilidad. Una vez que la muerte no nos mata esencialmente, solo nos mata relativamente, porque nos arranca del cuerpo, una vez que vamos a llegar a esa dimensión espiritual y encontrar nuestros amores, nuestros entes queridos y toda felicidad que tengamos amalgamado en el mundo, el otro lado también es verdadero. Iremos a enfrentarnos con todas las negatividades que hayamos desarrollado, cogeremos los frutos agrios o amargos que hayamos plantado. Tendremos que arrancar las plantas espinosas cuyas simientes tiramos por los caminos de los otros un día. Y, por esos caminos nosotros mismo tendremos que pasar. Ahora, si por un lado es importantísimo saber que somos inmortales, no podemos descuidarnos de la responsabilidad que esa condición nos imprime, nos impone. Somos inmortales pero igualmente somos responsables. No necesitamos trabajar con el concepto de la culpa. La culpa nos pesa mucho la conciencia, en el alma, en la vida. Pero la responsabilidad es inherente a toda criatura. Y nosotros somos y seremos responsables por las cosas buenas que hacemos como por las cosas malas que realicemos.

Vale entonces, vivir en la tierra, en la relación con nuestros afectos, nuestro familiares, nuestros amores o con la relación con el mundo, de tal manera que no nos perdamos esa conciencia de que, más tarde o más temprano, saldremos del cuerpo y continuaremos con las marcas positivas o negativas por las cuales hayamos contribuido a lo largo del camino terrestre. Es tan importante que sepamos que somos inmortales. Es tan importante saber que Jesús Cristo desenmascaró a la muerte, quitó todo el status de que la muerte era merecedora. No obstante, Él afirma para nosotros que, a cada uno será dado conforme a sus obras. Y ya que no vamos a morir definitivamente, todo cuidado será poco con las responsabilidades de nuestro camino. Tratar a las personas con sinceridad, con educación, con nobleza, pero también decirles: si, si, no, no. Afirmar las cosas que no nos gusta, las cosas que quedaron mal hechas, son característica de quien desea evolucionar con lucidez y con verdad.

No es por el hecho de responder por nuestros actos, que no tendremos nuestros actos, pero vamos a procurar hacerlos muy bien hechos. Aun cuando tengamos que llamar la atención de ese o de aquel, aun cuando tengamos que advertir en esa o aquella circunstancia, nuestra certeza de que todo eso será para bien, una vez que nuestro Creador, que el Padre Celeste no está preocupado propiamente con aquello que nosotros hacemos de más, si, con el porqué de que nosotros hemos hecho aquello, de esa o de aquella manera. Vamos a tener esa conciencia del hecho de que no morimos jamás, al contrario de permitirnos una vida suelta y liviana, nos imponemos una vida sensata, disciplinada, con juicio, para que cuando salgamos de aquí, encontremos un grupo de almas queridas que nos reciban con cariño, por el deber rectamente cumplido. Y ahí entonces, juntos diremos:

¡Ave Cristo, por la inmortalidad que Tu nos demostraste!

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 104, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em agosto de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 28.09.2008. Em 26.01.2009. Traducido por Jacob

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