Miedo a la muerte

El miedo de la muerte resulta del instinto de conservación, que trabaja a favor del mantenimiento de la vida. No obstante, la vida es la conformación de todos los acontecimientos existenciales que ocurren durante la reencarnación – en el cuerpo – como afuera de él – en Espíritu.

El desconocimiento de la inmortalidad, las informaciones fragmentarias, las leyendas y fantasías, los misterios, la ignorancia, vistieron a la muerte de inusitadas e irreales expresiones, que no corresponden a la realidad. El fenómeno de la muerte responde al fatalismo biológico de las transformaciones moleculares del cuerpo. Con la desaparición de la forma, se sospechó que seguiría el aniquilamiento de la materia y no su responsable.

Para atenuar el desconocimiento, se compusieron los funerales, las ceremonias y ritos fúnebres, ocultando la fase inevitable de la legitimidad Inmortal. Esos recursos son valiosos para los familiares, parientes y amigos que se desligan de las responsabilidades humanas, en la tierra y de los deberes afectivos para los que son desalojados del cuerpo. Para el Espíritu solo valen los sentimientos, las plegarias y vibraciones de auténtico afecto y honesta intercesión, especialmente los propios pensamientos y actos mantenidos durante la experiencia carnal. En otras circunstancias, porque la fantasía concibió el Poder Divino con sentimientos arbitrarios y apasionados, que perdona y pone irremisiblemente, las consecuencias culpables temen su encuentro, oportunidad en que serán duramente castigadas, elaborando, inconscientemente, mecanismos de evasión. A veces se torna tan grave el miedo a la muerte, que al ser portadores de trastornos psicológicos se matan para no aguardar la muerte, en terrible actitud paradójica.

Si no hubiese muerte física, el sentido de la vida desaparecería, así como la finalidad de la lucha, de la conquista de valores y del desarrollo intelecto moral del ser. Analizando la sobrevivencia – fenómeno natural y consecuencia de la vida – la existencia terrenal adquiere significado y la dimensión del tiempo, un gran valor. Porque se ignora cuándo ocurrirá la fatalidad orgánica, cada minuto y cada a constituyen admirables bendiciones y deben ser utilizados con sabiduría y propiedad, para vivirlos intensamente.

La comprensión de la vida como un todo, hecho de etapas, estimula la conquista de los peldaños del progreso, más aun por su marcha ascensional. Si fuese limitada al período cuna-sepultura, todas las labores perderían su contenido ético y los esfuerzos se desvanecerían en la consumación de la nada. Considerando la energía psíquica valiosa y actuante, la mente, desligada del cerebro, prosigue independiente de él y la vida vibra. De ese modo, enfrentando con equilibrio el concepto de la sobrevivencia, la muerte desaparece y el miedo que pueda inspirar se transforma en comprensión para enfrentarla con una actitud psicológica saludable y rica de motivaciones, cuando ocurre naturalmente.

Vicio mental arraigado, el miedo del fin se convierte en esperanza de un nuevo principio.

Espíritu Juana de Ángelis.
Médium, Divaldo Pereira Franco.
Del libro “Autodescubrimiento”.

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