La mejoría de la muerte

Delante del agonizante el sentimiento más fuerte en aquellos que se unen a él afectivamente es la de la pérdida personal.

“¡Mi marido no puede morir! ¡Él es mi apoyo, mi seguridad!”

“¡Mi esposa querida! ¡No me dejes no podré vivir sin ti!”

“¡Hijo mío, hijo mío! ¡No te vayas! ¡Eres muy joven!

“¿Qué será de mi vejez sin tu amparo?”

Curiosamente, nadie piensa en el moribundo. Incluso los que aceptan la vida más allá del túmulo se multiplican en vigilias y oraciones, rechazando admitir la separación. Ese comportamiento sobrepasa los límites de la afectividad, desembocando en el viejo egoísmo humano, algo parecido con el presidario que no quiere aceptar la idea de que su compañero de prisión va a ser liberado.

El exacerbamiento de la tristeza, en gestos de inconformidad y desespero, genera hilos fluídicos que tejen una especie de tela de retención, promoviendo la sustentación artificial de la vida física. Semejantes vibraciones no evitarán la muerte. Solo la retardarán, sometiendo al desencarnante a una carga mayor de sufrimientos. Es natural que, delante de un serio problema físico cayendo sobre alguien muy querido, experimentemos aprensión y angustia.

Necesario, pues, que no caigamos para la rebeldía y el desespero, que siempre complican los problemas humanos, principalmente los relacionados con la muerte.

Cuando los familiares no aceptan la perspectiva de la separación, formando la indeseable tela vibratoria, los técnicos de la Espiritualidad promueven, con recursos magnéticos, una recuperación artificial del paciente que, “más para allá que para aquí”, sorprendentemente comienza a mejorar, recobrando la lucidez y diciendo algunas palabras…

Generalmente tal situación es desarrollada en la madrugada. Exhaustos, pero aliviados, los “retentores”, van a descansar, diciendo:

 “¡Gracias a Dios! ¡El Señor escuchó nuestras oraciones!”

Aprovechando la tregua en la vigilia de retención los benefactores espirituales aceleran el proceso desencarnatório e inician el desligamiento. La muerte viene a recoger a un pasajero más para el Más Allá.

Raros los que consideran la necesidad de ayudar al desencarnante en la traumatizante transición. Por eso es frecuente la utilización de ese recurso de la Espiritualidad, apartando a aquellos que, más allá de no ayudar, estorban. Existe hasta un dictado popular al respecto del asunto:

“Fue la mejoría de la muerte! ¡Mejoró para morir!”

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

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