Mediúmnidad y locura

Cómo distinguir límites y diferencias.

Las personas que son acometidas de experiencias mediúmnicas pueden presentar pensamientos y sensaciones que, cuando no son debidamente identificados, debido a la falta de conocimiento del propio individuo, familiares y médicos, pueden culminar en consecuencias desastrosas. Nosotros aún tenemos la tendencia de analizar las situaciones bajo una óptica basada en los conceptos del siglo XIX, considerando todo como si fuera regido por las leyes de la Física Clásica. A esta tendencia, se acostumbra a denominar de “visión newtoniana”, pues es muy fácil para la mente humana, elaborar pensamientos sobre asuntos con los cuales estamos envueltos en nuestro día a día y objetos concretos, del tipo que podemos ver y sentir.

Los conceptos de materia y espacio sufrieron cambios drásticos y es importante que también el ser humano sea visto en una connotación diferente: como proceso dinámico, pues él no es sólo un conjunto de órganos materiales sometidos a reacciones químicas y procesos eléctricos.

Joanna de Ângelis, en el libro El Ser Consciente, dice que “Los avances de la Física Cuántica, la Relatividad del Tiempo y del Espacio y la Teoría de la Inseguridad abrieron perspectivas psicológicas antes ni siquiera soñadas, teniéndose en cuenta el concepto del venir a ser”. Dice aunque “solamente cuando es estudiado en su plenitud – espíritu, periespíritu y materia – se pueden resolver todas las cuestiones y desafíos que lo compone…”. Con estas consideraciones en mente, volvamos al asunto principal. Cuando una persona comienza a ingerir bebidas alcohólicas, después de algunos tragos surge una sensación peculiar. Antes aun del estado que se acostumbra a llamar “tonto”, la persona tiene la impresión de estar como fluctuando y parece que se encuentra fuera de la realidad. Fijemos nuestra atención en esta sensación.

Consideremos, ahora, una persona que, sin ingerir ninguna cantidad de alcohol, sea acometida, súbitamente, de una sensación muy parecida con la descrita arriba y que la frecuencia con que ocurre va, gradualmente, aumentando. Después de algún tiempo, la sensación viene acompañada de pensamientos extraños, que no se consigue entender, pues se tiene la “seguridad” que tal pensamiento no le es propio. Con el paso del tiempo, estos pensamientos se vuelven más fuertemente establecidos en la mente, y la “seguridad” de antes volverse la “duda” de hoy. Varias explicaciones son elaboradas: estrés, cansancio, preocupación…

El estrés es una buena elección: dolencia de moda, nada que unas vitaminas y descanso no resuelva. Sólo que no lo solucionó. Entonces se pasa a la terapia. Las sensaciones son, ahora, también acompañadas de ciertas acciones y trayectos, más allá de actos y palabras sin una razón aparente. Ocurren cambios bruscos de humor sin motivo alguno. Deja de ser “estrés” para volverse “depresión”. La terapia no está ayudando mucho. Se hace necesaria alguna actitud más “fuerte”. Se inicia, entonces, el tratamiento con antidepresivos leves. Después de algún tiempo, la persona es también acometida de fuertes dolores de cabeza y luego aparecen convulsiones. Se aumenta, entonces, la dosis de los antidepresivos. Por fin, considerado loco por aquellos que lo rodean, el individuo es relegado a los cuidados de una enfermera o clínica especializada.

Según El Libro de los Médiums, “médium” sería la “persona que puede servir de intermediaria entre los Espíritus y los hombres”. Con todo, en menor o mayor escala, todos son médiums. Está claro que, en algunos, la mediúmnidad se presenta de forma ostensiva, en cuanto que, en otros, ocurre de forma sutil, imperceptible. Por tanto, todos están sujetos al asedio de espíritus desencarnados, pero, para el médium no educado, es como si mantuviese la puerta permanentemente abierta, sin vigilancia, pudiendo entrar cualquiera. La obsesión, que es la acción persistente de un espíritu sobre otro, comienza de forma imperceptible, y va aumentando gradualmente, tejiendo una tela en la que el individuo se enlaza.

La literatura Espírita está repleta de libros tratando de obsesiones y desobsesiones, auxiliando a espíritus que se encuentran sumergidos a esta molestia aun tan común en estos días y que se presenta en las más variadas intensidades. Llegará el día en que todos los profesionales de la salud considerarán la obsesión como una de las causas de la locura y, aplicándose el tratamiento adecuado, el cuadro podrá revertirse, liberando no sólo al enfermo encarnado, sino también al enfermo desencarnado.

Claudio C. Conti
Mensaje traducido por Isabel Porras

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