¿Actuar o reaccionar?

De vez en cuando nos golpea. Es la violencia que prevalece en el alma y se expresa en palabras y acciones groseras. A veces, la impresión que se tiene es que la inmensa mayoría de los seres anda caminando contra su semejante. Son trabajadores en establecimientos comerciales o servicios públicos que parecen abarrotados de tareas y, por eso mismo, estresados. Basta que se les pida una pequeña cosa más y enseguida: allá viene una respuesta grosera que suena como un arrebato.

Algunas veces, lo que dice el trabajador no es verdaderamente grosero, pero el tono de voz o inflexión que imprime a sus palabras, agrede. Son clientes que aguardan atendimiento de nota diez y reclaman por no presentarse.

Así, en consultorios, es bastante común oírse reclamaciones acerca del atraso del profesional. Y el que oye son los recepcionistas, los asistentes. El propio teléfono se ha convertido en un arma violenta, en la boca de algunos. A través de él, las criaturas se permiten gritar, desahogarse y decir palabras que, normalmente, cara a cara, se llenarían de vergüenza en utilizar. Por todo eso es de veras importante que empecemos a ejercitarnos para actuar en las más intrincadas situaciones, a fin de evitar ceder a la onda de agresividad y mala educación, que parece llevar rodando a casi todos.

Usar expresiones mágicas como: Por favor. ¿Sería posible? ¿Podría hacerme la gentileza? Con permiso, funcionan muy bien. Sin embargo, prepararse para desarmar a esos ataques, es fundamental, incluso para evitar ser involucrados en situaciones embarazosas. Frente a un empleado que se queja de lo que se solicita, es prudente a simpatizar con él, con frases como: ¿Es difícil su tarea no? ¿O bien debe ser un día duro, ¿no? Para el cliente aburrido por el retraso de las mercancías no recibidas, del horario no respetado, mostrarse dispuesto a ayudar, verificar las razones de la demora e informar con paciencia.

Tenemos, de un modo general, miedo de pedir disculpas pues acreditamos que esto significa estar asumiendo un error, que no siempre es nuestro. Pero en verdad, disculparse significa tener conciencia de la frustración del cliente y atender su reclamación. En todo momento, buscar soluciones es mejor que perder el tiempo con discusiones y resolver los problemas, antes que se agraven más. Promover la paz no siempre significa sentarse a la mesa internacional de las negociaciones para decidir sobre la extinción de minas terrestres, de armas nucleares. Pero, con certeza, quiere decir desarmarse, armarse y amar al prójimo, proponiendo y disponiendo la calma, la sensatez y el entendimiento.

Jesús, en el Sermón de la Montaña, declaró que serían bienaventurados los pacíficos, porque serian llamados hijos de Dios. Pacifico significa amigo de la paz. Paz es condición intrínseca de la criatura, que se refleja en sus actitudes, disertando de la harmonía de que se reviste, no pudiendo ser alcanzada sino a costa de la disciplina y de la férrea voluntad.

Redacción del Momento Espirita

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