El cuerpo Espiritual

– ¡Desencarnar!… ¡Parece cosa de carnicero! –comentaba, jocoso, un amigo, católico convencido.

Y yo, en el mismo tono: El hombre desencarna, sale de la carne. Es más, eres tan delgado que probablemente vayas a desen-huesar, salir de los huesos. 

Curiosa la resistencia a la expresión desencarnar.Comprensible que el materialista no lo acepte. Al final, para él todo termina en la tumba…Lo mismo no debería ocurrir con las personas que aceptan la sobrevivencia, adeptos de cualquier religión.

Si concebimos que la individualidad sobrevive a la muerte física, ella se impone para definir el proceso que libera al Espíritu dela carne.

Necesario para una comprensión mejor del asunto considerar la existencia del cuerpo espiritual o periespíritu, conforme explican las preguntas 150 y 150-a, de “El libro de los Espíritus”:

150 – ¿Conserva el alma su individualidad después de la muerte?

– Sí, jamás la pierde. ¿Qué sería si no la conservara?

150 a – ¿Cómo comprueba el alma su individualidad, puesto que ya no tiene cuerpo material?

– Posee todavía un fluido que le es propio, que toma de la atmósfera de su planeta y que tiene la apariencia de su última encarnación:su periespíritu.

Bastantes esclarecedoras son, también, las preguntas 135 y 135-a:

¿Hay en el hombre otra cosa fuera del alma y el cuerpo?

– Existe el vínculo o lazo que une el alma con el cuerpo.

¿Cuál es la naturaleza de ese vínculo?

– Semimaterial, esto es, intermedia entre la naturaleza del Espíritu y el cuerpo. Y ello es necesario para que ambos puedan comunicarse el uno con el otro. Mediante ese lazo obra el Espíritu sobre la materia, y viceversa.

Comenta Kardec:

Así pues, el hombre está formado por tres partes esenciales, a saber:

Primera: El cuerpo, o ser material, análogo al de los animales y animado por el mismo principio vital.

Segunda: El alma, Espíritu encarnado cuya habitación es el cuerpo.

Tercera: El principio intermediario, o periespíritu,sustancia semimaterial que sirve de primera envoltura al Espíritu y une el alma con el cuerpo. Tales son, en un fruto, el germen, el periespermo y la corteza.

Desde los tiempos más lejanos los estudiosos admiten la existencia de un cuerpo extra-carnal, vehículo de manifestación del Espíritu en el plano en que actúa (en el plano físico, uniéndolo a la carne; en el plano espiritual, compatibilizándolo con las características y los seres de la región donde se sitúe).

El apóstol Pablo se reporta al periespíritu cuando dice en la II Epístola a los Corintios (12:2 al 4):

“Conozco un hombre en el Cristo, que hace catorce años(si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre, (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que el hombre no puede decir.”

Mientras la máquina física dormía, atendiendo a los imperativos del descanso, Pablo, en cuerpo espiritual, se desplazaba a las Esferas Superiores, conducido por mentores amigos, a fin de recibir preciosas orientaciones. 

Intentando, tal vez, definir la naturaleza de su experiencia, él comenta, en la Epístola a los Corintios (15:40): “Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres”.

Semejantes desplazamientos no son un privilegio de los santos. Todas las criaturas humanas lo hacen, diariamente, durante el sueño,con registros fugaces y fragmentarios en la forma de sueños. Considérese,entretanto, que la naturaleza de esas excursiones es determinada por las actividades en la vigilia. Por eso, el hombre común, preso a intereses inmediatistas, configurando placeres, vicios y ambiciones, a parte de una total indiferencia por la autoperfeccionamiento espiritual y la disciplina de las emociones, no tiene la mínima condición para las experiencias sublimes como la de Pablo.

Todos “morimos”, diariamente, durante el sueño. Pero,para transitar con seguridad y lucidez en las regiones más allá del túmulo, en esas horas, aprovechando integralmente las oportunidades de aprendizaje,trabajo y edificación, es preciso cultivar los valores del espíritu durante la vigilia. En caso contrario estaremos en el Plano Espiritual como peces fuera del agua.

Richard Simonetti
¿Quién tiene miedo de la muerte?
Traducido por R Bertolinni

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba