La oración dominical

Demorábanse en el paisaje tranquilo los destellos del atardecer, matizando con tonos rosas, rojos y amarillos las nubes que pasaban. La brisa balanceaba el abanico verde de las palmeras exuberantes, cargadas de frutos. Revoloteaban en el aire, impregnando a los corazones, las ansias y emociones de los acontecimientos que hacía poco habían presenciado. El Maestro se agigantaba a los ojos de la multitud. Su estoicismo revelado a través de Su conducta austera, se exteriorizaba en la palabra, a veces dulce, a veces enérgica, y en las acciones nobles con las que favorecía a aquellos que Lo buscaban. Jamás alguien logró realizar tan admirables fenómenos de los que Él era solamente, sublime agente.

La envidia rastreaba Sus pasos, y las disputas vulgares entretejían duelos emocionales entre los frívolos que buscaban adaptarse a Él. Lo cierto es que había venido para liberar las conciencias y grabar vidas en los paneles del amor. De ese modo, las multitudes se sucedían unas a otras en torno de Él, sedientas, emocionadas, confiantes. Él era el portador de las bendiciones que todos necesitaban. Con Su sencillez inefable, penetraba en lo recóndito del ser, sin exhibir sus llagas. Sus silencios eran tan elocuentes como Sus palabras, dejando impresas en las almas, las marcas de luz de la liberación. Hacía poco, Su voz había envuelto a los hombres en las esperanzas y consuelos del soberano código de las Bienaventuranzas. (1)

El perfume de santidad y el vigor de la sabiduría que se desprendía de la Carta Magna, aún embelesaban a los oyentes, cuando Sus discípulos se acercaron a Él, y uno de ellos, conmovido e interesado en comprenderlo, preguntó:

-Señor, ¿por qué oráis tanto? Cuando terminas las tareas, ¿por qué siempre buscas el silencio y penetráis en la oración?

Había una sana curiosidad en el interrogatorio del discípulo sincero. Paseando la mirada por el entorno y alegrado por la musicalidad de la Naturaleza en fiesta, Él respondió:

-El alma tiene necesidad de la oración en mayor dosaje que el cuerpo del pan. “Orar es buscar a Dios penetrando en Sus dádivas, y sorber resistencia en Sus recursos divinos.” “El silencio, facilita la búsqueda, la soledad renueva las energías, y la comunión con la Fuente Generadora de Vida, permite proseguir con los compromisos abrazados.”

– ¿Aún Tú – volvió a preguntar el amigo – que sois el Camino hacia el Padre y Su Mesías para la Humanidad, tienes necesidad de orar?

– La llama que ilumina – dilucidó paciente – gasta el combustible que la alimenta, y la lluvia que riega el suelo, retorna a la nube, de donde proviene. “El intercambio de fuerzas con el Padre Creador, restaura las de la criatura, y yo mismo, encuentro en Él el refuerzo de sustentación para efectuar el mesianato de amor en Su nombre.”

Absorbido por las elevadas enseñanzas, Juan, que Lo amaba más, enternecido, inquirió:

– ¿Y todos tenemos necesidad y deber de orar?

El Maestro, benevolente, envolvió al joven con una luminosa mirada de bondad, y explicó:

– El hombre que ora, se eleva hacia la Gran Luz, y se nimba de claridad radiante.

Deseando que la enseñanza no fuera olvidada jamás, el Maestro expuso:

– El Padre Celeste, puede ser comparado a un poderoso rey que administra sus dominios mediante la cooperación de abnegados Ministros, quienes a su vez, se proveen de secretarios, auxiliares e innumerables colaboradores generosos. “Cada uno de ellos rige un departamento específico, para poder coordinar actividades y realizar los objetivos. “A semejanza de todo reino, la variedad de deberes exige responsables en su ejecución. “El Ministerio de la oración, es uno de los más delicados sectores, y exige hábiles servidores que se encargan de registrar lo que se solicita en las oraciones, de seleccionar los pedidos y de hacerlos ejecutar, según la procedencia de cada emisión de onda mental. “En razón de eso, la oración debe ser una vibración sincera, llena de emoción, en vez de una gran cantidad de palabras sin la participación de sentimientos honestos de elevación. “La oración es un recurso que debe alcanzar una expresión más amplia, tornándose en algún momento, en un himno de loor, otras veces, en un pedido de auxilio, y finalmente, en un cántico de gratitud. “Examinados el mérito y las necesidades de aquel que ora, le son encaminadas las respuestas compatibles con su realidad, teniéndose en cuenta siempre, su progreso y

crecimiento ante la Vida. “Ese intercambio mental, contiene vitalidad y restablece los centros de energía de la criatura que ora. “Claro está, que éste es un compromiso de cada individuo, libre de deudas con los deberes sociales y comunitarios, para merecer usufructuar los beneficios que la ciudadanía le confiere.”

Silenciando y permitiendo que todos auscultasen las voces inarticuladas de la Naturaleza, aguardó que los compañeros asimilasen la profunda enseñanza a pesar del lenguaje sencillo del que se revestía. Fue en ese momento, que uno de ellos, profundamente sensibilizado, Le rogó:

– Señor, enséñanos entonces a orar.

Y Él, abriendo la boca y liberando las melodías latentes en el corazón, les propuso la oración dominical diciendo:

– Padre Nuestro que estás en los cielos…

La suave palabra, cubriendo de sones el pensamiento sublime en el cual están registradas todas las necesidades humanas, nos ofreció el regalo precioso de la oración, mediante la cual la criatura se comunica con Su Creador, y éste le responde a través de los mecanismos santificantes de la inspiración, proveyéndola con sus propios recursos, para enfrentar todos los sinsabores, infortunios, amarguras y desafíos, o las alegrías y beneficios que forman parte de su quehacer diario, en el hermoso proceso de su evolución.

(1) Los Evangelistas no determinan el lugar del acontecimiento. Mateo lo sitúa después del “Sermón de la Montaña”, y de este dato nos valemos para los presentes comentarios. Ver en el libro Luz del Mundo – cap. V de nuestra autoría – Librería Espirita Alborada –

Por el Espíritu Amelia Rodrigues
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Trigo de Dios”

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