Dificultades del retorno

La progresiva debilidad del paciente, llevándolo a la inconsciencia, representa una especie de anestesia general para el Espíritu que, con raras excepciones, duerme para morir, no teniendo conocimiento de la gran transición.

Individuos equilibrados, con amplio bagaje de realizaciones en el campo del Bien, superan la “anestesia de la muerte”, y pueden perfectamente acompañar el trabajo de los técnicos espirituales. Eso podrá ocasionarle algún malestar, como un paciente que presenciase una delicada intervención quirúrgica en si mismo, pero les favorecerá la integración en la vida espiritual.

Consumado el desprendimiento se situará plenamente consciente, lo que no ocurre con el hombre común que, durmiendo para morir, se siente aturdido al despertar, conmovido por impresiones de la vida material, particularmente aquellas relacionadas con las circunstancias del desencarne.

Compañeros familiarizados con las manifestaciones de Espíritus sufridores, en reuniones mediúmnicas, conocen bien ese problema. Los comunicantes generalmente ignoran su nueva condición, se quejan de la indiferencia de los familiares, que no les dan atención, sintiéndose perturbados y afligidos. Sin preparación para la gran transición, no consiguen liberarse de las experiencias de la vida material, se sitúan como peces fuera del agua o más exactamente como extraños enfermos mentales, viviendo en un mundo de fantasía, en el interior de sí mismos. La disipación de esa perturbación mental pide el concurso del tiempo.

El amparo de los benefactores espirituales y las oraciones de familiares y amigos pueden acelerar el esclarecimiento, pero, fundamentalmente, este estará subordinado a su grado de compromiso con las fantasías humanas y a la capacidad de asimilar las nuevas realidades.

La falta de preparación para la Muerte caracteriza multitudes que regresan todos los días, sin la mínima noción de lo que les espera, después de años de indiferencia por los valores más nobles. Son personas que nunca meditaron sobre el significado de la jornada terrestre, de donde vinieron, porque están en este Mundo, cual es su destino. Sin la brújula de la fe y el bagaje de las buenas acciones, se sitúan perplejos y confusos. En ese aspecto, forzoso reconocer en el Espiritismo un bendecido curso de iniciación a las realidades más allá del túmulo. El espirita, frente a informaciones amplias y precisas que recibe, ciertamente aportará con mayor seguridad en el continente invisible, sin grandes problemas para identificar la nueva situación, aunque tales beneficios no le confieren el derecho de entrar en comunidades venturosas. Eso dependerá de lo que hizo y no de lo que sabe.

 El “balance de la muerte” definirá si tenemos condiciones para “pagar” el ingreso en regiones más elevadas con la moneda de la virtud y el espirita ciertamente será convocado a desembolsar el “agio del conocimiento”, partiéndose del principio lógico: más se pedirá a quien más haya recibido.

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

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