La traición

Un lector nos ha pedido que hablásemos sobre la traición. Él quiere saber por qué hay personas que traicionan la confianza de amigos o familiares. Pregunta también, si no se puede confiar en nadie, con excepción de Dios.

Primero, debemos considerar que este asunto debe interesarnos a muchos, pues pocas son las personas que aún no han probado el amargo sabor de una traición. A su vez, lo inverso también sucede. Somos pocos los que estamos exentos de haber traicionado la confianza que alguien depositó en nosotros, en algún momento de la vida. Esta situación refleja las condiciones morales de los espíritus reencarnados en la Tierra. Incluso, el Espíritu más perfecto que la Tierra ha conocido, no quedó libre de la traición.

Jesús de Nazaret, que era todo sinceridad, fraternidad y afecto, sintió en Su cara el beso del amigo traidor. Tras años de convivencia… Muchos momentos compartidos… El afecto dividido en la convivencia diaria… Caminaban juntos, sin embargo, la debilidad de Judas lo llevó a traicionar al Sublime Amigo, entregándolo a los soldados romanos, con un gesto de extrema intimidad: un beso. Judas había quedado que denunciaría a Cristo con un beso, ya que no tenía coraje de hacerlo verbalmente delante de los otros amigos. Jesús, entretanto, sabía la finalidad de aquel ósculo, pues había dicho, anteriormente, que uno de los suyos lo traicionaría. Ante la negación de Pedro, Jesús habla de la fragilidad de las almas que aún no descubrieron los verdaderos valores de la vida. Jesús, sorbió otra vez el trago amargo de la traición en el momento de Su crucifixión.

Las mismas personas a quienes había llevado la buena nueva, había curado, levantado moralmente, y que Lo aplaudieron en la entrada triunfante en Jerusalén, ahora lo agredían con gestos agresivos y palabras torpes. Una vez más Jesús perdona y ruega: “Padre perdónales, porque no saben lo que hacen”. Judas, volviendo a sí, no soportó cargar en su intimidad la amargura, y, en un acto de desespero, buscó el suicidio en la vana tentativa de borrar de su mente la acción infeliz cometida contra el amigo venerable y fiel.

La multitud que fue beneficiada por el Sublime Galileo y que lo despreció en el momento final, con seguridad sintió, o siente incluso hoy en día, el acto de cobardía y traición. No sabemos si contestamos con exactitud las preguntas de nuestro estimado oyente, pero expusimos los ejemplos del Hombre de Nazaret, que tenemos como Modelo y Guía. En Sus dichos y hechos, Jesús deja claro que la mejor actitud de nuestra parte, es el perdón. Y en todas las circunstancias, es mejor sufrir una traición que ser el traidor, pues éste, cuando se dé cuenta de su debilidad, sentirá en lo profundo de su alma, el gusto amargo del arrepentimiento, y seguramente buscará reparar la falta con los que ha traicionado. Con respecto al traicionado, no tendrá que arrepentirse de nada, desde que no busque la venganza, y sepa seguir el ejemplo de Jesús, y entender que los hombres son más débiles, que verdaderamente malos.

¡Piense en ello!

La justicia lleva la copa que envenenamos a nuestros labios, de la misma forma que nos trae el perfume de las flores que sembramos. Así, si hoy sentimos el filo de la traición dilacerando las fibras de nuestra alma, pensemos que quizás seamos el traidor de ayer. Y el mismo dolor que hoy sentimos, quizás lo hayamos provocado en los mismos espíritus que actualmente nos niegan fidelidad. Así, sea cual sea nuestra situación, recordemos las enseñanzas de Jesús, y busquemos en Su corazón magnánimo, la fuerza para emular los ejemplos.

Historias Morales

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.