Vida y valores (El problema de la tentación)

Existe una dificultad en el ser humano, que es necesario parar muchas veces para pensar al respecto. Es la dificultad de las tentaciones. Al fin y al cabo, ¿Qué fenómeno es ese? Casi siempre, en la problemática de las tentaciones, hacemos un juicio de nosotros mismos, y damos una mala interpretación de las cosas, de nuestras posibilidades. Hay veces que valoramos nuestra condición por encima de lo debido, súper valorizamos nuestras posibilidades, juramos que no cederemos en determinadas cuestiones, que no caeremos en determinadas circunstancias, y acabamos por adoptar posturas de las cuales somos llevados por la tentación. A veces, tenemos la tentación de traicionar, de traicionar a un amigo, de engañar a la esposa, de engañar al marido, de traicionar a una persona que es querida por nosotros. ¿Por qué nos ocurre esa tentación? Otras veces, tenemos la tentación de hurtar. Si, de robar. Y esa tentación se manifiesta desde la cleptomanía, en que personas hurtan cosas de tiendas, de mercados, hasta el impuesto de renta fraudulento. Es un hurto. Si, es un hurto. Tenemos la tentación de beber. Comenzamos con la primera copa y juramos que quedaremos sobrios, que podremos conducir el coche, y juramos…

Tenemos la tentación de experimentar la droga, una sola vez, una vez nada más, sea, polvo, una piedra de Crac, una copa de alcohol. Solo una vez. No, yo lo garantizo. Es la tentación, alguna cosa que nos impulsa a hacer algo que no estamos seguros de nuestra capacidad de resistir, no podemos garantizar cuanta resistencia tenemos. Pero lo hacemos. La temeridad cuando conducimos un vehículo, pisamos en el acelerador y salimos disparados: la tentación de la velocidad, de batir el propio record. La ruleta rusa, la ruleta minera, tantas tragedias por causa de esa tentación. La tentación de la libido, de buscar, de soñar, de desear alguien que ya está comprometida, exactamente por el placer de lo inusitado. Son tentaciones peligrosas.

Es muy importante entender que, en el mundo en que vivimos, precisamos tener cuidado con esos fenómenos terrible que nos arrastra a situaciones muy complejas en el territorio de la tentación. Es muy importante pensar como Jesús Cristo nos orientó. En todas las veces que Se dirigió a nuestro Padre Celeste, nos enseñó buscar recursos contra la tentación. En la oración dominical, el llamado Padre Nuestro, hay un momento en que el Maestro nos enseña a rogar al Padre: No nos dejes caer en la tentación, o no nos dejes caer en tentación. La propuesta de vivir en la tierra es necesaria, es indispensable. Vivir en el mundo nos enriquece. Las experiencias con nuestro prójimo, con nuestro semejante, las experiencias en la relación con las cosas, con los fenómenos naturales, todo eso, nos enriquece, pero es importante que no nos dejemos arrastrar por las tentaciones.

Los Buenos Espíritus dicen que no existe un arrastre irresistible. Si fuese irresistible, nadie tendría culpa de caer bajo su peso. Pero, existen arrastres de los cuales nos permitimos en nombre de la tentación, porque siempre hacemos una mala interpretación de nuestras posibilidades, tenemos un juicio indebido de nuestras posibilidades y cuando lo vemos, caemos en ese abismo terrible que se llama tentación. Es importante, sin embargo, que en este capítulo, que en este campo, pasemos a tener la propuesta de Jesús Cristo en mente: oración y vigilancia. Es importante que se aprenda a orar, hacer ese puente con el Divino; pero tener vigilancia, el cuidado con nosotros mismos. No hay razón para orar, orar, solamente orar y no prestar atención en los caminos por donde estamos travesando, porque las tentaciones son peligrosas y, en cualquier momento nos pueden derrumbar.

* * *

En ese capítulo de las tentaciones, existe algo que no debemos perder de vista. No podemos decir que fue el demonio que nos tentó, que Satanás es que nos arrastró. No tenemos que decir que fueron las malas compañías que nos arrastraron al mal, que fueron los malos colegas, los malos compañeros, como es común escuchar en las conversas cotidianas de la Humanidad. Atribuimos siempre a los otros nuestras malas decisiones. Cuando son cosas buenas, la estrella es nuestra. Claro que tenemos que parar y reflexionar que, en ese territorio de las tentaciones, existe algo de lo que no podemos olvidar, nuestra voluntad. Si, nuestra voluntad. No hacemos nada que no esté de acuerdo con nuestra voluntad. La tentación se mueve exactamente en ese territorio de la voluntad. Tenemos voluntad de hacer, aunque queremos después inculpar a terceros, jurar que fueron las malas compañías, pero nosotros tenemos voluntad. Es importante que sepamos, que cuando tenemos voluntad de hacer determinada cosa, incluso cuando esa cosa sea negativa, acabamos por hacerlo.

