Desligamiento

La desencarnación, la manera como el Espíritu, con su revestimiento periespiritual, deja el cuerpo, es inaccesible a la Ciencia de la Tierra, en su estadio actual de desarrollo, ya que ocurre en la dimensión espiritual, que ningún instrumento científico, por más sofisticado que sea, ha conseguido ver.

Estamos, por tanto, circunscritos a las informaciones de los Espíritus, que chocan en las dificultades impuestas por nuestras limitaciones (algo como explicar el funcionamiento del sistema endocrino a un niño), y por la ausencia de similitud (elementos de comparación entre los fenómenos biológicos y los espirituales). Sin entrar, por tanto, en detalles técnicos, se podría decir que el desencarne comienza por las extremidades y va completándose en la medida en que son desligados los cordones fluídicos que prenden al Espíritu al cuerpo.

Se sabe que el moribundo presenta manos y pies fríos, un fenómeno circulatorio, ya que el corazón debilitado no consigue bombear adecuadamente la sangre. Pero es también un fenómeno de desligamiento. En la medida en que este se desarrolla, las áreas correspondientes dejan de recibir la energía vital que emana del Espíritu y sustenta la organización física. En la extensión de ese proceso, cuando es desligado el cordón fluídico que prende al Espíritu al cuerpo, a la altura del corazón, este pierde la sustentación periespiritual y deja de funcionar. Cesa, entonces, la circulación sanguínea y la muerte se consuma en pocos minutos.

La Medicina dispone hoy de amplios recursos para reanimar al paciente cuando el corazón entra en colapso.

El masaje cardíaco, el choque eléctrico, la ampliación intracardiaca de adrenalina han salvado a millares de vidas, cuando aplicados inmediatamente, antes que se degeneren las células cerebrales por falta de oxigenación. Tales socorros son eficientes cuando se trata de un mero problema funcional, como el infarto, un estrangulamiento de la irrigación sanguínea en determinada área del corazón, en virtud de trombo o de estrechamiento de la arteria.

El infarto puede implicar en desencarne, pero no siempre significa que llegó la hora de la Muerte, tanto que son frecuentes los casos en que la asistencia médica recupera el paciente. Si, entretanto, la parada cardíaca fue determinada por el desligamiento del cordón fluídico, ningún médico, por más hábil, ningún recurso de la Medicina, por más eficiente que sea, podrá hacer el prodigio de reanimarlo. El proceso se vuelve irreversible.

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

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