Jesús Cristo nos dijo: Buscad y hallareis, pedid y obtendréis, llamad y se os abrirá. Pero Él no nos dijo en que puerta deberíamos de llamar. Cualquier puerta que llámenos, se nos abrirá; cualquier cosa que pidamos, recibiremos; lo que buscamos, hallaremos. Si encontramos una espina y salimos buscando de donde vino, no habrá otra solución: nos vamos a deparar con la zarza. Si hallamos una flor, un perfume, y salimos buscando de donde vinieron, nos toparemos con un jardín, indudablemente. Y, en esa área tenemos que pensar en las influencias espirituales negativas, que se aprovechan de nuestras brechas morales, de nuestro consentimiento interior, de nuestra voluntad, y suman su deseo a nuestra voluntad. Ahí entramos en la franja de las obsesiones, de las perturbaciones espirituales.

Hay muchas entidades dedicadas al mal, en la postura de anti-Cristo y que quieren hacer de aquellos que estén en el camino del bien se pierdan, para burlarse, para retardar su camino, su paso a lo largo de la vida. Cabe recordar el enseñamiento de Cristo para que oremos y vigilemos. La vigilancia corresponde a este estado de prestar siempre atención en las consecuencias de lo que vamos hacer. ¿Tenemos libertad? Tenemos libertad. ¿Pero, hasta dónde? ¿Con que intensidad? Porque todo aquello que sembramos, eso mismo recogeremos.

Las entidades negativas nos van provocando la vanidad, el orgullo, la presunción, para hacernos caer moralmente, para hacernos tumbar espiritualmente. Las tentaciones tienen sus raíces en nuestra intimidad. Digamos que una persona pasa por la puerta de un bar, pero no tiene vicios de alcohol. El bar para ella será como una vitrina cualquiera de botellas coloridas. Pero, si ella tuviera el vicio, cualquier botella, cualquier vitrina del bar será una tentación tremenda, ejercerá sobre ella una grandísima tentación. Alguien que no sea consumista habitual puede pasar por cualquier tienda, puede ver lo que fuese y pasará tranquilo, mirará, tocará y saldrá. Con todo, para quien tiene esa compulsión interior para gastar, cualquier cosa será motivo para gastar. Luego, la tentación no está en el exterior, la tentación está dentro de nosotros.

La tentación reside en nosotros. Y aquel bagaje aun no adoctrinada, aun no disciplinada, es aquella situación aún no limpia en nuestra intimidad debidamente. Eso provoca en nosotros una instigación. El alcohólico se siente atraído, tentado por el alcohol. El gastrónomo se ve tentado por la comida y se torna glotón, y la glotonería es un campo abierto para entidades viciosas que explotan la capacidad del individuo, hasta que el adolezca, hasta que lo pase mal, hasta que se pierda.

Para quien carga en si la tormenta del sexo, para quien aprendió a no respetar la sexualidad, hombres, mujeres, niños, viejos, cadáveres, todo entra en el campo de la tentación sexual, porque se carga en si esa matriz negativa. Para quien aprendió a disciplinarse, a respetarse, a ver, por ejemplo, la sexualidad como algo noble y digno, sabe respetar la esposa de los otros, el marido de las otras, el enamorado de las otras, sabe respetar los cuerpos ajenos porque respeta el suyo. La tentación tiene ese componente terrible existiendo dentro de nosotros, cohabitando con nosotros, viviendo en nuestra intimidad. Es por esa razón que, en cada momento de nuestras existencia, apelando para las enseñanzas de Jesús de Nazaret, estaremos si, haciendo nuestras oraciones, sea lo que sea nuestra creencia, haciendo nuestra elevación de pensamiento, si así preferimos, pero sin dejar de vigilar nuestros pasos, para donde están yendo nuestros pensamientos y como estamos desenvolviendo nuestras actos.

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 111, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 5 de abril de 2009. Traducido por Jacob.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba